jack london
a puñetazosAl bordo del velero Samoset se realizaban los preparativos para celebrar la Navidad. Hacía meses que no atracaban en un puerto civilizado y entre las reservas de provisiones quedaban pocas exquisi
adiós, jackHawai es un lugar extraño. Según yo lo veo, toda la vida social está patas arriba. Y no es que las cosas no funcionen correctamente. De hecho, casi diría que la corrección es exagerada. Sin embarg
al final del arco irisI Montana Kid se desembarazó de sus zahones y sus espuelas y se sacudió el polvo de las cordilleras de Idaho por dos motivos. En primer lugar, la intrusión de una civilización severamente ética, s
aloha oeEn ningún puerto del mundo se contemplan salidas de vapores semejantes a las que el viajero percibe en el muelle de Honolulú. El gran trasatlántico está presto a partir. El vapor se comprime ansio
amor a la vidaLos dos hombres descendían el repecho de la ribera del río cojeando penosamente, y en una ocasión el que iba a la cabeza se tambaleó sobre las abruptas rocas. Estaban débiles y fatigados y en su r
bajo los toldos de cubierta—¿Puede un hombre, y me refiero a un caballero, llamar cerda a una mujer? El hombrecillo lanzó ese reto a todo el grupo, luego se reclinó en su tumbona y dio un sorbo a su limonada con un gesto qu
bâtardBâtard (“bastardo” en francés) era un demonio. Esto era algo que se sabía por todas las tierras del Norte. Muchos hombres lo llamaban «Hijo del Infierno», pero su dueño, Black Leclère, eligió para
blanco y amarilloLa bahía de San Francisco es tan vasta que a menudo sus tempestades se revelan más desastrosas para los grandes navíos que las que desencadena el propio océano. Sus aguas contienen toda clase de p
cara de lunaLa cara de Juan Claverhouse era un fiel trasunto de la luna llena; ya conocen ustedes el tipo: los pómulos muy separados, la barbilla y la frente redondas, hasta confundirse con los rubicundos mof
cara perdidaEra el final. Subiénkov había seguido una larga huella de amargura y de horror, buscando las capitales de Europa como la paloma mensajera busca la querencia, y aquí, en América rusa, la huella hab
caras peladas—Puesto que hablamos de osos… El rey del Klondike se detuvo, meditabundo, y los que se hallaban agrupados a su alrededor, a la puerta del hotel, acercaron más las sillas. —Puesto que hablamos de o
chantaje aladoPeter Winn, con los ojos cerrados, se hallaba cómodamente reclinado en un sillón de la biblioteca, concentrado en un plan de campaña que en un futuro próximo le serviría para poner en guardia a ci
chris farrington, marinero de primera—Si estuviegas en un buque de mi país, un muchacho como tú no segía más que un grumete, y tendgías que atendeg a los maginegos de pgimega. Y cuando maginegos de pgimega gritag: “¡Chico, la jaga de
chun ah chunEl aspecto de Chun Ah Chun no tenía nada de particular: un poco menudo de estatura, como suelen serlo la mayoría de los chinos, algo estrecho de hombros y un tanto esmirriado de carnes, cosa muy n
como argos en los heroicos tiemposCorría el verano de 1897. En la familia Tarwater había gran revuelo y consternación. El abuelo Tarwater, después de haber estado sumiso y callado durante más de diez años, parecía sublevarse de nu
cuando alice se confesóEste asunto de Alice Akana es un asunto de Hawái, pero no de estos tiempos, aunque sí de una época bastante reciente, cuando Abel Ah Yo predicaba su famoso renacimiento religioso y convenció a Ali
de estampida al arroyo squawDos meses después de que Smoke Beilew y Shorty salieran a cazar alces para ganarse la vida, estaban de vuelta en el bar Elkhom de Dawson. Habían cazado, transportado y vendido la carne a cinco dól
diabloEl perro era un diablo. Todo el Norte lo sabía. Muchos lo llamaban Engendro del Infierno, pero su dueño, Black Leclère, escogió el vergonzoso nombre de Diablo. Black Leclère también era un demonio
donde se bifurca el caminoEl joven que cantaba, de rostro sano y ojos alegres, se inclinó y añadió agua a la cacerola de alubias que cocían a fuego lento. Luego, tras incorporarse con un palo ardiendo en la mano, hizo apar
el ahorcamiento de cultus georgeEl camino ascendía empinado entre una capa profunda de nieve en polvo sin marcas de trineos ni pisadas de mocasines. Smoke, Y que iba delante, apisonaba los frágiles cristales con sus gruesas raqu
