1
El planeta era pequeño, sin alteraciones geológicas dignas de mención. Su rala atmósfera impedía la existencia de las formas de vida habituales. Todo era mineral. Dada la casi inexistente erosión, las pocas zonas que en forma de pequeñas colinas se alzan sobre el resto del paisaje, apenas han variado de forma a lo largo de los siglos.
La comunidad de la gran masa mineral situada en lo alto de una loma, pulsaba lentamente su actividad vital. Hacía millones de años que esperaban entrar en contacto algo igualmente vivo. Deseaban establecer relaciones, cotejar ideas e intercambiar conocimientos. Habían acumulado en sus memorias billones de datos, que eran el resultado del intenso y profundo pensar de todos a lo largo de su existencia.
Habían desarrollado un sistema de emisión-recepción de señales de radio de tipo centimétrico, con el que se comunicaban en un lenguaje cacofónico, hiático, perfectamente estructurado. La semántica del idioma se basaba en inflexiones de tono y subtonos sobre unos sonidos básicos. Ambos logros ya eran, por sí solos, dos transcendentales éxitos de la comunidad.
Los pensamientos daban lugar a infinitesimales variaciones de capacidad eléctrica que alteraban el acoplamiento microcristalino de la estructura mineral. Este cambio provocaba una vibración asíncrona que se manifestaba por la emisión de ondas de radio de muy alta frecuencia. De este modo, las escasas y dispersas comunidades existentes en el planeta se comunicaban entre sí. Una profunda filosofía mineral se había ido constituyendo. Era una forma de vida extraña e inimaginable para un humano. Era una forma de vida distinta e inimaginable para un humano, pero era vida.
Las contracciones y dilataciones causadas por el ciclo calor-frío, rompían a veces estos conglomerados minerales. Según su posición, algunos fragmentos rodaban ladera abajo, alejándose de la comunidad madre. Este había sido el caso de Litóbio, una piedra de apenas trescientos gramos. Redondeada, sensiblemente esférica, en cuyo interior miles de agrupaciones radiculadas y muy imbricadas se intercomunicaban por estratos. Era una pequeña comunidad muy activa, que yacía en el inicio del llano, a escasa distancia de la falda de la loma. Por extraña coincidencia, por una concatenación de múltiples factores casuales, al romperse y rodar por la ladera había sufrido numerosos golpes con las consiguientes fracturas y desprendimientos parciales que le hicieron adquirir unas características de volumen, forma y peso que lo hacían especialmente potente en emisión. Litobio era la comunidad más eficiente en resonancia de todo el planeta y por eso lo empleaban como repetidor para todas sus comunicaciones.
Todos los pensamientos, ideas y descubrimientos, así como cualquier alteración del entorno, llegaban a él y eran enviadas de nuevo con su potente emisión en todas direcciones.
Litóbio era feliz, pues reinaba la armonía en lo más profundo de su naturaleza y existía amor en lo más íntimo de su inverosímil composición. Allá donde el mineral se mezclaba en el ámbito molecular con unos micetos vegetales semicristalizados, pulsaba una vida satisfecha. La copulación mineral-vegetal, con una antigüedad de siglos, había logrado un ajustado equilibrio que daba lugar a una corriente energética de tipo bío-piezoeléctrico. Las sinapsis fitolíticas, íntima y extensamente relacionadas, presentaban una enorme superficie de contacto, en la que cada millonésima de milímetro era una unidad de memoria-energía de billonésimas de picovoltio.
2
El zumbador del indicador de masas de la nave se disparó. Un sonido desagradable llenó la cabina, espabilando al navegante quien cómodamente repantigado en un sil1ón, dormitaba apaciblemente confiado en el piloto automático. Miró la pantalla de radar, donde todavía no era visible la masa detectada. Manipuló en algunos diales y esperó. Transcurrido un rato, por un extremo de la pantalla apareció el punto brillante de un planeta aún a mucha distancia.
Avisó al comandante por la megafonía interior. Éste no tardó en llegar con otros miembros de la tripulación. Se estudiaron cartas celestes y se pidió información a la computadora central y a los analizadores de a bordo. En un momento todos los datos estuvieron completos. El comandante decidió hacer alto en el pequeño planeta. Se tomó un rumbo de aproximación y, unas horas después, la nave tomaba suavemente contacto con la superficie.
