Quien será el chico se dijo para sí la niña que leía sentada en la media luna que balanceaba su ballena azul. Para mí que es ¡El Principito! Lo parece por dicharachero y juguetón, sencillo y amable y además, pareciera que quiere jugar…
El niño sacó sabrá dios de donde una bengala que encendió mientras la hacía girar en sus manos, riendo con fuerza y alegría (¿o era más bien un trozo de la nube blanca que parecía de algodón?).
--Mírala le decía a la niña, mira como echa chispas, como lo ilumina todo…y tu ¿qué haces aquí en medio del océano…y quien es tu amiga?
La niña dejó por un momento su lectura y le prestó atención.
--También estoy sorprendida de tu llegada. ¿Cómo lograste acertar y aterrizar justo en esa punta de mi media luna?
-¡Porque estamos soñando!, le respondió el niño de inmediato, solo de esa forma esto puede estar sucediendo…
--¿Estás seguro?, ¡qué va!, yo llevo aquí mucho tiempo, hemos recorrido los siete mares varias veces. Si fuera un sueño, desde cuando me hubiese despertado…
La ballena solo sonreía y los miraba. Cuanta inocencia decía para sus adentros. Que poco saben del sufrir de los grandes, y de los males del mundo cuanto ignoran. ¡Pero así debe ser!, porque la inocencia y la felicidad tienen cara de niño. Esos primeros frutos que dan cuando florecen, les pertenecen por completo y pobre de aquél que ose cambiar ese designio. Para eso estaba ella además, para proteger esa fragilidad a toda costa. Ahora mismo, en este mismo momento y aunque
las criaturas lo ignoraran, ella los transportaba dulcemente hacia el país en el que son reyes y señores; donde los pequeños del mundo que han abandonado este por la crueldad, desaprensión, y falta de humanidad de los adultos, son llevados como en un sueño. Un mágico lugar sin sufrimiento ni dolor, donde el hambre, los malos tratos o el abandono, son temas completamente desconocidos.
Ella se encargará de que lleguen al sitio que les corresponde por derecho: ¡al país de los niños felices!