el asedio del “lancashire queen”La prueba más exasperante que recuerdo en el curso de mi estancia en la Patrulla Pesquera fue el asedio a un gran barco inglés de cuatro mástiles. Charley Le Grant y yo consagramos dos semanas a e
el burladoAquél era el final. Subienkow había recorrido un largo camino de amargura y horrores, guiado, como una paloma, por el instinto que lo llevaba hacia las capitales de Europa, y allí, en el punto más
el capitán de la susan drewI Una puesta de sol dorada, azul y rosa palpitaba en el horizonte. El manto de llovizna que caía de unas nubes indefinidas oscurecía la línea oriental que separaba mar y cielo. A medio camino entr
el chinagoAh Cho no entendía el francés. Sentado en la sala abarrotada de gente, cansado y aburrido, escuchaba aquella lengua incesante y explosiva que articulaban un oficial tras otro. Un inagotable parlot
el desprecio de las mujeresI Freda y la señora Eppingwell se enfrentaron en una ocasión. Freda era una joven bailarina griega. Al menos ella afirmaba ser griega, pero muchos lo dudaban porque su rostro clásico tenía fuerza
el diente de ballenaEn los primeros días de las islas Fidji, John Starhurst entró en la casa-misión del pueblecito de Rewa y anunció su propósito de propagar las enseñanzas de la Biblia a través de todo el archipiéla
el dios de sus antepasadosI A cada lado se extendía el bosque primigenio, hogar de la ruidosa comedia y la tragedia silenciosa. Allí la lucha por la supervivencia continuaba librando una guerra con toda su brutalidad ances
el emplazamiento de tra-líSmoke y Shorty se cruzaron, procedentes de direcciones contrarias, en la esquina del bar Elkhorn. Smoke parecía contento y caminaba con energía, mientras que Shorty avanzaba despacio y encorvado,
el enemigo del mundo enteroFue en el año 1976 cuando la contienda entre el mundo y China alcanzó su apogeo, y éste fue el motivo por el que se retrasó la celebración del segundo centenario de la libertad americana. Otros mu
el filón de oroEra el corazón verde del cañón, donde las paredes se alejaban del plan rígido y aliviaban sus severas lineas formando un pequeño rincón cubierto y llenándolo hasta el borde de dulzura, redondez y
el fuego de la hogueraAcababa de amanecer un día gris y frío, enormemente gris y frío, cuando el hombre abandonó la ruta principal del Yukón y trepó el alto terraplén por donde un sendero apenas visible y escasamente t
el furtivo perdido—Pero no te aceptan las excusas. Has entrado en sus aguas y basta. Te toman preso. Adentro contigo, a Siberia y las minas de sal. Y en cuanto al Tío Sam, ¿cómo va a enterarse? A los Estados Unidos
el hijo del aguaAtendía con desgana al interminable cántico del viejo Kohokumu sobre las hazañas y aventuras de Maui, el semidiós prometeico de la Polinesia, quien pescó la tierra seca de las profundidades oceáni
el hijo del loboEl hombre raras veces hace una evaluación justa de las mujeres, al menos no hasta verse privado de ellas. No tiene idea sobre la atmósfera sutil exhalada por el sexo femenino, mientras se baña en
el hombre de la cicatrizJacob Kent había sentido avaricia todos los días de su vida. Esto, a su vez, había engendrado una desconfianza crónica y su mente y su carácter se habían vuelto tan perversos, que era un hombre de
el hombre de la otra orillaAntes de que Smoke Bellew delimitara el absurdo emplazamiento de Tra-Lí, creara el histórico monopolio de huevos que estuvo a punto de arruinar la cuenta bancaria de Charley Aguas Rápidas o ganase
el hombrecillo—Ojalá no fueras tan tozudo —objetó Shorty—. Ese glaciar me da miedo. Nadie debería enfrentarse a él solo. Smoke se rio, contento, y observó la reluciente superficie del diminuto glaciar que ocupa
el ídolo rojo¡Helo allí! Era un estallido sonoro que, de súbito, agitó por el espacio sus alas. Contando, con el reloj a la vista, la duración de la nota sostenida, Bassett recordaba la trompeta del arcángel a
el inevitable hombre blanco—Mientras el negro sea negro y el blanco sea blanco, ni el blanco entenderá al negro, ni el negro al blanco. Así hablaba el capitán Woodward. Nos hallábamos en Apia, sentados en el salón de la tab
el labrador del mar—Esa debe ser la lancha del médico —dijo el capitán MacElrath. El práctico del puerto gruñó, mientras el capitán observaba con su catalejo desde la lancha el brazo de arena de más allá de Kingston
