mónica sanguinetti
el álamoUn rato antes de lo habitual se cala la boina y sale. Le gusta pasear por la alameda en otoño, cuando las cabelleras voluptuosas de esos mástiles se tiñen de oro y cobre. Erguido, con la corteza y
el jardín del fondoTía Eugenia falleció a principios de otoño, apenas unos días antes de mi vuelta. Me dejó en herencia la casa del naranjo. Fue mi ídolo. Ídola, la llamaba yo infringiendo, en su honor, las reglas l
la escarcha«Ojalá se encuentren algún día», pensó el dueño del bar al que Antonio acudía cada mañana a disfrazar su soledad y beber sus miserias. No se le habían escapado las miradas furtivas que se propinab