adolfo bioy casares
a propósito de un olorEn la noche del jueves el profesor Roberto Ravenna suspiró varias veces, pero a la una de la madrugada lanzó un quejido. Después de leer el último trabajo h
ad porcosAquel sábado a la mañana, en Montevideo, cuando volví al hotel, a preparar las valijas y pagar la cuenta, tropecé con un compatriota, un viejo tenorio rosar
amor vencido—Cuente —dijo. —No sé muy bien cómo empieza ni dónde estamos. Cuando Virginia pregunta: «¿Recuerdas lo que prometiste?», me falta valor para anunciarle, una
amor y odioMi relación con los hermanos Millán se extiende por buena parte de mi vida. Recién recibido de abogado les gané un pleito. Entiendo que los Millán quedaron
bajo el aguaCuando sané, por fin, de la hepatitis, el médico me recomendó que por unos días me fuera a las sierras, a la costa o al campo, a cualquier parte donde estuv
carta sobre emiliaLa otra tarde, en la editorial, frente al enrejado castillete de la caja, cuando cobré mis últimos trabajos, usted me previno que el día menos pensado la ge
cartas a silvinaBiarritz, jueves 24 de agosto de 1967 Mi querida: Me desespera que tan sensiblemente reacciones a mis comentarios espontáneos sobre lo que voy sintiendo cad
casanova secreto“Casanova llegó a Constantinopla con una carta de Acquaviva para Claudio Alejandro, conde de Bonneval, que se pasó a los turcos. En Buyuk Dere compartí el c
catónDurante años dije que Jorge Davel era un galán de segunda, imitador de John Gilbert, otro galán de segunda. A mi entender, el hecho de que tuviera tantos ad
cavar un fosoRaúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la
clave para un amorI Era serio, apasionado, sin duda un artista, muy joven y transparente. Quiero decir que si uno lo miraba con alguna atención descubría su alma. Esta palmar
confidencias de un loboAl pequeño grupo de compatriotas que viajaba por Tusa, inconfundible por el distintivo, en el ojal, con la sigla y aún más por los ambos marrones, un poco l
culpaEsa noche, en el restaurante de siempre, nos reunimos cuatro amigos: Ricardo (el hermano de mi novia), Luis, Jacinto y yo. Desde nuestra mesa veíamos, a tra
de los dos ladosLa niña se llamaba Carlota; la niñera, Celia; tomadas de la mano, estaban reunidas en una fotografía en el álbum de la estancia El Portón. Celia llevaba sue
de los reyes futurosTal vez convenga empezar esta narración con el recuerdo de una función de circo celebrada en 1918. En ella mis deslumbrados ojos vieron por primera vez —en
de un mundo a otro1 Después de que almorzaran en un restaurante de la calle Guido fue a dormir la siesta con su novia Margarita, en casa de ella. Esa tarde, parecida a tantas
diario de la guerra del cerdoI Lunes, 23 — miércoles, 25 de junio Isidoro Vidal conocido en el barrio como don Isidro, desde el último lunes prácticamente no salía de la pieza ni se dej
dormir al solPRIMERA PARTE por LUCIO BORDENAVE 1 Con ésta van tres veces que le escribo. Por si no me dejan concluir, puse la primera esquelita en un sitio que yo sé. El
el amigo del aguaEl señor Algaroti vivía solo. Pasaba sus días entre pianos en venta (que por lo visto nadie compraba) en un local de la calle Bartolomé Mitre. A la una de l
el atajoAquel mediodía de junio, al cruzar la puerta cancel, Guzmán claramente notó la angustia: una opresión leve y pasajera que de un año a esta parte lo acometía
el brujo de los rielesYo fui bastante amigo de un señor Larrumbe que hacia mil novecientos treinta era jefe de la estación Pardo, del Ferrocarril Sud. Recuerdo que un día yo le p
el calamar opta por su tintaMás ocurrió en este pueblo en los últimos días que en el resto de su historia. Para medir como corresponde mi palabra recuerden ustedes que hablo de uno de
el camino de indiasRealmente yo estaba lejos de presentir que las notas reunidas para mi discurso en elogio del doctor Francisco Abreu y el diario que llevé durante mi último
el caso de los viejitos voladoresUn diputado, que en estos años viajó con frecuencia al extranjero, pidió a la cámara que nombrara una comisión investigadora. El legislador había advertido,
el cuarto sin ventanasDespués de cinco o seis días en Berlín Oeste, me pregunté si Berlín Este no quedaba demasiado cerca, para emprender la vuelta sin verlo. Una discreta indaga
el don supremoSi dentro de algunos años quiero imaginar a Margot, la memoria, fatalmente selectiva, omitirá alguna circunstancia molesta y exaltará los rizos de oro, la p
el dueño de la bibliotecaFui bastante amigo del cura Bésero. Recuerdo que una vez le pregunté si a lo largo de la vida había escuchado en las confesiones alguna curiosa revelación.