el llamado de la selvaCAPÍTULO 1 La vuelta al atavismo Buck no leía los periódicos, de lo contrario habría sabido que una amenaza se cernía no sólo sobre él, sino sobre cualquier otro perro de la costa, entre Puget Sou
el maestro del misterioLa desolación imperaba en la aldea. Las mujeres no cesaban de lamentarse con su voz aguda. Los hombres esbozaban una expresión mohína y descontenta y los mismos perros vagabundeaban de un lado a o
el matrimonio de lit-litCuando John Fox llegó a un país en el que el whisky se congela por completo y puede usarse como pisapapeles durante la mayor parte del año, lo hizo sin los ideales e ilusiones que suelen entorpece
el mexicanoI NADIE CONOCÍA SU HISTORIA, y mucho menos los de la Junta. Era su «pequeño misterio», su «gran patriota» y a su manera trabajaba tanto por la futura Revolución Mexicana como cualquiera de ellos.
el orgullo de aloysius pankburnI Aunque era rápido en detectar la promesa de aventuras y siempre estaba preparado para que algo inesperado surgiera tras la siguiente palmera, David Grief no recibió advertencia alguna la primera
el padre pródigoI Josiah Childs era el hombre más normal del mundo. Tenía la apariencia de lo que era: un comerciante próspero. Llevaba un traje de sesenta dólares —el traje normal del comerciante— y confortables
el paganoNos conocimos bajo los efectos de un huracán. Aunque los dos íbamos en la misma goleta, no me fijé en él hasta que la embarcación se había hecho pedazos bajo nuestros pies. Sin duda, lo había vist
el rey de los griegosAlec el Fuerte nunca se había dejado coger por la patrulla de la pesca. Se vanagloriaba de que no le cogeríamos vivo, y contaba a todo aquel que quisiera escucharle que, de todos los que habían in
el sabor de la carneAl principio fue Christopher Bellew. Para cuando llegó a la Universidad se había convertido en Chris Bellew. Más tarde, entre la pandilla bohemia de San Francisco, lo llamaron Kit Bellew. Y al fin
el sheriff de konaEs imposible que a alguien no le guste este clima —dijo Cudworth en respuesta a mi panegírico de la costa de Kona—. Llegué aquí muy jovencito. Acababa de salir de la universidad. De eso hace dieci
el silencio blanco-Carmen no durará más de un par de días. Mason escupió un trozo de hielo y observó compasivamente al pobre animal. Luego se llevó una de sus patas a la boca y comenzó a arrancar a bocados el hielo
el sueño de shorty—Tiene gracia que nunca juegues —le dijo Shorty a Smoke una noche en el Elkhorn—. ¿No lo llevas en la sangre? —Sí —respondió Smoke—, pero también llevo las estadísticas en la cabeza. Quiero que mi
el vagabundo y el hadaI Tendido de espaldas dormía con sueño tan pesado y profundo que no le despertaban en absoluto los ruidos —el martilleo de los pasos de los caballos y los gritos de los carreteros— que llegaban de
el valor de las mujeresUna cabeza lobuna de ojos nostálgicos y cubierta de escarcha apartó la puerta de la tienda. —¡Eh, Chook! ¡Condenado! ¡Chook, hijo de Satanás! —se quejaron los que la ocupaban. Bettles le dio un go
el “francis spaight”Un relato auténtico El Francis Spaigth navegaba con solo las velas altas cuando ocurrió. No fue a causa de un descuido de la tripulación, sino a su falta de disciplina y al hecho de que, en el mej
en el origen del mundoI Era un hombre tranquilo y dueño de sí mismo que se había sentado un momento en lo alto del muro para sondear la húmeda oscuridad en busca de señales del peligro que pudiese esconder. Pero su oíd
en la bahía de yeddoAnte lo cual el dueño del restaurante levantó los brazos indignado y chilló: —¡Veinticinco sen! ¡Veinticinco sen! ¡Paga ya! Se había reunido toda una multitud, y las cosas se le estaban poniendo a
en la estera de makaloaA diferencia de las mujeres de otras tierras calientes, las de Hawai envejecen digna y noblemente. Sin el engaño de los afeites ni el ocultamiento astuto de los efectos del tiempo, la que se halla
en los bosques del norteTras un agotador viaje más allá de los últimos matorrales y sotos dispersos, en lo más profundo de los páramos donde el mísero Norte reniega del planeta, se encuentran grandes extensiones de bosqu
en un país lejanoCuando un hombre viaja a un país lejano debe prepararse para olvidar muchas de las cosas que ha aprendido y para adquirir las costumbres inherentes a la vida del nuevo país. Debe abandonar los vie
