raúl torres
el perroNo atardecía. No atardecía. Era el día. Un solo día, cubierto por el oro del sol del Universo. El agua brillaba a lo largo y a lo ancho de los recipientes d
el retrocesoCompactas, las gotas, golpearon una a una, segundo a segundo. Millones. A veces eran racimos y se desparramaban por el mundo de los gajos de la tela de plás
la primera invasiónEl hombre arrojó el cigarrillo a la carretera y por el retrovisor observó cómo el tabaco encendido saltó de acá para allá y después desapareció. Se pasó la
un día cualouiera en el universoEl sol parecía querer romper con la neblina. La ciudad asomaba gris allá en el horizonte. Había amanecido hacía apenas unas horas. El hombre se detuvo un mo