País Relato - Autores

alfredo moreno vozmediano

coches sin caballos
Don Leandro era un poco cascarrabias, y estaba orgulloso de ello. Recorría la ciudad con su simón de dos plazas, alquilado por lo general a industriales y h
el agujero
¿Habéis soñado alguna vez que vais caminando por la calle y, de repente, el suelo se abre a vuestros pies y os caéis en un agujero? Yo sí, muchas veces. Sie
el guardián
Avancé a tientas un rato, con el corazón latiéndome a toda velocidad. No sé si habéis tratado alguna vez de caminar a oscuras por un lugar desconocido. Pero
el hombre del pergamino
El sol se ponía y el viajero estaba cansado. Había perdido su mula hacía dos lunas y llevaba todo el día caminando. Vio alzarse una venta lúgubre frente a é
el veredicto
—A lo mejor se ha estropeado el mecanismo —dijo Kibwe. —¿Estropeado? —dije yo, enfadada—. Te has puesto a echar cosas en ese saco y lo has fastidiado todo.
eratóstenes
Eratóstenes dejó el petate junto a la puerta y extendió los brazos en un gesto teatral. —¡Mamá, he vuelto! —dijo. —Mira qué bien. Pues coge esto y barre el
la carretera del fin del mundo
La gasolinera parecía abandonada. La herrumbre invadía los resquicios de los surtidores. Una mezquina bombilla iluminaba la oficina destartalada. El vehícul
la chica de la camisa blanca
Se llamaba Margarita y corría como nunca antes lo había hecho. No era la primera manifestación ilegal a la que acudía, desde luego. No podías estar en la un
la eternidad era esto
La primera vez que burlé a la muerte yo tenía ocho años. Lo recuerdo bien. Era de noche. Estaba en casa, viendo la tele con mis padres mientras cenábamos al
la oficina de los sueños perdidos
Me encontré en una habitación muy grande, o más bien una especie de almacén. Las paredes estaban revestidas con estanterías en las que se acumulaba un revol
la planta 20.237
Las puertas del ascensor se plegaron de fuera a adentro. Primero la que se abría hacia arriba, luego la que se abría hacia abajo y luego la que se abría hac
la tierra de los llanos
El Rey estaba sentado en el gran salón y jugaba al ajedrez contra sí mismo. No lograba concentrarse y, en ocasiones, ni siquiera lograba recordar si estaba
las tres pruebas
Había una luz azulada al fondo. Sin soltarnos de la mano, caminamos hacia ella. La claridad se fue haciendo cada vez mayor hasta que pudimos ver que nos enc
laura y kibwe
Cuando salí del ascensor y llegué de nuevo a la Oficina de los Sueños Perdidos, en la planta baja de aquel edificio tan particular (eso supuse, y por esa ra
los desaparecidos
Lunes. Me pongo el abrigo. Bajo a la calle. Llego tarde a la oficina. Camino deprisa, mirando la pantalla del teléfono móvil. Esta mañana debe de estar hela
más allá de la niebla
Soberano era un hombre alto, flaco y con un rostro de esos tan llenos de arrugas que parecen esculpidos con un martillo y un cincel. Además, era muy viejo.
mínimos y máximos
El pasillo era largo y oscuro. Una débil luz, procedente de no se sabía dónde, lo iluminaba lo suficiente como para ver a un par de metros de distancia. Más
nada está escrito para siempre
Me desperté empapada en sudor y necesité un buen rato para convencerme a mí misma de que no estaba soñando. Mi mano y la de Kibwe ya no estaban anudadas y p
pueblo blanco
Juan encontró el cadáver tendido boca abajo sobre la nieve. Parecía una mancha de barro. Lo primero que pensó, con cierta inquietud, fue que aquel tipo llev
segunda oportunidad
La muchacha estaba en lo alto de una colina. Miraba al horizonte mientras el sol se ponía a lo lejos. Era muy joven, casi una niña, pero en su rostro cobriz
zona cero
Florence Kinsay corría por los pasillos del Centro de Investigación Avanzada con las mejillas encendidas. Los que se cruzaban con ella, doctores con batas b