fin de la historiaI La mesa era de tablas de pícea cortadas a mano y los hombres que jugaban al whist tenían dificultades para realizar sus artimañas sobre la superficie irregular. Aunque iban en camiseta, sus rost
finisAquel era el último trozo de tocino que le quedaba a Morganson. Jamás en su vida había mimado a su estómago. En realidad, su estómago había sido una especie de cantidad insignificante que le moles
hijo del solI El Willi-Waw se encontraba en el paso situado entre el arrecife de la orilla y el exterior. Desde allí llegaba el tenue murmullo de un oleaje indolente, pero la extensión resguardada de agua —no
incursión contra los ostreros furtivosEntre los diferentes jefes a cuyas órdenes estuvimos Le Grant y yo como patrulleros, el más apreciado era sin duda Neil Partington. Honrado y valeroso, exigía una estricta obediencia, pero al mism
jan, el impenitenteJan Rodó, arañando y dando patadas. Ahora peleaba con manos y pies, y lo hacía con determinación, en silencio. Dos de los tres hombres que estaban encima de él se gritaban instrucciones el uno al
keesh, el hijo de keesh—Así que yo te daré seis mantas, bien calientes y dobles; seis limas largas y resistentes; seis cuchillos Hudson Bay, largos y afilados; dos canoas, salidas de las manos de Mogum, el Hacedor de Co
koolau y el leproso—Nos privan de la libertad porque estamos enfermos. Hemos acatado la ley. No hemos hecho nada malo. Y, sin embargo, nos encierran en una prisión. Molokai es una cárcel. Vosotros lo sabéis. Ahí ten
la carneSoplaba un buen vendaval y Smoke Bellew avanzaba contra el viento a lo largo de la playa. A la luz gris del alba se veía a los hombres estibar una docena de barcas con los valiosos equipos portead
la carrera por la número tres—¡Ja! ¡Míralo, vestido de gala! Shorty observó a su socio simulando desaprobación y Smoke, intentando en vano borrar las arrugas de los pantalones que acababa de ponerse, se sintió molesto. —Te qu
la casa de mapuhiNo obstante la pesada torpeza de sus líneas, el Aorai maniobró fácilmente en la brisa ligera, y su capitán lo condujo hacia adelante antes de virar apenas fuera del oleaje. El atolón de Hikueru —u
la casa del orgulloPercival Ford no entendía qué hacía ahí. No sabía bailar y, aunque conocía a todos los presentes, tampoco sentía demasiada simpatía por los militares, que se deslizaban girando por el amplio lanai
la cuenta pendiente de swithin hallI Con una última y prolongada mirada al ininterrumpido círculo de mar, David Grief se bajó de la cruceta y descendió, despacio y abatido, por la flechadura hasta cubierta. —El atolón Leu-Leu se ha
la enfermedad de jefe solitarioEsta historia me la contaron dos ancianos. Nos sentábamos bajo el humo de un fumigador de mosquitos al fresco del día, es decir, a medianoche, y de vez en cuando, en medio del relato, aplastábamos
la esposa indiaSi yo fuese hombre… —Las palabras de la mujer no eran concluyentes en sí mismas, pero los destellos de mordaz desprecio que lanzaban sus ojos negros no pasaron inadvertidos entre los hombres que o
la estirpe de mccoyComo el casco metálico del Pyrenées estaba muy hundido en el agua, a causa de su carga de trigo, el barco se debatía torpemente, por lo cual, al hombre que llegaba en una canoa indígena, le result
la eternidad de las formasCon el fallecimiento del señor Sedley Crayden, de Crayden Hill, una extraña vida ha concluido. Afable e inofensivo, fue víctima de un insólito delirio que lo mantuvo pegado a su silla, día y noche
la fe de los hombres—Te repito que jugar un poco —dijo uno de aquellos dos hombres. —No está mal —contestó el interpelado, volviéndose, al hablar, hacia el indio que en un rincón de la cabaña, remendaba unos zapatos
la fuerza de los fuertesEl viejo Barba-larga hizo una pausa en su relato, chupó sus dedos llenos de grasa y los limpió sobre su costado dejado al descubierto por el fragmento usado de piel de oso que constituía su único
la gran incógnitaI Cuando menos, la carrera de la señora Sayther en Dawson fue meteórica. Llegó en primavera, con trineos, perros y voyageurs francocanadienses, tuvo un éxito extraordinario durante un mes escaso y
