adolfo bioy casares
a propósito de un olorEn la noche del jueves el profesor Roberto Ravenna suspiró varias veces, pero a la una de la madrugada lanzó un quejido. Después de leer el último trabajo había encontrado, en la maraña de su mesa
ad porcosAquel sábado a la mañana, en Montevideo, cuando volví al hotel, a preparar las valijas y pagar la cuenta, tropecé con un compatriota, un viejo tenorio rosarino, que en su molino harinero había enc
amor vencido—Cuente —dijo. —No sé muy bien cómo empieza ni dónde estamos. Cuando Virginia pregunta: «¿Recuerdas lo que prometiste?», me falta valor para anunciarle, una vez más, que la semana siguiente almorz
amor y odioMi relación con los hermanos Millán se extiende por buena parte de mi vida. Recién recibido de abogado les gané un pleito. Entiendo que los Millán quedaron en una mala situación económica. Años de
bajo el aguaCuando sané, por fin, de la hepatitis, el médico me recomendó que por unos días me fuera a las sierras, a la costa o al campo, a cualquier parte donde estuviera tranquilo y respirase aire puro. To
carta sobre emiliaLa otra tarde, en la editorial, frente al enrejado castillete de la caja, cuando cobré mis últimos trabajos, usted me previno que el día menos pensado la gente se cansaría de Emilia y yo le promet
cartas a silvinaBiarritz, jueves 24 de agosto de 1967 Mi querida: Me desespera que tan sensiblemente reacciones a mis comentarios espontáneos sobre lo que voy sintiendo cada día. Vos me conocés; reflexiono satíri
casanova secreto“Casanova llegó a Constantinopla con una carta de Acquaviva para Claudio Alejandro, conde de Bonneval, que se pasó a los turcos. En Buyuk Dere compartí el cuarto con el veneciano, a quien también
catónDurante años dije que Jorge Davel era un galán de segunda, imitador de John Gilbert, otro galán de segunda. A mi entender, el hecho de que tuviera tantos admiradores probaba la arbitrariedad de la
cavar un fosoRaúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro
clave para un amorI Era serio, apasionado, sin duda un artista, muy joven y transparente. Quiero decir que si uno lo miraba con alguna atención descubría su alma. Esta palmaria simplicidad o pureza no creo que cubr
confidencias de un loboAl pequeño grupo de compatriotas que viajaba por Tusa, inconfundible por el distintivo, en el ojal, con la sigla y aún más por los ambos marrones, un poco livianos para aquella inclemente primaver
cuervo y paloma del doctor sebastián darrésYo no me asombro de nada, porque mi aprendizaje transcurrió en el estudio de Sebastián Darrés. Produjo el foro argentino profesionales de mayor talento, pero ninguno tuvo una envergadura y cliente
culpaEsa noche, en el restaurante de siempre, nos reunimos cuatro amigos: Ricardo (el hermano de mi novia), Luis, Jacinto y yo. Desde nuestra mesa veíamos, a través de un panel de vidrio, el follaje de
de los dos ladosLa niña se llamaba Carlota; la niñera, Celia; tomadas de la mano, estaban reunidas en una fotografía en el álbum de la estancia El Portón. Celia llevaba suelta la cabellera —le caía hasta la mitad
de los reyes futurosTal vez convenga empezar esta narración con el recuerdo de una función de circo celebrada en 1918. En ella mis deslumbrados ojos vieron por primera vez —en trabajos por cierto humildes, pero que e
de un mundo a otro1 Después de que almorzaran en un restaurante de la calle Guido fue a dormir la siesta con su novia Margarita, en casa de ella. Esa tarde, parecida a tantas otras en que Margarita durmió entre sus
diario de la guerra del cerdoI Lunes, 23 — miércoles, 25 de junio Isidoro Vidal conocido en el barrio como don Isidro, desde el último lunes prácticamente no salía de la pieza ni se dejaba ver. Sin duda más de un inquilino y
dormir al solPRIMERA PARTE por LUCIO BORDENAVE 1 Con ésta van tres veces que le escribo. Por si no me dejan concluir, puse la primera esquelita en un sitio que yo sé. El día de mañana, si quiero, puedo recoger
el amigo del aguaEl señor Algaroti vivía solo. Pasaba sus días entre pianos en venta (que por lo visto nadie compraba) en un local de la calle Bartolomé Mitre. A la una de la tarde y a las nueve de la noche, en un
el atajoAquel mediodía de junio, al cruzar la puerta cancel, Guzmán claramente notó la angustia: una opresión leve y pasajera que de un año a esta parte lo acometía cuando estaba por salir de viaje. Una s
el brujo de los rielesYo fui bastante amigo de un señor Larrumbe que hacia mil novecientos treinta era jefe de la estación Pardo, del Ferrocarril Sud. Recuerdo que un día yo le pregunté si le pasaba algo, porque desde
