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Libros de tomás salvador

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tomás salvador

el vagabundo y la navidad
El vagabundo se inclinó. Lo que había sido una figura borrosa se dibujó claramente al tacto. Lo recogió, en la forma furtiva que tienen los vagabundos de recoger las cosas, producto de muchos sigl
la necesidad de morir
La ley que estaba a punto de firmar el presidente Ramsoe era, sin duda alguna, la más rufianesca, extravagante y regresiva de las leyes que se habían firmado en la Tierra. Ni las pirámides de cabe
la pistola perdida
1 —Buenos días… Aunque la frase no tiene significado para mí, he podido darme cuenta de que la utilizan mucho los hombres, incluso entre desconocidos. No sé exactamente si es un deseo o una afirma
no tengas prisa
Debiera contar con detalle la época en que fui vagabundo. Pero no me acuerdo muy bien. O no quiero acordarme. No es que sienta vergüenza de ello. Más bien me avergüenzo del que soy ahora, obeso y
quince años no han bastado
Ciriaco tenía siete años; Juanito, seis; Gorito, seis y medio; Moco, cinco; Pedrolo… ¡ah!, ¿cuántos años tenía Pedrolo? Ni su madre podía recordarlos. La madre de Pedrolo contaba por meses y decía
una pared al sol
I. Ellos Pierre, que además de francés era poeta, solía rogar en los momentos de cansancio, sobre todo al atardecer de las tardes de otoño, cuando era sencillo —y penoso— calcular las horas que fa