enrique vila-matas
abandonoBajo una sombrilla listada, durante una de las olas de calor muy comunes en Malibú, estaba sentado un hombre. Su nombre era Andy Andrews, y llevaba unos pantalones color magenta, zapatos de cuero
al sur de los párpados1 Al llegar a la descripción de su regreso a Honfleur, Stein ha dejado de escribir. En el jardín de mi mansión, su rostro se ha fundido, de pronto, en el paisaje: el lindero de sus cabellos se con
de aroma a balumba1 Es siempre un incidente ínfimo el que desgarra la trama del tiempo. —Cuando hablas de un recuerdo personal —dijo Eva a bordo de un carguero que remontaba el Sena a finales de diciembre de aquel
el aplazado desenlace del ariaMe he convertido en uno de esos viejos que deambulan como sombras por los dormitorios, arrastrando los pies, recordando mejores tiempos en voz alta, y de quienes nadie se acuerda hasta el día en q
el enamorado constanteA las siete de aquella tarde de otoño, ella tomó el coche y partió en dirección a Haro, donde a la mañana siguiente le esperaba su marido. Desde las últimas disputas no habían vuelto a verse y aqu
el idioma de la muerte1 ¿Dije ya que me resulta dramático ver cómo se repiten ciertos temas de pesadilla y que, en muchas ocasiones, soy capaz de preparar un primer borrador, al que siguen versiones en las que cambio d
el revésEl joven Wilheim Wietz, modesto empleado de una fábrica de jabón, iba en taxi por su ciudad natal. —Eh… Pero… ¿dónde? —¿…? —¡…! —¡Ah!… —Ya… —Bueno… El joven Wilheim Wietz hablaba consigo mismo. Sí
en la luna de astartéTatiana lee, en un rincón del salón, el último cuento que escribiera Chéjov. Parca es la vista al exterior, oculta por cortinas que ensordecen los tumultos organizados por los mercaderes de izaras
en un lugar solitarioElige tu mejor aspecto que la noche está nublada te dirás acodado al balcón que da al paseo, ponte tu corazón preferido y busca las palabras que han de llevarte al silencio pues llegó la hora de m
epílogoYo te amaba. Cuando era más joven y mi noción de la muerte no iba más allá de la alegoría del esqueleto armado de una guadaña, tu suicidio me hizo tomar conciencia de lo que en verdad era la muert
hacia la fronteraDesde el primer momento vi que se trataba de una partida con el diablo. El diablo en forma de mujer exuberante. Entró pisando fuerte cuando faltaban escasos minutos para que el tren saliera de Bar
imposturaI Todas las tardes el mismo trayecto en tranvía en dirección a La Luna, que era su café favorito. Tanto el doctor Vigil como su secretario envejecían en ese monótono recorrido, hablando siempre de
la danza de la vidaEn su juventud, Laura nunca tuvo miedo a la muerte. Cuando oía hablar de ésta, comentaba siempre riendo: —¿Es conveniente temer durante tanto tiempo una cosa tan breve? Pero un día, a los treinta
la esposa secretaEn mi cabeza un enredo. Veo alacenas móviles, puertas falsas. El dolor se hace más intenso. —¿Migraña? —pregunto azorado. Estoy en la Bikanir de siempre, la bella y triste isla que exagera en lo v
las palabras de pandoraPeter, que era sumamente dócil y obediente, se había siempre esforzado en ser, tal como desde la infancia se le exigía, una réplica exacta de su padre. Pero últimamente, la empresa parecía cada ve
leonardo(Memoria biográfica de un pintor extraordinario) De niño, Leonardo dibujó en un cuaderno de música algo que remotamente recordaba el sello de Salomón. Al pie del dibujo escribió: «Fuera de aquí, t
nunca voy al cineA las diez en punto de la noche estaba frente al portal de la casa de Rita Malú, y un mayordomo muy alto le cerraba el paso. Dijo Pampanini: —Soy uno de los invitados. —¿Por qué uno? —¿No hay otro
pericia del atlas1 Mientras los individuos de gris imaginación, que son incapaces de la menor ensoñación diurna, tienen de noche sueños que les dejan honda huella e impresión, nosotros, que tenemos una imaginación
peripeciaEl joven Wilhelm Wietz se enteró por correo de que, en el sorteo anual de su parroquia, le había correspondido el primer premio, un viaje de placer. —¡Que raro! —dijo. Wietz era un ser solitario y
todos conocemos hong-kongDurante el desayuno sustituí el chocolate caliente por tres estimulantes, una botella entera de coñac y mucha grifa. La mezcla resultó explosiva y me dio el coraje preciso para arrojar, en plena i