La vida es un ejercicio de danza sincronizada.
Vean ese Skoda gris que arranca y sale de su garaje.
A seis manzanas de allí, un niño con un talón tajo el trazo se dirige al parque.
El coche se detiene ante un semáforo.
El niño saca un chicle de su boca y lo pega en una farola.
Cuenten conmigo:
Un, dos, tres… toques de balón.
Rojo, amarillo, verde. El conductor mete primera.
Pueden notar el ritmo, ¿verdad?
Una mosca se estrella contra el parabrisas.
El balón roza la puntera del zapato y sale despedido.
Todo sucede a la vez.
El coche encara la avenida mientras el niño sale corriendo tras el balón.
El conductor observa distraído la mancha de sangre que ha dibujado la mosca contra el cristal.
Y lejos, muy lejos, un ángel de la guarda apaga su despertador y se acurruca entre las sábanas.