robert bloch
atentamente suyo, jack el destripador1 Miré al diplomático inglés. Él me miró a mí. —¿Sir Guy Hollis? —pregunté. —En efecto. ¿Tengo el placer de hablar con John Carmody, el psiquiatra? Asentí. Mis ojos examinaron disimuladamente a mi
como un diosI Era bueno ser. Era meditación… regresar a uno mismo. Era contemplación… acudir a mirar a los demás, convertirse en algo distinto. En meditación uno se contenía. En contemplación se producía una
cuaderno encontrado en una casa deshabitadaAnte todo, quiero afirmar que yo no he hecho nunca nada malo. A nadie. No tienen ningún derecho a encerrarme aquí, sean quienes fueren. Y no tienen ningún motivo para hacer lo que presiento que va
cuestión de etiquetaLa casa era antigua, como las demás del bloque. La puerta de la verja chirrió cuando la empujé. Fue el único sonido que oí. Mis zapatos habían dejado de chirriar ya hacía mucho tiempo. Ir anotando
dulces para esa dulzuraIrma no tenía figura de bruja. Tenía unos rasgos menudos, regulares, un cutis melocotón y crema, ojos azules, y cabello rubio, casi ceniciento. Además, era una niñita de ocho años. —¿Por qué la fa
el aprendiz de brujoQuisiera que apagaran las luces. Me hacen daño en los ojos. No necesitan las luces, porque les diré todo lo que deseen saber. Voy a contárselo todo, todo. Pero apaguen las luces. Y, por favor, no
el banquete en la abadíaUn trueno en el oeste anunció la proximidad de la tormenta y la noche. El cielo se hizo más oscuro, la lluvia cayó, el viento zumbó tristemente, y el camino del bosque por el que andaba se convirt
el bogey man te atraparáCuando Nancy conoció a Philip Ames, él ni siquiera la miró. Por supuesto, realmente no puedes culparlo. Después de todo, solo tenía quince años, era solo una niña. Pero eso fue el año pasado, y es
el demonio en la tierraI. El Instituto. —Permita que le haga una pregunta —me espetó mi visitante—. ¿Quisiera ir usted al infierno por diez mil dólares? —Amigo mío, enséñeme el dinero y dígame cuándo sale el primer tren
el demonio negroHasta ahora no se ha escrito nada de la verdadera historia de la muerte de Edgar Gordon. De hecho, nadie salvo yo mismo sabe que está muerto. La gente fue olvidando gradualmente a este extraño gen
el dios sin caraEl hombre que estaba extendido en el potro de tortura empezó a gemir. Y cuando la palanca estrechó aún más el aparato, su gemido se convirtió en un penetrante alarido de dolor. —¡Bueno! —exclamó e
el extraño viaje de richard claytonRichard Clayton se asió de tal forma que quedó erguido como si fuera un saltador esperando para zambullirse desde un alto trampolín hacia el azul. Realmente, era un saltador. Una espacionave plate
el hombre que gritó «¡al lobo!»La luna acababa de salir. Estaba brillando a través del lago, y cuando Violet entró puso una membrana de plata sobre sus cabellos. Pero no era la luz de la luna lo que brillaba en la palidez de su
el laberinto de aprendizajeJon no podía recordar ningún tiempo en el que no hubiera estado en el Laberinto. Tuvo que haber sido muy joven al principio, porque su más lejano recuerdo era una confusa impresión de estar tendid
el mal de ojoRod sacó el pollo del saco de arpillera y lo echó al pozo. El pollo cacareó y agitó las alas, y Rod apartó rápidamente la vista. La boquiabierta multitud reunida en torno a las paredes de lona del
el metal que te encanta tocar—Buenos días, señora —dijo el vendedor ambulante—. ¿Es usted la dueña de casa? La delgada figura en delantal y gorro contra el polvo se adelantó. —Hágame el favor de irse —gruñó la voz debajo del
el muerto vivienteHabía descansado durante todo el día, mientras abajo, en la villa, tronaban las armas. Entonces, cuando comenzaban a cernirse las sombras oblicuas de la noche y los ecos del combate se atenuaban h