el gran serafínBordeó los acantilados para encontrar una playa un poco apartada. La exploración fue breve, pues en aquel paraje ni la soledad ni la lejanía misma estaban l
el hombre artificialCuando nos vemos —lo que no ocurre frecuentemente— el misterioso e inventivo Selifán me da irrefutables pruebas de afecto. «Soy tu mejor amigo» alguna vez m
el hospital del reinoPara asegurar la buena atención en el hospital del reino, Su Majestad ordenó que, dado de alta el paciente, quienes lo hubieran atendido pasaran por los mis
el ídoloHe bebido una taza de café. Siento una engañosa claridad mental y algún malestar físico. Prefiero esto al peligro de hundirme en el sueño, a través de figur
el jardín de los sueñosQuizá por la suavidad de la voz y por los diminutivos que infundían en las palabras un tono de melosa blandura, me dispuse a oír alguna de esas benévolas tr
el lado de la sombraTan acostumbrado estaba a los crujidos de la navegación, que al despertar de la siesta oí el silencio del buque. Me asomé por un ojo de buey. Vi abajo el ag
el navegante vuelve a su patriaCreo que vi Pasaje a la India porque en el título de la película estaba mi país. Al salir del cine, tomé el subterráneo —o Metro, como acá lo llaman— para i
el noúmenoProbablemente fue Carlota la que tuvo la idea. Lo cierto es que todos la aceptaron, aunque sin ganas. Era la hora de la siesta de un día muy caluroso, el 8
el nuevo houdiniEl psiquiatra me preguntó: —¿Usted es el hermano? —El medio hermano —aclaré. —¿Se llevaban bien los dos? —Perfectamente. Yo pasé mi juventud a su cargo. Jac
el otro laberintoPRIMERA PARTE dissimulare velis, te liquet esse meum. Ovidio, Tristia, III, iii, 18. I No sin alguna injusticia, Anthal Horvath pensó: “Es como si detuviera
el perjurio de la nieveLa realidad (como las grandes ciudades) se ha extendido y se ha ramificado en los últimos años. Esto ha influido en el tiempo: el pasado se aleja con inexor
el relojero de faustoUn convenio La música de Los bandidos lo entristecía. No sólo estaba triste, sino enojado, lo que en las circunstancias era un poco ridículo. Odiaba las más
el solarLa Casa del Bosque, abril… CARTA. Señor: Si estas líneas le enturbian, como un mal sueño, instantes de un día cualquiera, perdóneme. Escribo para entender m
el sueño de los héroesI A lo largo de tres días y de tres noches del carnaval de 1927 la vida de Emilio Gauna logró su primera y misteriosa culminación. Que alguien haya previsto
el último pisoLa comida sería a las nueve y media, pero me encarecieron que llegara un rato antes, para que me presentaran a los otros invitados. Llegué apresuradamente,
en memoria de paulinaSiempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de p
encrucijadaPor la ventana llega el rumor del agua, casi inmóvil, y veo, delicadamente desdibujada, la ribera opuesta, verdosa o azul en la tarde, con las primeras luce
encuentro en rauchEl jueves, a las ocho en punto de la mañana, debía presentarme en la estancia de don Juan Pees, en la zona de Pardo, para dejar concluida una venta de hacie
esclavo del amorUsted lo sabe muy bien: a lo largo de toda la vida tuve una marcada predilección por Aurora Hertog. No me importa que algunos digan que ella me dominó siemp
estados de ánimoPrimero. Alborozo, un tanto pueril, de los cuatro amigos, en la casa donde se alquilan disfraces. Talvis elige el de Pierrot; Anita, el de Colombina; el ren
historia desaforadaMientras me preparan el té (ojalá que venga bien caliente) voy a probar este grabador; sería lamentable que por negligencia mía o por inconveniente mecánico
historia prodigiosaI Lo que me mueve a escribir no es el agrado de hablar de estas cosas ni el instinto profesional, que ávidamente debería registrar y aprovechar acontecimien