el calamar opta por su tintaMás ocurrió en este pueblo en los últimos días que en el resto de su historia. Para medir como corresponde mi palabra recuerden ustedes que hablo de uno de los pueblos viejos de la provincia, de u
el camino de indiasRealmente yo estaba lejos de presentir que las notas reunidas para mi discurso en elogio del doctor Francisco Abreu y el diario que llevé durante mi último viaje, muy pronto me servirían para reda
el caso de los viejitos voladoresUn diputado, que en estos años viajó con frecuencia al extranjero, pidió a la cámara que nombrara una comisión investigadora. El legislador había advertido, primero sin alegría, por último con ala
el cuarto sin ventanasDespués de cinco o seis días en Berlín Oeste, me pregunté si Berlín Este no quedaba demasiado cerca, para emprender la vuelta sin verlo. Una discreta indagación, a través de conversaciones aparent
el don supremoSi dentro de algunos años quiero imaginar a Margot, la memoria, fatalmente selectiva, omitirá alguna circunstancia molesta y exaltará los rizos de oro, la piel rosada y blanca, los ojos misteriosa
el dueño de la bibliotecaFui bastante amigo del cura Bésero. Recuerdo que una vez le pregunté si a lo largo de la vida había escuchado en las confesiones alguna curiosa revelación. Me dijo que sí, y que me la contaría, po
el gran serafínBordeó los acantilados para encontrar una playa un poco apartada. La exploración fue breve, pues en aquel paraje ni la soledad ni la lejanía misma estaban lejos. Aun en las playas contiguas al peq
el hombre artificialCuando nos vemos —lo que no ocurre frecuentemente— el misterioso e inventivo Selifán me da irrefutables pruebas de afecto. «Soy tu mejor amigo» alguna vez me dijo con no sé qué fundamento «pero ni
el hospital del reinoPara asegurar la buena atención en el hospital del reino, Su Majestad ordenó que, dado de alta el paciente, quienes lo hubieran atendido pasaran por los mismos males; si habían cumplido su labor c
el ídoloHe bebido una taza de café. Siento una engañosa claridad mental y algún malestar físico. Prefiero esto al peligro de hundirme en el sueño, a través de figuras que surgen, unas de otras, como de un
el jardín de los sueñosQuizá por la suavidad de la voz y por los diminutivos que infundían en las palabras un tono de melosa blandura, me dispuse a oír alguna de esas benévolas trivialidades que suele dictar la cortesía
el lado de la sombraTan acostumbrado estaba a los crujidos de la navegación, que al despertar de la siesta oí el silencio del buque. Me asomé por un ojo de buey. Vi abajo el agua tranquila y a lo lejos, pródiga en ve
el navegante vuelve a su patriaCreo que vi Pasaje a la India porque en el título de la película estaba mi país. Al salir del cine, tomé el subterráneo —o Metro, como acá lo llaman— para ir a la embajada, donde todos los días tr
el noúmenoProbablemente fue Carlota la que tuvo la idea. Lo cierto es que todos la aceptaron, aunque sin ganas. Era la hora de la siesta de un día muy caluroso, el 8 o el 9 de enero. En cuanto al año, no ca
el nuevo houdiniEl psiquiatra me preguntó: —¿Usted es el hermano? —El medio hermano —aclaré. —¿Se llevaban bien los dos? —Perfectamente. Yo pasé mi juventud a su cargo. Jacinto era conocido entonces como el nuevo
el otro laberintoPRIMERA PARTE dissimulare velis, te liquet esse meum. Ovidio, Tristia, III, iii, 18. I No sin alguna injusticia, Anthal Horvath pensó: “Es como si detuviera el tiempo, o como si yo no hubiera esta
el perjurio de la nieveLa realidad (como las grandes ciudades) se ha extendido y se ha ramificado en los últimos años. Esto ha influido en el tiempo: el pasado se aleja con inexorable rapidez. De la angosta calle Corrie
el relojero de faustoUn convenio La música de Los bandidos lo entristecía. No sólo estaba triste, sino enojado, lo que en las circunstancias era un poco ridículo. Odiaba las máscaras y odiaba los bailes y ahí lo tenía
el solarLa Casa del Bosque, abril… CARTA. Señor: Si estas líneas le enturbian, como un mal sueño, instantes de un día cualquiera, perdóneme. Escribo para entender mi situación, para aquilatar los peligros
el sueño de los héroesI A lo largo de tres días y de tres noches del carnaval de 1927 la vida de Emilio Gauna logró su primera y misteriosa culminación. Que alguien haya previsto el terrible término acordado y, desde l
el último pisoLa comida sería a las nueve y media, pero me encarecieron que llegara un rato antes, para que me presentaran a los otros invitados. Llegué apresuradamente, sobre la hora, y, ya en el ascensor, apr