el murciélago es mi hermanoI Comenzó en el crepúsculo… un crepúsculo que no pude contemplar. Mis ojos se abrieron a la oscuridad, y durante unos instantes me pregunté si aún estaba dormido y soñando. Entonces deslicé las ma
el ojo hambrientoHay un antiguo adagio en Chicago que dice: “Si puedes estar en la esquina de las calles Madison y State el tiempo suficiente, verás a todo el mundo pasar por allí”. Un poco exagerado, pero así rez
el oráculoEl amor es ciego. La justicia es ciega. La suerte es ciega. Ignoro si Raymond estaba buscando el amor o persiguiendo la justicia, o si vino a mí por azar. Y no podría decirles si Raymond era blanc
el que cierra el caminoHasta el día de hoy sigo sin saber como consiguieron traerme al asilo. Los acontecimientos que condujeron a mi internamiento constituyen un misterio que desafía las sondas de mi memoria, y contra
el secreto en la tumbaEl viento aullaba extrañamente a medianoche sobre el cementerio. La luna flotaba como un murciélago dorado sobre las antiguas sepulturas, brillando a través de la bruma mortecina con su ojo maléfi
el señor del pasadoDECLARACIÓN DE DOROTHY LARITZKY Yo ya no sé qué hacer, palabra. A juzgar por el comportamiento de George, cualquiera creería que fue culpa mía. Cualquiera creería que ni siquiera vi nunca a aquel
el suicidio en el estudioVerlo sentado allí, en la penumbra del estudio, nunca hubiera sugerido lo que realmente era. Los magos de hoy en día no se visten con túnicas cabalísticas de plata y negro; en cambio, usan batas d
el vampiro estelarConfieso que sólo soy un simple escritor de relatos fantásticos. Desde mi más temprana infancia me he sentido subyugado por la secreta fascinación de lo desconocido y lo insólito. Los temores inno
en las cartas—¿El sábado por la noche? —dijo Danny—. ¿Qué quiere decir, que voy a morir el sábado por la noche? Danny intentó enfocar sus ojos en la vieja mujerona, pero no lo consiguió… estaba demasiado impre
enochSiempre empieza del mismo modo. Primero, aquella sensación. ¿Habéis sentido nunca el peso de unos diminutos pies paseándose por la parte superior de vuestro cráneo? ¿Pasos en vuestro cráneo, hacia
eternamente y aménEternamente. Es una agradable forma de vivir, si uno es capaz de afrontarla. Y Seward Skinner era capaz. —Mil millones de unidades integrales —dijo el doctor Togol—. Quizá más. Seward Skinner ni s
hierba gateraI RONNIE, de pie ante el espejo, se echó el pelo hacia atrás. Estiró su jersey nuevo y abombó el pecho. ¡Estupendo! Tenía que cuidar su aspecto, ya que se acercaba el final de curso y la elección
la calavera del marqués de sade1 CHRISTOPHER MAITLAND SE SENTÓ DE NUEVO en su silla frente a la chimenea y acarició la encuadernación de un viejo libro. Su rostro delgado, modelado por la parpadeante luz del fuego, mostraba una
la capaEstaba poniéndose el sol y el viento del atardecer arremolinaba las hojas secas y las impulsaba a lo largo de la estrecha calle, como si quisiera llevarlas hacia el oeste, para que asistiera al en
la feria de los animalesEra ya oscuro cuando el camión dejó a Dave en el abandonado depósito de mercancías. Dave tuvo que mirar de soslayo para leer lo que señalaba el letrero medio borrado por la intemperie. MEDLEY, OKL
la gente en la pantallaDos mil estrellas. Dos mil estrellas, quizá más, inmortalizadas en las aceras a lo largo del Hollywood Boulevard, cada placa de metal inscrita con el nombre de alguien importante en la industria d
la guadañaDespués de que los niños crezcan y se trasladen, una nueva criatura acude a tu casa. Su nombre es Muerte. Viene en silencio, sin los llantos de un infante, y no hará que estés despierto por la noc
la modeloAntes de que empiece esta historia, debo decirles que yo no creo ni una palabra de ella. Si lo hiciera, simplemente estaría tan loco como el hombre que me la contó, y se halla en un asilo. Hay oca