historia romanaA las diez y media, todas las mañanas, yo bajaba del hotel Gassion; mis vecinas venían del hotel de France. En el boulevard des Pyrénées, en distintos banco
homenaje a francisco almeyraI Una muchacha alada, con una estatuita de la Victoria en la mano, o con un ramillete de flores, o con una flor de loto, o con una granada entreabierta y ca
irseI —Al mundo lo hacemos entre todos —dijo un señor Fredes—. Por eso cada cual debe poner el hombro. D’Avancens preguntó: —¿Quién es mejor: una persona que po
la cara de una mujerSoy un experto en cafés. Todo pretexto es bueno para que yo aclare, a quien quiera oírme, en qué ciudades hay cafés y en qué ciudades, para disgusto de gent
la colisiónComo todos, Villanueva sólo hablaba de la colisión, pero a los pocos días, por increíble que parezca, la olvidó, o pocos menos. Diríase que ese pavoroso fen
la estadíaCuando estuve en el Béarn, mis parientes me dieron infinitas pruebas de generosa hospitalidad. El jueves último llegó de Francia, para pasar unos días en el
la estima de los otrosComo estoy algo enfermo, paso el día sentado en el living de casa. A ratos me duermo y quizá por ello de noche no tengo sueño. Harto de revolverme, angustia
la francesaMe dice que está aburrida de la gente. Las conversaciones se repiten. Siempre los hombres empiezan interrogándola en español: «¿Usted es francesa?» y contin
la invención de morelPRÓLOGO Stevenson, hacia 1882, anotó que los lectores británicos desdeñaban un poco las peripecias y opinaban que era muy hábil redactar una novela sin argu
la obraComo si no bastaran las promesas del más allá, queremos perdurar en nuestra tierra, tan vilipendiada y tan querida. Casi todo el mundo comparte el afán por
la pasajera de primera claseEn aquella ciudad tropical, modesto emporio al que llegaban ocasionales compradores enviados por compañías tabacaleras, la vida se deslizaba monótonamente.
la rata o una llave para la conducta1. Lunes —Si fuera por mí no saldría nunca de esta casa —dijo el profesor. Se llamaba Melville y algunos lo conocían por el capitán, no porque fuera capitán
la república de los monosCuando me enteré de que había llegado a Buenos Aires el doctor Johausen, reputado constitucionalista de Tres Arroyos, fui a visitarlo. Me encontré con un vi
la salvaciónEsta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extr
la sierva ajenaEn alguna parte leí que un apretado tejido de infortunios labra la historia de los hombres, desde la primera aurora, pero a mí me agrada suponer que hubo pe
la sociedad de gabónHacia mediados del XVII, la sociedad de Gabón llegó a un refinamiento extremo. Tan refinados eran que nadie se avenía a estudiar medicina ni a trabajar de e
la tarde de un faunoYo había dicho que las diferencias de temperamento que descubre cada cual entre hombres y mujeres, en definitiva, son las que descubre cada cual en el trato
la trama celesteCuando el capitán Ireneo Morris y el doctor Carlos Alberto Servian, médico homeópata, desaparecieron, un 20 de diciembre, de Buenos Aires, los diarios apena
las caras de la verdadNo por nada al escribano Bernardo Perrota le pusieron, de mote, Pasuco. A palos de ciego elija usted a cualquiera en el pueblo, pregúntele por el escribano
las vísperas de faustoEsa noche de junio de 1540, en la cámara de la torre, el doctor Fausto recorría los anaqueles de su numerosa biblioteca. Se detenía aquí y allá; tomaba un v
lo bueno, si mucho, es maloSuele merodear, como perro hambriento, por la calle Roberto Ortiz. Cuando lo veo, lo invito a comer o a almorzar gratis, en mi restaurante. No olvido que fu
los afanesEl primero de mis amigos fue Eladio Heller. Lo siguieron Federico Alberdi, para quien el mundo era claro y sin brillo, los hermanos Hesparrén, el Cabrío Rau