Las esclusas se abrieron, una rampa descendió y varias figuras embutidas en trajes de protección de vistosos colores pisaron el agreste suelo.
--Hacía tiempo que no veía un planeta tan desolado como este--se escuchó por los auriculares de los cascos.—
--Más que un planeta parece un asteroide. No hay signos de vida, ni siquiera una planta nada de nada--rezongó otro tripulante--¡qué asco de sitio!—
Las figuras se movían por la superficie con soltura. El paisaje era descorazonador. En muchos ki1ómetros al derredor, sólo se veía un inmenso pedregal. Alguna pequeña elevación de roca descarnada rompía el paisaje, el resto era un grande y desangelado llano de cantos y rollos que se perdía hasta el curvo horizonte.
---Comandante--intervino el geólogo de la nave--¿podría hacer unas rápidas prospecciones por la superficie y recoger unas muestras?
---Estaremos aquí varias horas, podéis hacer las investigaciones habituales.--contestó el comandante.
Los diversos miembros de la tripulación que habían desembarcado, empezaron a realizar sus diferentes funciones. EI geólogo, con su mochila y un martillo en la mano se alejó a la caza de un posible mineral desconocido. EI ingeniero y sus ayudantes iniciaron una rápida comprobación del casco de la nave. EI fotógrafo colocó el trípode y empezó a manipular con la cámara.
A bordo de la nave, en el cuarto de radio, el encargado de las comunicaciones dejó el libro que estaba leyendo y decidió dar un rutinario barrido de frecuencias. Actuó sobre el telemando que abría la portilla de antenas direccionales y el mástil telescópico que soportaba una de ellas se extendió, sacándola fuera de su cubículo. Encendió los equipos y dejó que se calentaran. Al rato, empezó a girar lentamente el mando del sintonizador recorriendo las bandas largas, medias y cortas. Solo se escuchaba el silbido sideral y ruido de parásitos. Cambió de equipos y de antena para revisar las bandas de alta frecuencia, pasando sucesivamente por la VHF, la UHF, sin obtener resultados. Ya en una banda de SHF, mucho más alta y al llegar a los ocho mil quinientos megahercios, cuando su mano giraba mecánicamente el mando del oscilador de frecuencia variable, a más velocidad de la aconsejable, en un intento subconsciente de acabar cuanto antes y poder seguir leyendo el libro que tenía encima de la mesa, escuchó sonidos en los altavoces. Súbitamente en tensión, volvió atrás el OFV y revisó lentamente la frecuencia en la zona donde momentos antes escuchara ruidos. Encontró los sonidos enseguida. Eran débiles. Cuidadosamente buscó el punto de máxima señal, moviendo para ello muy lentamente la antena a lo largo del horizonte, hasta encontrar un punto óptimo. Apretó botón de ganancia de audio y la señal se hizo nítida. Puso en marcha la grabadora y escuchó atentamente. Era un sonido extraño, incomprensible para él, aunque de escasa potencia, era una portadora en frecuencia modulada que permanecía estable.
Los sonidos, muy metálicos y lentos, se sucedían a un ritmo perezoso. Permaneció durante largo rato escuchando y esperando. No conseguía entender ni interpretar nada. Desde luego no era la voz emitida por el órgano de fonación de ningún animal. Tampoco sonaba al ruido que producen los manipuladores de Morse o algo parecido. Era distinto, otro tipo de sonido. Le recordaba a algo que no conseguía traer a su mente. Continuó escuchando pacientemente, mientras buscaba y rebuscaba en su memoria; su cerebro luchaba por encontrar una analogía. Al fin la tuvo. Le recordaba a un tipo de sonidos que escuchara hacía mucho tiempo, en su juventud. Fue durante un ciclo de historia de la música. Le parecía estar oyéndola. Sonidos sintéticos, de aquel absurdo intento del siglo XX de hacer música con computadoras. Ahora lo veía claro... eran unos sonidos similares, parecidos.
Conectó el osciloscopio y, al momento, la señal de la portadora se hizo visible en la pantalla. Contempló asombrado los extraños trazos. Nunca había visto nada así. Las líneas se alteraban, se cruzaban, hacían figuras caprichosas, se duplicaban en subtonos, variando tanto en altura como en la anchura de la fundamental. Se quedó perplejo mirándolas.