en memoria de paulinaSiempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul
encrucijadaPor la ventana llega el rumor del agua, casi inmóvil, y veo, delicadamente desdibujada, la ribera opuesta, verdosa o azul en la tarde, con las primeras luces titilando en el camino que va a Niza y
encuentro en rauchEl jueves, a las ocho en punto de la mañana, debía presentarme en la estancia de don Juan Pees, en la zona de Pardo, para dejar concluida una venta de hacienda, la primera operación importante que
esclavo del amorUsted lo sabe muy bien: a lo largo de toda la vida tuve una marcada predilección por Aurora Hertog. No me importa que algunos digan que ella me dominó siempre. Soy el primero en admitir que aconse
estados de ánimoPrimero. Alborozo, un tanto pueril, de los cuatro amigos, en la casa donde se alquilan disfraces. Talvis elige el de Pierrot; Anita, el de Colombina; el rengo Condulmer, el de Arlequín. Los tres a
explicaciones de un secretario particularDesde 1940 hasta el infausto día de su muerte mantuve con Evaristo Cárdenas —quien me legó su modesta casa y la totalidad de sus inventos— un trato diario por demás amistoso. Cárdenas, hombre indu
historia desaforadaMientras me preparan el té (ojalá que venga bien caliente) voy a probar este grabador; sería lamentable que por negligencia mía o por inconveniente mecánico se perdieran las declaraciones del prof
historia prodigiosaI Lo que me mueve a escribir no es el agrado de hablar de estas cosas ni el instinto profesional, que ávidamente debería registrar y aprovechar acontecimientos como los que después ocurrieron, no
historia romanaA las diez y media, todas las mañanas, yo bajaba del hotel Gassion; mis vecinas venían del hotel de France. En el boulevard des Pyrénées, en distintos bancos, frente a las mismas montañas, uno ley
homenaje a francisco almeyraI Una muchacha alada, con una estatuita de la Victoria en la mano, o con un ramillete de flores, o con una flor de loto, o con una granada entreabierta y casi madura; un ancla, el arco iris, el co
irseI —Al mundo lo hacemos entre todos —dijo un señor Fredes—. Por eso cada cual debe poner el hombro. D’Avancens preguntó: —¿Quién es mejor: una persona que por descreimiento se abstiene de interveni
la aventura de un fotógrafo en la plataI Alrededor de las cinco, después de un viaje en ómnibus, tan largo como la noche, Nicolasito Almanza llegó a La Plata. Se había internado una cuadra en la ciudad, desconocida para él, cuando lo s
la cara de una mujerSoy un experto en cafés. Todo pretexto es bueno para que yo aclare, a quien quiera oírme, en qué ciudades hay cafés y en qué ciudades, para disgusto de gente como yo, no los hay. De modo que no es
la colisiónComo todos, Villanueva sólo hablaba de la colisión, pero a los pocos días, por increíble que parezca, la olvidó, o pocos menos. Diríase que ese pavoroso fenómeno ya participaba del orden de las co
la estadíaCuando estuve en el Béarn, mis parientes me dieron infinitas pruebas de generosa hospitalidad. El jueves último llegó de Francia, para pasar unos días en el país, mi primo Juan Pedro. Le propuse q
la estima de los otrosComo estoy algo enfermo, paso el día sentado en el living de casa. A ratos me duermo y quizá por ello de noche no tengo sueño. Harto de revolverme, angustiado, en la cama, voy al living, que es el
la francesaMe dice que está aburrida de la gente. Las conversaciones se repiten. Siempre los hombres empiezan interrogándola en español: «¿Usted es francesa?» y continúan con la afirmación en francés: « J’ai
la invención de morelPRÓLOGO Stevenson, hacia 1882, anotó que los lectores británicos desdeñaban un poco las peripecias y opinaban que era muy hábil redactar una novela sin argumento, o de argumento infinitesimal, atr
la obraComo si no bastaran las promesas del más allá, queremos perdurar en nuestra tierra, tan vilipendiada y tan querida. Casi todo el mundo comparte el afán por sobrevivir en obras, en hijos, de cualqu
la pasajera de primera claseEn aquella ciudad tropical, modesto emporio al que llegaban ocasionales compradores enviados por compañías tabacaleras, la vida se deslizaba monótonamente. Cuando algún barco fondeaba en el puerto
la rata o una llave para la conducta1. Lunes —Si fuera por mí no saldría nunca de esta casa —dijo el profesor. Se llamaba Melville y algunos lo conocían por el capitán, no porque fuera capitán, sino porque solía renguear por la gale
