País Relato - Autores

arantza portabales

anatomía de un hada
La encontramos en la dehesa. Llevaba muerta dos días, o al menos eso fue lo que dijo Vicente, tras examinarla. La arrastramos hasta casa y la escondimos en
azar
No parece un bebé. No es más que una maraña de tubos. Su pecho minúsculo se eleva y se contrae con movimientos espasmódicos. Su corazón danza a un ritmo int
burocracia
Le atiende el contestador automático del teléfono de la mujer. En estos momentos no podemos atenderle. Todas nuestras operadoras están ocupadas. Por razones
desidia
La vida es un ejercicio de danza sincronizada. Vean ese Skoda gris que arranca y sale de su garaje. A seis manzanas de allí, un niño con un talón tajo el tr
despecho
Tras dos décadas en el fondo del mar, es poseedor de múltiples secretos. A estas alturas sabe que las sirenas no existen. Que el cambio climático ha elevado
efecto mariposa
Oxford. Noviembre de 2015. —Luego, si se fijan, el hombre, con un manotazo seco, aplasta una mosca. Pero visionemos el vídeo de nuevo. Ampliaré la imagen. S
el bumerán
Apareció por Navidad. El año en que cumplí diez. El mismo en el que había alcanzado la madurez suficiente para saber por qué llevaba solo el apellido de mi
el viajero del alvia
Ocurre con algunas estrellas. Ya no existen. Hace tiempo que su luz se apagó y sin embargo podemos verlas, brillando en la noche con todo su esplendor, a me
en otra vida
En otra vida vivimos juntos. En un piso pequeño, con una calefacción horrible y vistas a una pared plagada de ventanas turbias. Y no nos importa. No tenemos
estereofonía (o de los anhelos secretos de la sirena común)
Cada atardecer la sirena acerca una caracola a su oído para escuchar el rumor de la multitud que se aglomera en la estación central del metro.
la coleccionista
La encontré en un bar de Móstoles, detrás de un whisky on the rocks. Me enamoré de ella al instante. Antes de saber que acabaríamos en su casa. Antes de asp
los otros
Encontré el libro de familia en el segundo cajón de su cómoda. En él descubrí a los otros. A los que nacieron antes, de ese otro marido. Eran tres. Dos niño
más reproches
Nunca tiene un minuto para llamar a su madre. Sabe que estoy sola. Que mis hermanas apenas me visitan. Que desde que su padre murió ya no tajo al Hogar del
me gusta
Me resisto a cerrar su perfil de Facebook y su cuenta de correo, de la misma manera que mantengo su ropa en los cajones y su libro en la mesilla de noche, d
nada
Rezaba y rezaba. A la mañana. En cada comida. Antes de ir a dormir. Murió rezando en su alcoba. Y cuando llegó a ese limbo sin Dios, sin juicio final y sin
noviembre
Aquella tarde me la pasé tras la cámara de fotos. Por eso, todos mis recuerdos de ese día son sombras distorsionadas a través de una lente. Su imagen entrab
obcecación
Tropecé de nuevo con la misma piedra, o lo que sea eso que tienes como corazón.
obsolescencia programada
Si no he calculado mal, teniendo en cuenta la duración media de mis últimas relaciones, creo que es muy probable que deje de quererte en diez, nueve, ocho,
parpadeos
Perdí los nervios. Tras el bofetón, sus dientes volaron. Rodaron como canicas y desaparecieron bajo el mueble del comedor. Y allí siguen, después de treinta
predestinación
El hombre que un día soñó que se casaría con la dueña de la librería más antigua de la ciudad no puede dormir. Precisamente hoy, le da por rememorar esa mañ
preferentes
Se lo soltó de golpe y todo mezclado. Unas pinceladas de histeria por aquí, un poquito de depresión por allá, unos leves matices neuróticos por el otro lado
reproches
¡No hay ni un minuto para llamar a tu madre!, me grita. Todas nuestras conversaciones comienzan así. Yo intento explicarle que ya la estoy llamando. Que and
sábado carnívoro
No hay merluza. Debí darme cuenta de que era lunes. La pescadera me señala el enorme congelador al fondo del local. No se nota la diferencia, dice. Pero sí
secreto bancario
El Banco Internacional de Recuerdos de Denver es un edificio moderno de dos plantas construido en acero, hormigón y cristal reflectante. En el piso primero
servicio técnico
Mi madre está enamorada de un señor que no es mi padre, solo que ella no lo sabe. Es el vecino del cuarto. Es amo de casa, como ella. Cuando algo se estrope
terrores nocturnos
En la habitación comunitaria del orfanato donde me crie había treinta camas dispuestas en dos hileras idénticas. En cada cama, dormía un niño. Debajo de cad