De pronto, la señal desapareció bruscamente, quedando sólo el soplido típico de la frecuencia modulada. Aguardó con paciencia. Al rato, una nueva señal se dejó oír. Era más débil aún. Accionó el mando del rotor y la antena empezó a girar lentamente. La portadora se hacía más y más débil. Movió el mando en dirección contraria y apreció que la aguja marcaba una señal más alta en la nueva dirección.
Los trazos en el osciloscopio eran similares a los anteriores. Abrió el compartimiento donde se alojaba el manipulador de Morse, dejándolo preparado sobre la mesa. Esperaría un espacio para hacer una llamada. Al poco rato, un nuevo silencio le hizo abalanzarse sobre el manipulador y con gran lentitud empezó a desgranar una serie de puntos y rayas hasta completar una pregunta que sabía no podrían contestar ni interpretar, pero que llamaría la atención de los que emitían aquellas señales que, en su opinión, no eran fruto de la casualidad
--¿Quiénes sois?
Esperó pacientemente una respuesta, mientras los altavoces se llenaban de una confusa algarabía del extraño lenguaje, en una sobremodulación colectiva de múltiples localizaciones. Después, silencio. Aguardó con los dedos apoyados en la manilla, dispuesto a repetir la pregunta, pero no hizo falta. Escuchó una serie de puntos y rayas, alternativos, sin orden, sin sentido, sin formar palabras. Habían captado la señal y la repetían como podían, supuso. La serie terminó y se hizo de nuevo el silencio. Decidió transmitir algo más sencillo. Por ejemplo la "A”. Su mano, nada más pensarlo, en un gesto reflejo, ya había lanzado un punto y una raya. Espacio. De nuevo punto y raya. Espacio. Repitió la secuencia varias veces y quedó a la escucha.
Al momento empezó a llegar la respuesta. Punto-raya. Espacio. Punto-raya. Espacio. Los dí-da salían por el altavoz con absoluta limpieza y perfecto ritmo. Los espació entre las sucesivas letras A eran perfecto y de una longitud equivalente a tres puntos, tal como él las había emitido. Y todo ocurrió al igual que él lo hizo: todo por tres veces. Lleno de ansiedad decidió pasar a la segunda letra, más complicada que la primera, la B: raya-punto-punto-punto. Espacio. Repitió la secuencia hasta tres veces y esperó. Si eran seres inteligentes, estaba claro que podrían repetir la “B”. Si lo anterior fue una casualidad, no podrían hacerlo.
La respuesta llegó inmediatamente. Raya-punto-punto-punto. Espacio. Y de nuevo toda la secuencia. No esperó más. Llamó por la frecuencia de trabajo al comandante y a los demás oficiales. Estos acudieron rápidamente, con los trajes espaciales puestos, jadeantes. Los puso al tanto con pocas palabras, explicándoles su hipótesis. El comandante propuso enviar una tercera letra. Así lo hizo, con gran expectación de todos. La respuesta no se hizo esperar. Tras repetirla exactamente tres veces, respondiendo a lo enviado por los humanos, los altavoces desgranaron un sonido extraño, seguido de un espacio y de nuevo el sonido y así por tres veces. Después, silencio. Los foráneos aguardaban.
--Comandante, están esperando que repitamos ese sonido como demostración de que nosotros "también" somos inteligentes. Ellos ya lo han demostrado.
--Hágalo como pueda. Conecte el micro y trate de imitarlo. Es algo así como ¡BBBUUIIIAA! ¡Inténtelo!-- El operador de radio movió una clavija y el micrófono quedó abierto para salir al éter. Repitió el sonido poniendo toda su buena voluntad en imitarlo. Lo hizo por tres veces dejando espacios en medio. La respuesta llegó enseguida. El mismo sonido, emitido con más lentitud, se repitió varias veces. Se fijo' intensamente en él, grabando, con la memoria, cada tono, cada matiz.