la república de los monosCuando me enteré de que había llegado a Buenos Aires el doctor Johausen, reputado constitucionalista de Tres Arroyos, fui a visitarlo. Me encontré con un viejo flaco, muy tembloroso, tostado por e
la salvaciónEsta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la al
la sierva ajenaEn alguna parte leí que un apretado tejido de infortunios labra la historia de los hombres, desde la primera aurora, pero a mí me agrada suponer que hubo períodos tranquilos y que por un inapelabl
la sociedad de gabónHacia mediados del XVII, la sociedad de Gabón llegó a un refinamiento extremo. Tan refinados eran que nadie se avenía a estudiar medicina ni a trabajar de enfermero. Se decidió entonces enseñar es
la tarde de un faunoYo había dicho que las diferencias de temperamento que descubre cada cual entre hombres y mujeres, en definitiva, son las que descubre cada cual en el trato con su mujer y, en definitiva, son las
la trama celesteCuando el capitán Ireneo Morris y el doctor Carlos Alberto Servian, médico homeópata, desaparecieron, un 20 de diciembre, de Buenos Aires, los diarios apenas comentaron el hecho. Se dijo que había
las caras de la verdadNo por nada al escribano Bernardo Perrota le pusieron, de mote, Pasuco. A palos de ciego elija usted a cualquiera en el pueblo, pregúntele por el escribano y le apuesto que oirá la frasecita: «No
las vísperas de faustoEsa noche de junio de 1540, en la cámara de la torre, el doctor Fausto recorría los anaqueles de su numerosa biblioteca. Se detenía aquí y allá; tomaba un volumen, lo hojeaba nerviosamente, volvía
lo bueno, si mucho, es maloSuele merodear, como perro hambriento, por la calle Roberto Ortiz. Cuando lo veo, lo invito a comer o a almorzar gratis, en mi restaurante. No olvido que fue el dueño del restaurante donde mejor s
los afanesEl primero de mis amigos fue Eladio Heller. Lo siguieron Federico Alberdi, para quien el mundo era claro y sin brillo, los hermanos Hesparrén, el Cabrío Rauch, que descubría los defectos de cada c
los milagros no se recuperanEn Constitución, frente al quiosco de revistas –en aquella época permitían la esperanza de un buen libro para el viaje— encontré a un mozo Greve, que había sido condiscípulo mío en el Instituto Li
maneras de serEl primer episodio revelador ocurrió en el estudio donde trabajo, cuando mi ascenso —un hecho resuelto— se postergaba indefinidamente. Con el tiempo me vi envuelto en infinidad de situaciones desa
margarita o el poder de la farmacopeaNo recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión: —A vos todo te sale bien. El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Por
máscaras venecianasCuando algunos hablan de somatización como de un mecanismo real e inevitable, con amargura me digo que la vida es más compleja de lo que suponen. No trato de convencerlos, pero tampoco olvido mi e
mi socioDijo que se apellidaba Rattigan, pero ahora no estoy seguro de que se llame así. Lo teníamos por anglo-porteño, sin preguntarnos de dónde provenía, de Inglaterra o de Irlanda. Con una sonrisa comp
moscas y arañasSe casaron por amor. Raúl Gigena no creía que hubiera en el mundo un lugar tan seguro como la casa paterna, pero Andrea, su mujer, le dijo que para nunca perder ese amor deberían vivir solos. Como
nuestro viaje (diario)Selección, prólogo y epílogo de F. B. Prólogo El gerente de la casa Jackson me había dicho que estaba preparando una colección de diarios de viaje y que si yo tenía alguno se lo mandara. Cuando re
oswalt henry, viajeroEl viaje había resultado agotador para el hombre (Oswalt Henry) y para la máquina. Por una falla del mecanismo o por un error del astronauta, entraron en una órbita indebida, de la que ya no podrí
otro punto de vistaSueño que entro en la sala de un cinematógrafo. En las primeras filas hay espectadores de cabeza muy grande; entiendo que son dioses y que el film que ven es la vida. Sentado en el fondo de la sal
otro soñadorVolvía de Claromecó en ómnibus. El señor que estaba sentado a mi lado me dijo de pronto: —Como es probable que nunca volvamos a vernos, voy a contarle una historia que me afecta íntimamente. Le co
ovidioPor lo general invento mis relatos, pero si alguien me refiere uno que me parece bueno lo acepto con gratitud. Noches atrás, en el club Buenos Aires, mi amigo Arregui me contó —y me regaló, según
para un tesoro de sabiduría popularMe dice la tucumana: “Si te pica una araña, mátala en el acto. Igual distancia recorrerán la araña desde la picadura y el veneno hacia tu corazón”.
