No parece un bebé. No es más que una maraña de tubos. Su pecho minúsculo se eleva y se contrae con movimientos espasmódicos. Su corazón danza a un ritmo intermitente. Demora cada latido. Algo va mal. Muy mal.
Ella se muera por escapar de esa habitación. Le abruma el calor. La luz blanquecina. El olor a desinfectante. El puto mono. Necesita un chute. Solo uno. Y salir de esa habitación. Salir de esa mierda. Escapar de la visión de ese amasijo de órganos. Que lo quiere, joder. ¿Y cómo no quererlo? Si él no tiene culpa de la madre que le ha tocado. Y el Joaquín por ahí, pillando. Porque ya no aguantaba ni un minuto más encerrado. Ni ella, joder. Mierda. Las luces empiezan a descomponerse en rayos de colores y a pesar del jodido calor le tiemblan las manos. Sobre todo la derecha. Esto es un puto hospital. Deberían de tener metadona. Algo. Cualquier cosa. Le duele todo. Empieza a faltarle el aire.
En el baño se moja la cara y el espejo le devuelve un fantasma. Qué putada para el enano tener esta madre. Esta mierda de madre. Porque si tuviera cojones, haría lo que debe. Arrancaría esos tubos. Lo cogería en brazos y le cantaría bajito. Mi bebé. Mi niño sin nombre. No sufras más, mi cielo. Luego, él se apagaría poco a poco, como aquellas bengalas de Navidad que compraba en el quiosco del Floren. Joder, lleva mil años sin pensar en él. Qué lejos queda todo. El Floren. Qué de años. Ojalá pudiera volver a ser niña. Entonces todo era fácil. La felicidad era una manzana de caramelo. El doble cromo en el Phoskito. El timbre del colegio los viernes por la tarde. Qué lejos.
Ojalá alguien la desconectara a ella de esta vida que le ha pasado por encima. Simplemente eso. Que alguien la desconectara. Del caballo. De las palizas del Joaquín. De las mamadas a diez euros. De la visión de ese feto incompleto. De ese pecho que sube. Baja. Vuelve a subir.
Y ya de paso, alguien debería poner fin a esta agonía. No ella. Ella no puede decidirlo. Quizá el destino. Coge una moneda. Cruz. Solo lo hará si sale cruz. Lo desconectará y en unos minutos todo habrá acabado.
Que salga cruz, joder.
Agarra la moneda de dos euros y la lanza. Cara. Cara. Cara tres veces. Cuatro. Veinticinco. Hasta que al fin sucede. Cruz.
Anochece.