--El sonido es más parecido a: !GGGGEEEIIIIAAAAA! que lo anterior, voy a hacerlo así, a ver qué ocurre... Pienso que me lo hacen repetir porque mi imitación no ha sido correcta.--
Vocalizó la nueva interpretación del sonido con el ritmo habitual. Momentos después un nuevo sonido, más complicado, se dejó oír. Lo escuchó con total atención. Cuando le llegó el turno, lo repitió con cuidado, pacientemente.
El comandante no esperó más. Empezó a dar órdenes. Un vehículo mixto Oruga-GEM, capaz de actuar en cualquier tipo de planeta, descendió de la nave. El operador de radio continuó la comunicación, alternando el Morse con los sonidos, cuya vocalización se le hacía más difícil por momentos. Mientras, un grupo de tripulantes preparaba la expedición en busca de las fuentes de la radioemisión.
--No olvidéis llevar un Medidor de Campo.--advirtió el operador desde su cabina-- Con él y el Radiogoniómetro, será más fácil encontrarlos
--Gracias, ya lo llevamos en el equipo. Mantén abierta la frecuencia, canal 3, para todos los comunicados entre nosotros.--
El vehículo partió. Las orugas intentaban clavarse en el suelo sin apenas conseguirlo. Avanzó en la dirección que le marcaban los indicadores del Radiogoniómetro, dirección que coincidía con la que señalaba la antena direccional.
3
En la gran comunidad de la loma, así como en las demás, dispersas por todo el planeta reinaba una intensa actividad. El hecho de haber contactado tras muchos siglos de silencio con seres capaces de emitir señales similares a las suyas, aunque no idénticas, indicaba que "alguien" estaba en el planeta y que ese "alguien" se comunicaba con ellos.
Habían notado previamente la llegada de la nave por las vibraciones del motor. Apreciaron después que algo estaba ocurriendo, aunque no tenían posibilidades de interpretarlo. Sin embargo, la nueva situación había servido de “estárter” para despertar e interesar a todas las comunidades dispersas por el planeta y sacarlas del secular letargo en el que se encontraban sumergidas.
Después, cuando escucharon unas señales que se recibían claras y potentes, la actividad de las comunidades se volvió febril: habían contactado.
No entendían lo que escuchaban, pero eso no tenía importancia. El entenderlo era cuestión de tiempo. Y si algo les sobraba, era precisamente tiempo. Después ambas partes habían iniciado un juego de señales, en el que las secuencias de trabajo estaban claras desde el principio. Ahora, todas las comunidades analizaban los sonidos, tratando de encontrar una relación lógica. Sabían ya que se empleaban dos sonidos básicos: uno largo y otro corto. El largo tenía una duración equivalente a tres cortos. Entre ellos había un espacio equivalente a... Los millones de cerebros fitolíticos se concentraban en grabar cada sonido, cada cadencia, cada espacio, en un masivo esfuerzo por descifrarlo.
Mientras, Litóbio, portavoz de la comunidad mantenía el intento de diálogo. Desde su ubicación en la falda de la loma, recibía las señales y las devolvía. Era su misión. Se había especializado en eso.
Notó que algo, todavía lejano, pero que emitía una potente gama de vibraciones, se aproximaba en su dirección. Le recordaba la sensación que experimentaba en los cambios de temperatura.
4
El vehículo de transporte avanzaba por el pétreo terreno. La señal en el Medidor de Campo aumentaba, lenta, pero constantemente. El Radiogoniómetro indicaba claramente la derrota a seguir. En la dirección que llevaban no aparecía nada especial. Al fondo se divisaba una colina de poca altura. La señal aumentaba paulatinamente conforme se acercaban a ella, hasta alcanzar un máximo en sus proximidades. Bajaron del vehículo y miraron a su alrededor. No había nada. Miraron y miraron, asombrados de no encontrar absolutamente nada. Una fuente de emisión requería, al menos en su opinión, de unas instalaciones mínimas. !Qué menos que unas antenas, unas maquinas, algo: ¡Pero...! ¡no había nada!
El oficial de transmisiones, con el Medidor de Campo en las manos, miraba el dial mientras se movía en varias direcciones por los alrededores del vehículo, buscando. Lo hacía con pasos cortos, lentos, lleno de incertidumbre, irritado. Tenía la sensación de que se estaban burlando de él. Fue dando vueltas alrededor del vehículo. Observaba que a la izquierda del mismo disminuían las oscilaciones de la aguja, al contrario que a la derecha. Se encaminó en la dirección de la máxima señal, zigzagueando todo el camino.