los milagros no se recuperanEn Constitución, frente al quiosco de revistas –en aquella época permitían la esperanza de un buen libro para el viaje— encontré a un mozo Greve, que había
maneras de serEl primer episodio revelador ocurrió en el estudio donde trabajo, cuando mi ascenso —un hecho resuelto— se postergaba indefinidamente. Con el tiempo me vi e
margarita o el poder de la farmacopeaNo recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión: —A vos todo te sale bien. El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de onc
máscaras venecianasCuando algunos hablan de somatización como de un mecanismo real e inevitable, con amargura me digo que la vida es más compleja de lo que suponen. No trato d
mi socioDijo que se apellidaba Rattigan, pero ahora no estoy seguro de que se llame así. Lo teníamos por anglo-porteño, sin preguntarnos de dónde provenía, de Ingla
moscas y arañasSe casaron por amor. Raúl Gigena no creía que hubiera en el mundo un lugar tan seguro como la casa paterna, pero Andrea, su mujer, le dijo que para nunca pe
nuestro viaje (diario)Selección, prólogo y epílogo de F. B. Prólogo El gerente de la casa Jackson me había dicho que estaba preparando una colección de diarios de viaje y que si
oswalt henry, viajeroEl viaje había resultado agotador para el hombre (Oswalt Henry) y para la máquina. Por una falla del mecanismo o por un error del astronauta, entraron en un
otro punto de vistaSueño que entro en la sala de un cinematógrafo. En las primeras filas hay espectadores de cabeza muy grande; entiendo que son dioses y que el film que ven e
otro soñadorVolvía de Claromecó en ómnibus. El señor que estaba sentado a mi lado me dijo de pronto: —Como es probable que nunca volvamos a vernos, voy a contarle una h
ovidioPor lo general invento mis relatos, pero si alguien me refiere uno que me parece bueno lo acepto con gratitud. Noches atrás, en el club Buenos Aires, mi ami
para un tesoro de sabiduría popularMe dice la tucumana: “Si te pica una araña, mátala en el acto. Igual distancia recorrerán la araña desde la picadura y el veneno hacia tu corazón”.
paradigmaA lo lejos retumbó un vals criollo cuando llegué a la placita que daba al río. La casa era vieja, de madera, alta, angosta, quizás un poco ladeada, con una
plan de evasión1 27 de enero. 22 de febrero. Todavía no se acabó la primera tarde en estas islas y ya he visto algo tan grave que debo pedirte socorro, directamente, sin n
planes para una fuga al carmeloAl profesor lo irritaba la gente que se levantaba tarde, pero no quería despertar a Valeria, porque a ella le gustaba dormir. «Pone mucha aplicación», pensó
post operatorio-Fueran cuales fueran los resultados -declaró el enfermo, tres días después de la operación- la actual terapéutica me parece muy inferior a la de los brujos
postrimeríasCuando entró en el edificio, buscó las escaleras, para subir. Encontrarlas era difícil. Preguntaba por ellas, y algunos le contestaban: “No hay.” Otros le d
rescateDormía en la cama donde siempre había dormido con su mujer. Seguía ocupando el lado izquierdo del colchón, como si la mujer ocupara el derecho. La verdad es
retratoConozco a una muchacha generosa y valiente, siempre resuelta a sacrificarse, a perderlo todo, aun la vida, y luego a recapacitar, a recuperar parte de lo qu
retrato del héroeAlgunos al héroe lo llaman holgazán. Él se reserva, en efecto, para altas y temerarias empresas. Llegará a las islas felices y cortará las manzanas de oro,
reverdecerSeguía mirando el sepulcro, porque estaba resuelto a no moverse hasta que se alejaran las hermanas de la pobre Emilia y porque en el instante en que se volv
tigresEl tigre cebado se lamenta de no encontrar barbero que le atuse los bigotes.