la guerraI Era un joven que apenas debía rebasar los veinticuatro o veinticinco años, y la manera en que montaba a caballo hubiera hecho resaltar la gracia indolente de su juventud si un cierto aire inquie
la hija de la aurora—Tú, ¿cómo llamarte…? Hombre vago. Tú, hombre vago, deseas tenerme de esposa. Pero no. Nunca, no, nunca, será hombre vago mi esposo. Así expresaba su opinión Joy Molineau a Jack Harrington, igual
la historia de keeshKeesh vivió hace mucho tiempo a la orilla del océano polar, fue jefe de su tribu durante muchos años de prosperidad, y murió rodeado de honores y bendecido por todo su pueblo. Vivió hace tanto tie
la historia del hombre leopardoHabía en sus ojos una mirada distraída, perdida, y su voz triste, insistente, dulce como la de una doncella, parecía la representación apacible de una melancolía profundamente arraigada. Era el ho
la huelga generalMe desperté una hora antes de lo habitual. Este hecho, por sí solo, era extraordinario; y permanecí completamente despierto, reflexionando sobre ello. Algo pasaba, algo no iba bien, aunque no sabí
la invasión sin paraleloFue en el año 1976 cuando la contienda entre el mundo y China alcanzó su apogeo, y éste fue el motivo por el que se retrasó la celebración del segundo centenario de la libertad americana. Otros mu
la ley de la vidaEl viejo Koskoosh escuchaba ávidamente. Aunque no veía desde hacía mucho tiempo, aún tenía el oído muy fino, y el más ligero rumor penetraba hasta la inteligencia, despierta todavía, que se alojab
la leyenda de jees uckLa renuncia, aunque tiene múltiples variantes, en el fondo es siempre igual. Pero, paradójicamente, hombres y mujeres renuncian a la cosa más querida del mundo por otra más querida aún. Siempre ha
la liga de los ancianosEn los cuarteles un hombre iba a ser condenado a muerte. Se trataba de un viejo, un nativo del río Pez Blanco, que desemboca en el Yukón debajo del lago Le Barge. Todo Dawson estaba pendiente del
la muerte de ligoun—Escucha ahora cómo murió Ligoun… El orador se detuvo en plena frase y me echó una mirada de entendimiento. Alcé la botella entre nuestros ojos y el fuego de la hoguera, indiqué con el pulgar hast
la peste escarlataI El camino, de borroso trazado, seguía lo que en otro tiempo había sido el terraplén de una vía férrea que, desde hacía muchos años, ningún tren había recorrido. A derecha e izquierda, el bosque,
la plancha—Tengo derecho a saberlo —dijo la muchacha. Su voz sonaba firme y decidida. No había en ella tono de súplica, pero, sin embargo, su determinación era de aquellas a las que se llega tras mucho supl
la princesaEn el calvero ardía alegremente una hoguera; a su lado estaba tumbado un hombre de rostro jovial, pero horrible. Este calvero, en medio de un lugar boscoso situado entre el terraplén de la vía fér
la rompiente kanakaLas turistas, bajo la pérgola de hibisco que bordea la playa del Hotel Moana, se quedaron boquiabiertas cuando Lee Barton y su esposa Ida salieron de la caseta. Y continuaron boquiabiertas mientra
la ruta de los tres solesSitka Charley fumaba su pipa y contemplaba pensativo la ilustración de la Police Gazette, sobre la pared. Durante media hora había estado observándola fijamente, y durante media hora yo había esta
la sabiduría del caminoCharley el de Sitka había logrado lo imposible. Otros indios podían poseer tanta sabiduría del camino como él, pero solo él conocía la sabiduría del hombre blanco, el honor del camino y la ley. Au
la sombra y el relámpagoCuando reflexiono, comprendo lo peculiar de aquella amistad. Uno era Lloyd Inwood, alto, esbelto, de magnífica contextura, nervioso y moreno. El otro, Paul Tichlorne, alto, esbelto, de magnífica c
la tunantaHay cuentos que deben ser necesariamente historia, tales, que no podría imaginarlos la fantasía del más fecundo narrador, y asimismo hay hombres de historia de cuyas narraciones es imposible dudar
las lágrimas de ah kimSe oía ruido y jaleo, pero no escándalo, en el barrio chino de Honolulú. Quienes se encontraban cerca se limitaron a encogerse de hombros y a sonreír con tolerancia ante el altercado, como si fues
las mil docenasA David Rasmunsen le gustaba el dinero fácil y, como muchos grandes hombres, tenía una idea fija. Por eso, cuando resonó en sus oídos la llamada del Norte, pensó en un negocio de huevos y concentr
