rosa axelrud
el espejo con vitralEl único heredero de la chacra de los Flores resultó Eustaquio, el nieto. No se le conocía mujer ni que alguna vez se hubiera fijado en una de las muchachas del pueblo, aunque no faltaba a ningún
la magia de las prediccionesLa tarotista meditaba la interpretación de las cartas elegidas por mí, de entre las que ella había colocado en perfecto orden sobre la mesa. El cuarto unía su silencio al de nosotros. Yo miraba a
la sal de la vidaEl Scania Vabis plateado fue disminuyendo la velocidad a medida que se acercaba a Porto Alegre. Dobló a la izquierda y siguió despacio unas cuadras hasta que detuvo su marcha en la playa de maniob
los celos de genaroConsultó el reloj. Las cuatro de la tarde. Su mujer no tardaría en regresar a casa; hacía una media hora que había ido al supermercado y, aunque no iba a hacer la compra del mes ya se sabe que las
los de almanzaLos de Almanza eran una familia de esas que se etiquetan como tradicionales. No se sabe si por capricho o por un raro fatalismo, Gertrudis sólo se rodeaba de aquellos cuyos nombres comenzaran con
ludovicoDespués de que se recibieron de médicos, se casaron y se mudaron a San Fernando, donde iban a vivir y a instalar sus consultorios. En Europa y en los Estados Unidos ya se utilizaba el sistema del
madre sólo hay unaLa muerte de Mamá me halló débil, convaleciente de esa pulmonía que casi me mata, de la que apenas me estaba recobrando. Yo era hijo único y Mamá me había cuidado toda la vida hasta que ya no pudo
reflejo condicionadoJorge Quinteros era un abogado, cuyos clientes consideraban de singular inteligencia. Valoraban, especialmente, su sentido común y la picardía para negociar con habilidad en asuntos difíciles y pa
un abogado, otro abogadoMiré fijamente a los dos hermanos sentados frente a mi escritorio. Hacía un año que le habían encomendado a un colega mío el trámite sucesorio del padre de esos clientes sin que mi colega hubiera
un día enrevesadoCuando quiso abrir la puerta del departamento se le trabó la llave y por más que intentó sacarla, no pudo. Fastidiada, fue a buscar al encargado del edificio, mientras reflexionaba que ese era uno
un marido enamoradoTodos decían que habían sido hechos el uno para el otro, que formaban una pareja indiscutible, de esas que son para siempre y más allá de la muerte. Así fue, desde que salieron de la iglesia bajo
una fiesta inolvidableNo había nacido agraciado, la Madre Naturaleza no fue pródiga con él. Ya de bebé se evidenciaron ciertas deformidades como esa cabeza grande hasta la exageración, que hacía pensar a los demás que
venus de recoletaEn abril nos mudamos al departamento de Parera y Quintana, y los Heinemann, en agosto del mismo año. Nosotros ocupamos el quinto piso, y ellos, el décimo. Los Heinemann eran una familia compuesta