la risa del vampiroEl destino nos juega extrañas bromas, ¿no es así? Hace seis meses yo era un psiquiatra de fama, y en la práctica de mi profesión gozaba de un éxito más que moderado; hoy soy un interno en un sanat
la sombra que huyó del chapitelWilliam Hurley era irlandés de nacimiento y taxista de profesión. Sería, pues, redundante calificarle de charlatán. En el mismísimo instante en que, cierto cálido atardecer veraniego, tomó a un pa
lo importante es la actuaciónMe piden imposible, caballeros. No puedo nombrar quién ha sido el mejor Hamlet. En cincuenta años como crítico teatral, los he visto a todos: Barrymore, Gielgud, Howard, Redgrave, Olivier, Burton,
los canarios del mandarínHabía «fiesta» en el jardín del mandarín Quong, como atestiguaban los gritos y súplicas salpicados de risas de placer. El mandarín se estaba distrayendo aquel día de una manera nueva. A través de
los ojos de la momiaEgipto me ha fascinado siempre; Egipto, tierra de antiguos y misteriosos secretos. Había leído historias de pirámides y reyes; había soñado en vastos imperios, tan muertos ahora como los ojos vací
madre de serpientesEl vuduísmo es algo muy raro. Hace cuarenta años era un tema desconocido, salvo en ciertos círculos esotéricos. En la actualidad existe una sorprendente cantidad de información al respecto debido
nacido en el espacioI La nave sonda se ancló en órbita e inició su rastreo sensor del planeta Eco. Sentado en su puesto en el puente, el comandante Richard Tasman, de la Marina de los Estados Unidos, comprobó los dat
nadie se burla de los diosesHarry Hinch era un hombre divertido que vendía cosas divertidas. Tenía una agradable tienda pequeñita cerca del Strip, con una cortina de arpillera en el escaparate y un letrero que decía: ¿Qué es
nochebuenaNo sé cómo termina. Quizá terminó cuando oí sonar el disparo tras la puerta cerrada de la sala… o cuando salí corriendo y le encontré caído en el suelo. Quizá el final se produjo después de que ll
rapsodia húngaraInmediatamente después del Día del Trabajo, el clima se volvió frío y toda la gente de las cabañas de verano se fue a casa. Cuando comenzó a formarse hielo en Lost Lake, no había nadie más que Sol
tren al infiernoCuando Martin era un niño pequeño, su papi era ferroviario. Aunque papi nunca viajaba en los trenes, caminaba a lo largo de las vías del CB & Q, y estaba orgulloso de su trabajo. Y cada noche, cua
un hogar hospitalarioEl tren llevaba retraso y serían ya más de las nueve cuando Natalie se halló en el solitario andén de la estación de Hightower. Como es natural, la estación estaba cerrada por la noche —no era más
un hombre con maníasSerían más o menos las diez cuando salí del hotel. La noche era cálida y necesitaba beber algo. Era insensato probar en el bar del hotel porque el lugar era como un manicomio. La Convención de jug
un juguete para julietteJuliette entró en su dormitorio, sonriendo, y un millar de Juliettes le devolvieron la sonrisa. Porque todas las paredes estaban cubiertas con espejos, y el techo estaba formado por paneles empotr
una cuestión de identidadMis miembros eran de plomo. Mi corazón era como un reloj que pulsaba en vez de latir, muy lentamente. Mis pulmones eran como esponjas de metal, mi cabeza un cuenco de bronce lleno de lava fundida
ved como corren2 de abril De acuerdo, doc, usted gana. Mantendré mi promesa y escribiré regularmente, pero maldita sea si voy a empezar mis anotaciones con frases como Querido diario o Querido doctor. ¿Desea ust
viaje al egoEl avión descendió sobre el campo. Trazó un círculo contra el cielo nocturno, luego se deslizó suave y silencioso para aterrizar. Mientras se ponía en marcha hacia la portezuela de la cabina, la l