País Relato - Autores

josé ignacio velasco montes

amor
I Saltó desde la rana del árbol y abrió los brazos desplegando las superficies membranosas de sustentación. Se dispuso para hacer un largo recorrido y llega
atrapada
I Se agarró a aquellos barrotes que la inmovilizaban. A cada movimiento se notaba más y más sujeta. Era una sensación angustiosa que la obligaba a agitarse
cerebros
Era un planeta de una lejana Galaxia, con la superficie totalmente cubierta de oxidado metal. Sobre ella pululaban enormes cerebros que se alimentaban oxida
cita en la lluvia
I El despertador lanza su estridente y ominoso bramido, obligándome, como cada día, a saltar de la cama. Pero es una inveterada costumbre que no quiero romp
contacto
El astronauta camina por la superficie del planeta recién descubierto. No ve a nadie. No encuentra nada. --¿Será posible? -se pregunta-. Pero si había señal
el anciano y el joven
La sigilosa entrada del hierofante no pasa desapercibida para Merib que, semidormido, yace en su camastro. La celda se encuentra obscura y silenciosa. El mu
el cirujano
Enciende el cigarrillo y se sirve una taza de café. Cogiendo el libro de quirófano, rellena el parte de la operación practicada. No es sino una más de las m
el quirurgo
Se levantó temprano, como casi todos los días. Sólo los sábados y los domingos, cuando no estaba de Guardia en el Servicio de Urgencias, podía levantarse al
el tigre del escaparate
Lo colocaron en el escaparate, a la altura de los ojos de los que se detuvieran al otro lado de la luna, una amplia superficie de cristal, recargado de refl
error de apreciación
I La nave sufrió una gran sacudida e inició una vibración que fue creciendo paulatinamente. Las luces oscilaron con un parpadeo dubitativo que acabó en oscu
fallo humano
I Estaba terminando de extender la cubierta dorada que envolvía el cuerpo central. Con los guantes de hilo blanco el tacto, a pesar de la costumbre de usarl
la cabellera de berenice
I Hace calor, un calor sofocante, abrasador, como desde hace mucho tiempo atrás nadie recuerda en Antioquia. Las moscas, zumbonas y pegajosas, sortean hábil
la ejecución
I La sala era amplia, alargada, con los techos altos. Al fondo, sobre una tarima de madera obscura y brillante estaba el tribunal. Delante de él, una verja
la insaciable compradora de zapatos
Era una calle larga. Una de tantas en medio de la ciudad. Entre edificios altos que no dejaban que la luz del sol llegara al suelo. Un Sol que flotaba allá
la luciérnaga
1.- El nacimiento Súbitamente sentí que había nacido. Mi madre, una partícula de 0-15, recién golpeada por un Protón, sufrió unas fuertes convulsiones, emit
la trampa
Recobró el conocimiento lentamente, quedando en un estado de semiinconsciencia que le permitía darse cuenta de lo que ocurría, pero que no le dejaba hacer n
litobio
1 El planeta era pequeño, sin alteraciones geológicas dignas de mención. Su rala atmósfera impedía la existencia de las formas de vida habituales. Todo era
n. u. p. a. l. u. r.
Las amplias avenidas parecían estrechos desfiladeros ante la monumental altura de los edificios. Estos, cual colosales colmenas, eran inmensos cubos llenos
pandora
I Una nueva ola, aún más fuerte y alta que todas las anteriores, cae sobre el bajel arrancando tablas y rompiendo las escasas jarcias que todavía quedan a m
pulazzo el etrusco
1.- El cálido y despiadado sol septentrional cae a plomo en un intento de fundir los tejados y suelos del poblado de Telamón. Es un sol tan vertical, que ap
unicornios
I Se movió en la espesura tratando de pasar desapercibido. Hacía días que buscaba algo apenas entrevisto unas jornadas antes. Como siempre, su largo cuerno
¡la pérdida!
I Me levanto relativamente temprano, como cada día. Tengo sueño, pues de siempre he necesitado dormir poco y casi cada noche me acuesto tarde, demasiado tar
¡mama, mira que bonito!
1 Hacía meses que no tenía noticias de su marido. Movilizado al iniciarse la contienda, había partido en su unidad con rumbo desconocido y no había vuelto a
¡que aproveche!
I La sala de juntas es grande, cómoda, y está decorada con gusto. Una larga mesa ocupa el centro; sentados en torno a ella hay más de dos docenas de científ
“aquello”
I Todo esto debe ser una confusión o un sueño. No comprendo nada de lo que ocurre a mí alrededor. Las brujas hablan un idioma críptico, del que no logro ent