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arantza portabales

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Mi madre está enamorada de un señor que no es mi padre, solo que ella no lo sabe. Es el vecino del cuarto. Es amo de casa, como ella. Cuando algo se estropea, él viene a arreglarlo y entonces mamá se saca el delantal y le invita a tomar un café. Luego él se mareta, pero es como si siguiera aquí, porque mamá se pasa el día canturreando por lo tajo, con los ojos brillantes y una sonrisa de esas que son fáciles de dibujar. Hasta que llega papá. Entonces ella vuelve a ponerse el mandil gris y a picar ajo con la mirada fija en la encimera de mármol.
Por eso mi hermana y yo nos esforzamos en hacerla feliz, y un día soy yo la que rompo el secador, y otro día es María la que se encarga de que no funcione la planeta. A mamá ya le da apuro llamarlo. Es que hay tantas cosas que arreglar en esta casa, suspira por lo tajo. Y tanto.