Ya pasado un largo tiempo en que Juliancito fue recogido de la calle junto a sus dos amigos por el Licenciado Julián Sandoval, quien si era su padre, podemos hacer un recuento de los porqués de tantas vicisitudes que este niño tuvo que vivir una vez que su madre lo dejó en una esquina, con apenas 9 años, a cumplir en 3 días.
¡Resullltaaaaa!, que fue el caso de la típica chica pobre que se enamoró del joven rico y un poquito mayor que ella, pues mientras el ya estaba en la universidad, Lupita apenas estaba cursando primero de preparatoria. Cuando su padre, un viejo retrógrada y machista supo que su hija esperaba un bebé, la puso de patitas en la calle, y como sucede a veces con ciertas madres sumisas y temerosas, la de ella no supo, no quiso, o no pudo apoyarla, permitiendo que la chiquilla fuera lanzada de su casa sin un centavo, con apenas algunas cosas metidas en un viejo bolso.
Por azares del destino, se encontró con una mujer que la llevó a una de esas instituciones que reciben a madres adolescentes en situación de abandono. Allí estuvo, bien tratada, hasta que su niño nació. Una vez pasado el tiempo reglamentario, la ayudaron a buscar trabajo, empleándose como ayudante en unos almacenes, mientras vivía en la casa de una señora que le rentaba un cuartito y le cuidaba el chamaco para que ella pudiera salir todos los días a cumplir con sus obligaciones. Apenas si le alcanzaba para mantenerse, pero como una vez había intentado comunicarse con Julián, y su familia le dijo de malos modos que se había ido a estudiar al exterior, Lupita jamás volvió a insistir, ni él tenía forma de localizarla. Sacando fuerzas de flaqueza se decía que si la dignidad no ayudaba a llenar la panza, si le permitía dormir tranquila. Como la gran mayoría de las madres, se sentía con el valor suficiente para seguir adelante... sola.
Tristemente, murió la señora que tanto la había ayudado esos años, y el hijo que heredó la casa, no se tocó el corazón para decirle que la propiedad ya estaba vendida, por lo que le pedía desocupara el cuarto “de inmediato”, y págueme el mes que debe, por favor.
Ella, sin ahorros, y sin chamba desde hacía más de un mes debido a un ajuste de personal, se sintió totalmente acorralada. Pidió auxilio a un par de ex compañeras de trabajo, a las que ella pensaba eran mejores amigas, rogándoles: te dejo a mi niño por unos días mientras voy a tal lado, donde me ofrecen empleo, pues no tengo dinero suficiente para llevármelo, apenas para el camión de ida y vuelta. Es foránea la empresa, pero si lo consigo, tal vez hasta vivamos un poquito mejor, ya que en los pueblos la vida es más barata. Una de plano le dijo que no, la otra se deshizo es excusas, de que la casa todo el día está sola, yo tampoco lo podría cuidar, y varios otros etcéteras...
Pues ni modo, lo dejo en la calle con todo y el miedo que esto me da. No puedo hacer otra cosa que dejarlo ahí se dijo, tratando de convencerse y tranquilizarse, pues su temor, si lo llevaba al DIF, era que al mostrarse insolvente, pudieran quitarle la custodia de su hijo, y quién sabe si lo recuperaría. Pensó recomendárselo a alguien, pero al no conocer a nadie, la persona podría llevárselo lejos, robárselo, o algo peor. ¡Se oían tantas cosas respecto del tráfico de menores! Yo solo voy y vengo, le decía al niño, en un máximo de tres días, estoy de regreso, ¡para tu cumpleaños!
Lo sentó a su lado y lo llenó de recomendaciones y consejos.
--Mira hijito, no te salgas de aquí. Ninguna persona puede saber que estás solo, porque correrías peligro. Si te hacen preguntas como: ¿con quién andas? o algo similar, tu dile que estoy en la farmacia, que me estas esperando.