todas las mujeres son igualesÚltimamente el argentino salió a probar mejor suerte en el extranjero, lo que antes no era imaginable, y formó grupos o colonias por todo el mundo, al extre
todos los hombres son igualesTodavía hoy lamento que mi madre no me diera una hermana. Si yo pudiera convertir en hermana a cualquiera de las mujeres que trato, elegiría a Verónica. Adm
tres fantasías menoresMargarita o El poder de la farmacopea Tus triunfos, pobres triunfos pasajeros (Mano a mano, tango) No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión
tríoI Johanna Tal vez porque me gustan los libros de memorias, quiero escribir uno, pero en cuanto me pongo a recordar, me pregunto ¿a quién voy a divertir con
tripulantesA lo largo de numerosas travesías, los tripulantes del Grampus Dos trabaron amistad. Recordaré los nombres de algunos de ellos: Juan Istilart, Raimundo Góme
un amigo de morfeoMe casé con una divorciada. Recuerdo que durante el noviazgo insistía en preguntarme si yo me dormía a cualquier hora. —A la noche, nomás —yo le contestaba.
un amigo insólitoEn los años de la crisis yo era muy joven, estaba muy pobre y buscaba trabajo. Nunca olvidaré la mañana en la que leí en el diario un aviso por el que se pe
un buen partidoEn La Colorada, un caserío del sur de la Provincia de Buenos Aires, el joven Lorenzo García Gaona, un poco sordo pero pletórico de juventud, salió de la fre
un campeón desparejoI Lo tomaron en Tupungato y Almafuerte. Morales pensó que serían médicos del Hospital Penna; o tal vez un médico y un practicante. Se dijo: «Penna. Qué nomb
un departamento como otrosAl día siguiente de que lo contratara la Aseguradora Internacional, Martelli debió informar sobre el departamento del piso 19 en una casa de la Avenida Mont
un león en el bosque de palermoValga de prólogo el doctor Standle-Zanichelli. Todo empezó, pues, en el Club Atlético, el miércoles, al fin de la tarde, minutos antes de que huyera del Jar
un sueño en cinco etapasAvellaneda, 1º de enero. Emprendo la redacción de este diario, para dejar constancia del período excepcional que estoy a punto de vivir. Tras un viaje, sobr
un tigre y su domadorSoy hija de una prestidigitadora y de un acróbata. Nací, y viví siempre, en el circo. Estoy casada con un domador de fieras. Tengo un don probablemente exce
un viaje inesperadoEn la desventura nos queda el consuelo de hablar de tiempos mejores. Con la presente crónica participo en el esfuerzo de grata recordación en que están empe
un viaje o el mago inmortalPara alcanzar la muerte no hay vehículo tan veloz como la costumbre, la dulce costumbre. En cambio, si usted quiere vida y recuerdos, viaje. Eso sí, viaje s
una aventuraCreo que fue Mildred quien descubrió el mejor lugar para tomar el té. Ahora me acuerdo: era de tarde, caminábamos por el vasto y abandonado parque de Marly,
una competenciaComo ustedes lo saben, yo siempre he querido vivir largamente. Por eso, con el pretexto de que trabajo en Última Hora, visité a Eufemio Benach, en ocasión d
una invasión - trascendidos policialesEn el café de Cevallos y Moreno, el subcomisario Julio Bruno conversaba con el subcomisario Horacio Ruzo Camba. Como siempre, se quejaban de que no les lleg
una magia modestaMi hermano Pedro es mujeriego; yo milito en las Brigadas pro Moralidad y Familia. Hay que admitir que Pedro tiene mucha soga: no me guarda rencor por mis co
una muñeca rusaLos males de mi columna me retuvieron en un largo encierro, interrumpido únicamente por visitas a consultorios, a institutos de radiografías y de análisis.
una puerta se abreAlmeyda se había vestido con el traje azul, como si fuera a salir. Frente al espejo anudó, en impecable moño, la corbata de las grandes ocasiones y aún le a
una puerta se entreabreEn mi dormitorio hay un armario de tres puertas. La central, que es la mayor, tiene un enorme espejo. Durante el día mi sobrina me visita, para lavar, planc
vaivén frenéticoEn las narraciones referidas a los hechos de la infancia hay una suerte de complacencia dulce que siempre me disgustó. Imaginen mi perplejidad: ahora contar
yo y mi caraPensé alguna vez que mi cara no era la que yo hubiera elegido. Entonces me pregunté cuál hubiera elegido y descubrí que no me convenía ninguna. La del joven