las muertes concéntricasWade Atsheler ha muerto… ha muerto por mano propia. Decir que esto era inesperado para el reducido grupo de sus amigos, no sería la verdad; sin embargo, ni una vez siquiera, nosotros, sus íntimos,
las perlas de parlayI El piloto canaca metió la caña y el Malahini arrumbó al viento y se adrizó. Los foques gualdrapearon, resonaron los tomadores, giraron las escotas de las botavaras y la nave viró mientras las ve
las plumas del solI La isla de Fitu-Iva era el último bastión independiente polinesio en los mares del Sur. Tres factores explicaban la independencia de Fitu-Iva. El primero y segundo eran lo aislada que estaba y l
las terribles salomónNo creo que se exagere al decir que el de las Salomón es un archipiélago indómito. Por otra parte, hay sitios peores en el mundo. Pero para el novato que carece de una comprensión esencial del hom
li wan, la blanca—El sol se oculta, Canim, y el calor del día se ha ido. Así avisó Li Wan al hombre cuya cabeza quedaba oculta bajo la prenda de piel de ardilla, pero lo hizo con suavidad, como indecisa entre el d
lo inesperadoEs cosa fácil ver lo evidente, hacer lo esperado. La vida individual tiende a ser estática en vez de dinámica, y a esta tendencia la civilización la ha convertido en una propulsión, donde solo se
lo que hace recordar a los hombresFortune La Pearle aplastaba la nieve para abrirse camino, sollozando, esforzándose, maldiciendo su suerte, Alaska, Nome, las cartas y al hombre que había probado su cuchillo. La sangre caliente se
los bromistas de nueva gibbonI —Casi me da miedo llevarlo a Nueva Gibbon —dijo David Grief—. No pude obtener resultados hasta que ustedes y los británicos me dieron carta blanca y dejaron el lugar en paz. Wallenstein, comisio
los de la tierra del solMandell es una aldea oscura al borde del océano Ártico. No es grande y la gente es pacífica, incluso más que la de las tribus adyacentes. En Mandell hay pocos hombres y muchas mujeres, por lo que
los demonios de fuatinoI De las muchas goletas, queches y balandras de su propiedad que curioseaban entre las islas de coral de la Polinesia, la que más quería David Grief era la Rattler, una goleta de noventa toneladas
los esbirros de midasWade Atsheler ha muerto… ha muerto por mano propia. Decir que esto era inesperado para el reducido grupo de sus amigos, no sería la verdad; sin embargo, ni una vez siquiera, nosotros, sus íntimos,
los hombres de forty mileCuando Jim Belden, el Grande, se aventuró a realizar el —en apariencia— inocuo comentario de que el hielo roto era “bastante raro”, no imaginaba a lo que llevaría. Tampoco Lon McFane, cuando afirm
los huesos de kahekiliDesde las elevadas montañas, errantes jirones de los vientos alisios balanceaban suavemente las enormes e impunes hojas de los plataneros, hacían susurrar a las palmeras y revoloteaban y murmuraba
los huesos de los antepasadosFue triste ver cómo la anciana dama volvía a ser la de antes. —El príncipe Akuli lanzó una mirada recelosa hacia un lado, donde, bajo la sombra de un kukui, una vieja wahine se acomodaba para real
matar a un hombreAunque solo estaban encendidas las tenues lamparillas de noche, ella se movía con seguridad entre las grandes estancias y los anchos pasillos, buscando en vano el libro de poesía a medio leer que
maukiPesaba ciento diez libras. Tenía el pelo ensortijado y su piel era negra. Pero de un negro muy especial. Ni azulado ni rojizo, sino tirando a ciruela. Se llamaba Mauki y era hijo de un jefe. Tenía
nam-bok, el mentirosoEs una bidarka [una embarcación portátil compuesta por un armazón cubierto de pieles de foca, utilizada entre los nativos de las islas Aleutianas y de la costa de Alaska], ¿no? Mira, ¡una bidarka
odisea en el norteI Los trineos dejaban oír su eterna queja, a la que se mezclaba el chirriar de los arneses y el tintineo de las campanillas de los perros que iban en cabeza. Pero los hombres y los animales, rendi
oro abundanteSiendo esta una historia —más real de lo que pudiera parecer— de una región minera, es de esperar que sea una narración de desdichas. Pero esto depende del punto de vista. Desdicha es un calificat
por el hombre que está en la pista-¡Échalo de una vez! -Óyeme, Kid. Esto va a resultar demasiado fuerte. La mezcla del whisky y el alcohol ya es bastante explosiva. Y si además le añades coñac, pimienta y… -¡Te digo que lo eches!
