Me resisto a cerrar su perfil de Facebook y su cuenta de correo, de la misma manera que mantengo su ropa en los cajones y su libro en la mesilla de noche, descansando junto a unas gafas de pasta y dos sobres de ibuprofeno.
La semana pasada me aventuré a pulsar un me gusta. A Sandra González le gusta esta noticia. Y ese presente de indicativo me arrancó una sonrisa por primera vez en tres semanas. También mantengo su cuenta de WhatsApp y juego a Apalabrados con desconocidos.
Me gusta mantenerla así.
Navegando por la red como un eterno espectro tecnológico.