paradigmaA lo lejos retumbó un vals criollo cuando llegué a la placita que daba al río. La casa era vieja, de madera, alta, angosta, quizás un poco ladeada, con una cúpula cónica, puntiaguda, más ladeada a
plan de evasión1 27 de enero. 22 de febrero. Todavía no se acabó la primera tarde en estas islas y ya he visto algo tan grave que debo pedirte socorro, directamente, sin ninguna delicadeza. Intentaré explicarme
planes para una fuga al carmeloAl profesor lo irritaba la gente que se levantaba tarde, pero no quería despertar a Valeria, porque a ella le gustaba dormir. «Pone mucha aplicación», pensó, mientras contemplaba el delicado perfi
post operatorio-Fueran cuales fueran los resultados -declaró el enfermo, tres días después de la operación- la actual terapéutica me parece muy inferior a la de los brujos, que sanaban con encantamientos y con b
postrimeríasCuando entró en el edificio, buscó las escaleras, para subir. Encontrarlas era difícil. Preguntaba por ellas, y algunos le contestaban: “No hay.” Otros le daban la espalda. Acababa siempre por enc
rescateDormía en la cama donde siempre había dormido con su mujer. Seguía ocupando el lado izquierdo del colchón, como si la mujer ocupara el derecho. La verdad es que, a pesar de estar muerta, de alguna
retratoConozco a una muchacha generosa y valiente, siempre resuelta a sacrificarse, a perderlo todo, aun la vida, y luego a recapacitar, a recuperar parte de lo que dio con amplitud, a exaltar su ejemplo
retrato del héroeAlgunos al héroe lo llaman holgazán. Él se reserva, en efecto, para altas y temerarias empresas. Llegará a las islas felices y cortará las manzanas de oro, encontrará el Santo Grial y del brazo qu
reverdecerSeguía mirando el sepulcro, porque estaba resuelto a no moverse hasta que se alejaran las hermanas de la pobre Emilia y porque en el instante en que se volviera, para salir del cementerio, entrarí
tigresEl tigre cebado se lamenta de no encontrar barbero que le atuse los bigotes.
