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arantza portabales

efecto mariposa

Oxford. Noviembre de 2015.
—Luego, si se fijan, el hombre, con un manotazo seco, aplasta una mosca. Pero visionemos el vídeo de nuevo. Ampliaré la imagen. Si observan más atentamente comprobarán que no es una mosca. Es una diminuta mariposa. En esta toma la ven mejor. Especulemos ahora con las consecuencias de este hecho. Un hombre aplasta una mariposa. Al hacerlo, esa pequeña ya no será cazada al día siguiente por un entomólogo en la campiña de Devonshire. Ni acabará expuesta en el Museo de Historia Natural de Londres sobre una etiqueta en la que se lea:
CARTEROCEPHALUS PALAEMON
DEVONSHIRE 1994
Ante su vitrina no se encontrarán una estudiante de francés y un biólogo en prácticas. Y si eso no sucede, jamás quedarán para tomar una cerveza en Moody’s. La estudiante de francés no se dormirá pensando en que las manos de él son blancas y alargadas. El biólogo en prácticas no pensará que su pelo huele a cerezas. No sucederá. Ella dará clases en un Liceo francés. Él escribirá un libro sobre el ritual de apareamiento de la serpiente jarretera de flanco rojo. Pero no compartirán un piso en Queens Park. Ni nacerán sus dos hijos. Por ello, la mayor, Muriel, en este momento no disfruta de una beca Erasmus en Barcelona. Y el pequeño de la familia nunca llegará a matricularse de esta asignatura…
En la fila segunda un alumno grita. Su figura se vuelve traslucida. Sus perfiles se desdibujan rápidamente. La luz se filtra a través de él, basta que acaba por desaparecer.
El profesor sonríe y pide calma. Después, cómo no, procede a rebobinar el vídeo.