Esta zona es tranquila, hay varias tiendas y si te falta para comer, alguien te puede socorrer. No pierdas el papel que te estoy dando, pues si la policía te agarra quiero que sepan quién eres y como se llama tu madre. Por nada del mundo lo saques del bolsillo. Es más, envolvámoslo en este pedazo de bolsa plástica, para que no se humedezca y se borre. Trata de gastar como último recurso los 50 Pesos. Si encuentras quien te dé de comer, que te ofrezca unos tacos, da las gracias y recíbelos, pero ya sabes, no te subas a ningún coche, ni aceptes invitaciones de extraños fuera de esta calle. --Mira, si observas bien, la tienda tiene un rinconcito, el cual va a quedar oculto cuando bajen la cortina. Ahí puedes dormir, total piensa que son solo dos noches. Le dio la bendición, lo abrazó fuerte, y encomendándolo a la Virgen de Guadalupe, se alejó llorando inconteniblemente.
Pero Lupita no contaba con la ignorancia, la corrupción, y la indiferencia de las autoridades. Durante el viaje, el camión se detuvo en una gasolinera, y todo el mundo se bajó para ir al baño o comprar algo en la tienda. Ella, muerta de sed, se dijo, voy a gastarme 5 Pesos en una botellita de agua, pues ya no aguanto. A los pocos segundos de haber entrado, se formó el pandemónium; disparos por acá y por allá, uno de ellos directamente al pecho del encargado que estaba tras el mostrador. Los asaltantes eran dos muchachos, que al darse cuenta que una patrulla de la policía esperaba turno para cargar gasolina, se sintieron perdidos.
El que disparó, viendo a Lupita con una botella de agua en la mano izquierda, y completamente paralizada por el terror, puso su pistola en la otra mano de la joven, mientras ambos salían corriendo por la puerta de la bodega. Justo en esos momentos entraron los policías, los cuales la tomaron a ella como chivo expiatorio.
Lamentablemente el encargado de la tienda murió sin poder decir nada, y a pesar que las pruebas dieron como resultado que ella no había disparado el arma, la investigación quedó ahí. Okey, ella no disparó pero era cómplice, y sus cuates la abandonaron. De nada sirvió tampoco lo asegurado por el chofer del autobús que dijo desde donde ella venía. Es cómplice y punto.
El abogado de oficio que le asignaron poco se ocupó del asunto, por no decir nada, y a pesar de sus ruegos y súplicas, nadie tampoco se interesó en buscar a Juliancito.
Ya cerca de cumplir un año de estar retenida, le tocó en suerte una abogada. Cuando Lupita le contó hasta el último detalle de la injusticia que se había cometido con ella, se mostró muy interesada, pues bien sabía que las internas que no tenían dinero para pagar una buena asesoría jurídica, se pasaban presas media vida sin que a nadie le importara lo más mínimo. Reactivó el caso, encontrándose con que aun no estaba cerrado, pues a los asesinos del gerente de la tienda no los habían atrapado –seguramente ni buscado – conformándose con haber apresado a la que llamaban cómplice, habiendo desestimado incluso el testimonio del chofer del camión que afirmaba que ella venía desde la capital, y hacia donde se dirigía.
Cuando la licenciada le preguntó si no podría llamar a alguien, ella le nombró a Julián, el padre de su hijo.
--Mire, le dijo, cuando vi que no podría salir de aquí y desesperada por la suerte de mi niño, llamé a su casa, pues quería que se ocupara tanto de buscar a nuestro hijo, como de mi caso, ya que también es abogado, pero su madre me respondió que él no se encontraba, y a pesar que le conté mi situación y la de la criatura, sencillamente me colgó el teléfono. Es probable que nada le dijeron, ya que jamás se apareció. Los padres siempre decían “sabrá Dios de quién es ese bastardo” - aún sabiendo que Julián le había dado su apellido -pero claro, en aquélla época era apenas un muchacho que además de demostrar poco carácter, estudiaba una carrera y dependía de ellos. Hoy, no se cual podría ser su reacción.
Pero la abogada si lo contactó. Siendo ese el motivo por el que Julián salió en búsqueda de su hijo, encontrándolo en compañía de sus amigos, justamente un año después de haberlo dejado Lupita en la calle.
Hoy el niño vive con su madre en un cómodo y hermoso departamento, va al colegio, y los amiguitos que rescató estudian en un internado.
Respecto de sus padres, quién sabe si algún día puedan estar juntos como es el deseo de Juliancito. En todo caso, y si eso sucede, será motivo de otra historia.