prerrogativa sacerdotalEsta es la historia de un hombre que no apreciaba a su esposa y de una mujer que lo honró en exceso al entregarse a él. Por casualidad concierne también a un jesuita del que se sabía que no mentía
rumbo oesteSiete semanas llevaba el Mary Rogers entre los 50° sur, en el Atlántico, y los 50° sur, en el Pacífico, lo que significaba que llevaba siete semanas luchando por doblar el Cabo de Hornos. Siete se
un buen bistecTom King rebañó el plato con el último trozo de pan para recoger la última partícula de gachas, y masticó aquel bocado final lentamente y con semblante pensativo. Cuando se levantó de la mesa, le
un error de la creación—¡Alto! —gritó Smoke a los perros, al tiempo que hacía fuerza sobre la vara del trineo para detenerlo. —¿Qué te pasa? —se quejó Shorty—. No hay agua bajo ese tramo. —No, pero mira esa senda que se
un hombre digno de confianzaTodos los cabos habían sido soltados y el Seattle n.º 4 estaba alejándose lentamente de la orilla. En su cubierta se apilaban la carga y los equipajes, por entre los cuales hormigueaba una he
un milagro de mujer—De todos modos, tú no te has muerto de ganas por casarte! —afirmó Shorty, continuando una conversación que había terminado unos minutos antes. Smoke, sentado sobre el borde de su manta de dormir,
un millar de muertesHabía estado en el agua aproximadamente una hora, y el frío y el cansancio, aunados al terrible calambre en el muslo derecho, me hacían pensar que había llegado mi fin. Luchando vanamente contra l
una apuesta peligrosaUna fría mañana de helada, en el gran almacén de la Compañía AC en Dawson, Lucille Arral hizo señas a Smoke Bellew para que se acercara al mostrador de mercería. El tendero se había ido de expedic
una lejana destileríaLa verdad de Thomas Stevens puede haber sido tan indeterminada como la X, y su imaginación, la de la mayoría de los hombres, elevada a la enésima potencia; pero preciso es reconocer que jamás se h
una nariz para el reyEn los tranquilos orígenes de Corea, cuando este país merecía con toda justeza su antiguo nombre de «Chosen», vivía un político llamado Yi-Chin-Ho. Seguro que ese hombre de talento no valía menos
una noche en gobotoI En Goboto, los tratantes bajan de sus goletas y los dueños de las plantaciones llegan desde costas lejanas y agrestes, y todos aceptan usar zapatos, pantalón de lona blanca y otros aspectos de l
una reliquia del pliocenoMe lavo las manos desde el principio en relación a él. No puedo avalar sus cuentos ni quiero ser responsable de ellos. Comprendan que realizo estas aclaraciones preliminares como protección de mi
¡yah! ¡yah! ¡yah!Érase un escocés gran bebedor de whisky que hacía su primera libación a las seis en punto de la mañana, y durante todo el día, con pequeños intervalos, bebía sin cesar hasta la hora de acostarse,
¿quién quiere vivir?Stanton Davies y Jim Wemple dejaron de hablar para escuchar el aumento del tumulto en la calle. Una lluvia de piedras repiqueteó y retumbó en las mosquiteras de alambre que protegían las ventanas.