País Relato - Autores

adelfa martín

el adiós de larguirucho
Larguirucho estaba consciente de la soledad en que se desarrollaba su vida. Todos los días iguales. Desde rincones inverosímiles veía el quehacer de los dem
el árbol mágico
En una grande y solariega casa, situada a kilómetros de cualquier lugar, vivía Natalia, una niña solitaria –pues no tenía hermanos – y cuyos padres la había
el cura que costó un papado
Cap. I Era uno de estos pueblos pequeños que podemos encontrar repetidos en casi todos los países de Latinoamérica, donde una familia de 10 hijos no signifi
el larguirucho
El larguirucho era él. Tenía que ser, pues aparecía inevitablemente en todas sus pinturas. A primera vista podría parecer que lo animaba la soberbia, la com
el rey inmortal
¡Larga vida al rey!, ¡larga vida al rey!, ni una palabra más, ni una palabra menos, le decían todos sus súbditos cuando pasaban por su lado, lo saludaban, o
el sastre y el zapatero
Ya no soy el que fui. Recuerdo que siempre te burlabas, llamándome héroe o Don Quijote, según fuera la pedrada. Pero esos tiempos ya pasaron. Ahora me preoc
el unicornio de nieve
La vida en el ártico de nuestro hermoso planeta siempre ha sido difícil para animales y personas. El frío perenne, incluso en la época del deshielo, que es
la ballena azul
Quien será el chico se dijo para sí la niña que leía sentada en la media luna que balanceaba su ballena azul. Para mí que es ¡El Principito! Lo parece por d
la diosa casquivana
Esta historia tuvo lugar hace muchos, muchos siglos... y más, cuando los niños no tenían Internet para chatear con sus amigos, ni había tele, o juegos de vi
la mamá de juliancito
Ya pasado un largo tiempo en que Juliancito fue recogido de la calle junto a sus dos amigos por el Licenciado Julián Sandoval, quien si era su padre, podemo
la mariquita
¡Qué privilegio vivir en paisajes tan hermosos como los que disfruto cada día! Siempre rodeada de belleza; un precioso lago de aguas tan cristalinas que no
la navidad de juliancito
El frío era el pan nuestro de cada día para Julián. Por las mañanas, apenas con los primeros rayos del sol, salía de su escondite nocturno donde se la había
la niña pelirroja
Perdí la noción del tiempo y de las cosas. Sencillamente no sabía dónde me encontraba. Hubo momentos en que no era capaz de recordar desde cuando estaba met
la otra caperucita roja
El cansancio la rindió. Había sido un día muy atareado y ahora que tenía un poquito de tiempo, que parecía que aquél que la había molestado todo el día tamb
la rebelión de los paraguas
De esto hace mucho, mucho tiempo, pero no he perdido la esperanza de volver a presenciar el espectáculo, por lo que espero con ansia cada año la misma fecha
la tierra del halcón dorado
El cansancio no era poco y sabía que el sueño le vencería en medio de la nada. Llevaba sabrá Dios cuantos días caminando, sin apenas haber probado otro boca
la tierra del hombre
La tierra del hombre nació del infinito amor de cuatro pequeños soles antiguos y solitarios, que en su afán de hacer el bien, decidieron juntar sus sapienci
los elegidos
No sé a qué se debe el que nos sucedan estas cosas, ni por qué hemos tenido estos arrebatos exagerados de pasión, viviendo una situación tan particular y si
los incrédulos
Once hombres, que orgullosamente se llamaban a sí mismos los incrédulos, decidieron salir a navegar juntos, una oscura noche en un frágil y viejo velero. To
saltarín y saltarina
Un buen día, y sin decir agua va, dos delfincitos: Saltarín y Saltarina - ¡vaya nombrecitos! –decidieron que, a partir de ese momento, serían independientes
sihuca
El trayecto era largo, sin embargo el gusto de Sihuca por su escuela superaba cualquier inconveniente de los que tenía que sortear a diario para llegar a el
un amor incondicional
Todo empezó hace algunos años - para ser exactos, quince -, cuando un maravilloso ángel de ojos vivaces e inquietos llegó a este mundo. Ya la abuela sabía q
una navidad inesperada
Tal vez es cierto que no existe la casualidad, sino que es causalidad. Que lo que llamamos coincidencia, no es más que lo que tenía que suceder. La verdad e
uno de esos entrañables recuerdos: ¡a mí sí!
De la casa de Las Ledas al Brezal, se podía bajar por un caminito que Adelfa saltaba como cabra montés, sin el menor miedo ni a lo estrecho ni a lo peligros