mari carmen sánchez modrego
desde mi ventanaCada vez que regreso a este pueblo de viejos marineros, en el que se entremezclan antiguas calles y nuevos edificios, se me hacen lentas e inacabables las ocho plantas que conducen a casa. Arrojo
destino sin llegada—Hola, hola. ¿Hay alguien ahí? —Sí, yo. ¿Te pasa algo? —Me he quedado encerrada. ¿Puedes avisar para que me saquen de aquí? Llevo un buen rato, y no hay forma de abrir esta puerta. —El caso es que
factoría de relatosLos espíritus del sueño comienzan a acecharte. Con un rápido movimiento de mano arrojas el nórdico al final de la cama, hace calor, hoy no es un día frío y la calefacción está a tope. Apagas la lu