Litóbio percibía desde hacía rato que las vibraciones eran muy fuertes. Fueron aumentando en intensidad hasta que notó que estaban allí mismo, a su lado. Vibró, resonó con toda la intensidad de que era capaz, en un intento de señalar su presencia. Apreció que las vibraciones se acercaban y se alejaban de él, para volver a acercarse de nuevo.
El oficial de transmisiones se quedó parado un momento. Miraba el dial del Medidor de Campo, cuya aguja estaba a tope, en el fondo de la escala. La máxima señal estaba allí, sobre aquella piedra. No
comprendía nada, Litóbio notó que las vibraciones estaban allí mismo, encima de él...
El oficial sobrepasó la piedra alejándose de ella. La señal iniciaba un lento baile, disminuyendo...
Litóbio, mientras seguía transmitiendo sonidos y repitiendo señales de Morse, advirtió que "aquello" se alejaba de él...
El oficial volvió hacia atrás y de nuevo la señal subía en el cuadrante del aparato medidor...
Litóbio apreció que otra vez estaba encima de él...
El oficial no entendía nada. Cada minuto que pasaba estaba más irritado, más despistado.
---Comandante, la máxima señal se encuentra
aquí, pero no hay nada, absolutamente nada.
Sólo una maldita piedra.
Le dio una fuerte patada. Con toda la rabia de su frustración. Con todo el rencor del mundo. La piedra salió rodando y se alejó unos metros. La señal en el dial del aparato dio varias oscilaciones y desapareció...
Litóbio se sintió bruscamente desplazado. Entro en vibración con tal fuerza, con tal intensidad, que su umbral máximo de temperatura fue sobrepasado. Los nanocerebros se depolarizaron. Las estructuras cristalinas sufrieron miles de microfracturas. La línea sináptica fitolítica quedó desconectada. Fueron fracciones de segundo de intensa y descontrolada fulguración eléctrica. La energía se disipó en calor en un masivo cortocircuito. Litóbio apreció que perdía la conexión con los demás componentes de sí mismo. Alcanzó un valor eléctrico neutro, se entropizó bruscamente y se sumergió en el pozo de la nada. Litóbio una posibilidad entre billones, nunca más volvería a sentir, a vibrar, a ser feliz. Había quedado reducido a una simple piedra.
--¡Comandante!, No hay señal, ¡ha desaparecido!--exclamo el oficial de comunicaciones.—
En la cabina de radio, el operador había escuchó bruscamente un terrible rugido. Había sido como una enorme explosión, un grito desgarrador. Un grito de muerte. Después silencio absoluto.
--¿Qué habéis hecho? --gritó por el micrófono--¿Qué habéis hecho? --
Nadie contestaba desde ningún lugar.
Todos estaban perplejos ante una situación
que no comprendían y, por tanto, les desbordaba.
--¿Que habéis hecho?--continuaba preguntando el operador de radio--
--Nada, no he hecho nada. ¡Aquí sólo había una piedra!--
--¿Una piedra?¿Le has dado un golpe a esa piedra?--preguntó el operador de radio.
--¡Sí!, le he dado una patada al ver que no había aquí nada.--
--Pues esa piedra era la fuente de emisión y el ser inteligente. He oído con toda claridad el golpe y el grito de muerte.
--¡Bah! No digas tonterías. ¿Cómo va a estar viva una piedra?
--No he dicho si estaba o no viva. Dije que era inteligente.
Cortó violentamente la comunicación, a golpes con los interruptores. Estaba alterado. Se sentía desgraciado y triste. Notó una opresión en el pecho y una sensación extraña en los ojos. Se puso el traje espacial y salió por una esclusa al exterior. Quería andar. Se sentía asqueado. Caminó a grandes pasos, pisando el suelo con rabia, lleno de odio, harto de la estupidez de la especie humana, que sólo sabe mirarse a sí misma, sin verse. Notó que una lágrima escapaba de su ojo derecho y resbalaba por la mejilla. Alzó la mano hacia su rostro para secársela, pero chocó con el cristal del casco. Entonces se echó a reír, a grandes y sonoras carcajadas, lleno de amargura y resentimiento...