todas las mujeres son igualesÚltimamente el argentino salió a probar mejor suerte en el extranjero, lo que antes no era imaginable, y formó grupos o colonias por todo el mundo, al extremo de que si usted, en sus largos viajes
todos los hombres son igualesTodavía hoy lamento que mi madre no me diera una hermana. Si yo pudiera convertir en hermana a cualquiera de las mujeres que trato, elegiría a Verónica. Admiro en ella la aptitud para tomar decisi
tres fantasías menoresMargarita o El poder de la farmacopea Tus triunfos, pobres triunfos pasajeros (Mano a mano, tango) No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión: —A vos todo te sale bien. El muchacho
tríoI Johanna Tal vez porque me gustan los libros de memorias, quiero escribir uno, pero en cuanto me pongo a recordar, me pregunto ¿a quién voy a divertir con esto? No fui a una guerra, no me dediqué
tripulantesA lo largo de numerosas travesías, los tripulantes del Grampus Dos trabaron amistad. Recordaré los nombres de algunos de ellos: Juan Istilart, Raimundo Gómez, Parker, Nicolás Barbolani, Arturo Ley
un amigo de morfeoMe casé con una divorciada. Recuerdo que durante el noviazgo insistía en preguntarme si yo me dormía a cualquier hora. —A la noche, nomás —yo le contestaba. —Durante el día ¿nunca? —Nunca, no. Si
un amigo insólitoEn los años de la crisis yo era muy joven, estaba muy pobre y buscaba trabajo. Nunca olvidaré la mañana en la que leí en el diario un aviso por el que se pedía un casero para un edificio desocupad
un buen partidoEn La Colorada, un caserío del sur de la Provincia de Buenos Aires, el joven Lorenzo García Gaona, un poco sordo pero pletórico de juventud, salió de la fresca penumbra del cuarto donde había dorm
un campeón desparejoI Lo tomaron en Tupungato y Almafuerte. Morales pensó que serían médicos del Hospital Penna; o tal vez un médico y un practicante. Se dijo: «Penna. Qué nombre para un hospital». Expli-caría despué
un departamento como otrosAl día siguiente de que lo contratara la Aseguradora Internacional, Martelli debió informar sobre el departamento del piso 19 en una casa de la Avenida Montes de Oca. Se trataba de un enorme depar
un león en el bosque de palermoValga de prólogo el doctor Standle-Zanichelli. Todo empezó, pues, en el Club Atlético, el miércoles, al fin de la tarde, minutos antes de que huyera del Jardín Zoológico el león. El cuidador del v
un sueño en cinco etapasAvellaneda, 1º de enero. Emprendo la redacción de este diario, para dejar constancia del período excepcional que estoy a punto de vivir. Tras un viaje, sobre el que no me hago ilusiones, recibiré
un tigre y su domadorSoy hija de una prestidigitadora y de un acróbata. Nací, y viví siempre, en el circo. Estoy casada con un domador de fieras. Tengo un don probablemente excepcional. Basta que alguien se acerque a
un viaje inesperadoEn la desventura nos queda el consuelo de hablar de tiempos mejores. Con la presente crónica participo en el esfuerzo de grata recordación en que están empeñadas plumas de mayor vuelo que la mía.
un viaje o el mago inmortalPara alcanzar la muerte no hay vehículo tan veloz como la costumbre, la dulce costumbre. En cambio, si usted quiere vida y recuerdos, viaje. Eso sí, viaje solo. Demasiado confiado juzgo a quien sa
una aventuraCreo que fue Mildred quien descubrió el mejor lugar para tomar el té. Ahora me acuerdo: era de tarde, caminábamos por el vasto y abandonado parque de Marly, me cansé inopinadamente, sentí que la s
una competenciaComo ustedes lo saben, yo siempre he querido vivir largamente. Por eso, con el pretexto de que trabajo en Última Hora, visité a Eufemio Benach, en ocasión de su cumpleaños número ciento cuatro. El
una invasión - trascendidos policialesEn el café de Cevallos y Moreno, el subcomisario Julio Bruno conversaba con el subcomisario Horacio Ruzo Camba. Como siempre, se quejaban de que no les llegara el ascenso. —Hay algo indudable —dij
una magia modestaMi hermano Pedro es mujeriego; yo milito en las Brigadas pro Moralidad y Familia. Hay que admitir que Pedro tiene mucha soga: no me guarda rencor por mis continuos reproches; confieso también que,
una muñeca rusaLos males de mi columna me retuvieron en un largo encierro, interrumpido únicamente por visitas a consultorios, a institutos de radiografías y de análisis. Al cabo de un año recurrí a las termas,
una puerta se abreAlmeyda se había vestido con el traje azul, como si fuera a salir. Frente al espejo anudó, en impecable moño, la corbata de las grandes ocasiones y aún le agregó el lujo de un alfiler, en herradur
una puerta se entreabreEn mi dormitorio hay un armario de tres puertas. La central, que es la mayor, tiene un enorme espejo. Durante el día mi sobrina me visita, para lavar, planchar y cocinar. Cuando salgo voy a los hi
vaivén frenéticoEn las narraciones referidas a los hechos de la infancia hay una suerte de complacencia dulce que siempre me disgustó. Imaginen mi perplejidad: ahora contaré una de esas historias. He aquí mis raz
yo y mi caraPensé alguna vez que mi cara no era la que yo hubiera elegido. Entonces me pregunté cuál hubiera elegido y descubrí que no me convenía ninguna. La del joven del guante, de Tiziano, admirable en el