jean de la fontaine
dos amigosEn el mundo en que vivimos la verdadera amistad no es frecuente. Muchas personas egoístas olvidan que la felicidad está en el amor desinteresado que brindam
el asno y el perroDebemos prestarnos mutua ayuda; ley de la Naturaleza es esta. Un Asno burlose de ella, y es cosa extraña, porque el Asno suele tener buen natural. Iba por e
el asno y su mal compañeroUn caballo joven y desconsiderado caminaba felizmente junto a un asno viejo que iba muy cargado por los fardos que había cargado su amo sobre su lomo. El as
el caballo y el loboEn la estación en que los blandos céfiros hacen verdear los campos, y todos los animales dejan la madriguera para buscarse la vida, cierto Lobo divisó a un
el ciervo enfermoAllá, en el país de los ciervos, cayó enfermo uno de ellos. Acudieron inmediatamente muchos camaradas a verlo, a auxiliarlo, a consolarlo, por lo menos: imp
el ciervo y la viñaA favor de una crecida viña, como solo se ve en algunos climas, un pobre ciervo perseguido, pudo salvar oculto su preciosa vida. Los cazadores fueron despis
el cirioLas abejas provienen de la mansión de los Dioses. Las primeras se instalaron según cuentas, en el monte Himeto, y se saciaron allí de los dulcísimos tesoros
el cuervo y el zorroEstaba un señor Cuervo posado en un árbol, y tenía en el pico un queso. Atraído por el tufillo, el señor Zorro le habló en estos o parecidos términos: -¡Bue
el escultor y la estatua de júpiterGustole tanto a un escultor un magnifico bloque de mármol, que al punto lo compró. -¿En qué convertirá este mármol mi cincel? -se preguntó-. ¿Haré de él un
el gallo y el zorroEstaba de centinela en la rama de un árbol cierto Gallo experimentado y ladino: —Hermano –díjole un Zorro con voz meliflua—, ¿para qué hemos de pelearnos? H
el gallo y la perlaUn día cierto Gallo, escarbando el suelo, encontró una Perla, y se la dio al primer lapidario que halló a mano. -Fina me parece -le dijo al dársela- pero pa
el gato y la zorraEl gato y la zorra, como si fueran dos santos, iban a peregrinar. Eran dos solemnes hipocritones que se indemnizaban bien de los gastos de viaje matando gal
el gato y los ratonesUn gato, llamado Rodilardo, causaba tal estrago entre las ratas, y las diezmaba de tal manera, que ellas no osaban moverse de su cueva. Así, iban viviendo c
el glotónPara su cena, un glotón, ordena que con presteza le sirvan un esturión. Exceptuando la cabeza le come, enferma, le dan cien lavativas copiosas, y le dicen,
el halcón y el capónA veces nos llaman voces muy cariñosas; pero no hay que fiar de ellas: muchas veces acierta quien desconfía. Cierto Capón fue citado y emplazado ante el tri
el hombre maduro y sus dos noviasUn hombre de edad madura que empezaba a encanecer, juzgó que llegado había del matrimonio la vez. Como era en extremo rico, tenía dónde escoger; las mujeres
el hombre y su imagenUn Hombre enamorado de sí mismo, y sin rival en estos amores, se tenía por el más gallardo y hermoso del mundo. Acusaba de falsedad a todos los espejos, y v
el leónUn león, que era dueño de muchos prados, muchos bosques y un gran rebaño de ovejas, reinaba feliz en su territorio. Un día nació un leoncito en un lugar vec
el león y el mosquito—¡Vete, insecto ruin, engendro inmundo del fango! Así denuesta el León al Mosquito. Este le declara guerra. —¿Piensas –exclama–, que tu categoría real me as
el león y el ratónDebemos ser generosos con todos, pues en cualquier momento necesitamos la ayuda de alguien más humilde que nosotros. De esta verdad estas fábulas darán fe e
el león, el lobo y la zorraUn León decrépito, paralítico, y al cabo ya de sus días, pedía el remedio para la vejez. A los reyes no se les puede decir imposible. Envió a buscar médicos
el lobo y el corderoLa razón del más fuerte siempre es la mejor: ahora lo verán. Un Corderillo sediento bebía en un arroyuelo. Llegó en esto un Lobo en ayunas, buscando pendenc
el lobo y el perroEra un Lobo, y estaba tan flaco que no tenía más que piel y huesos: tan vigilantes andaban los perros del ganado. Encontró a un Mastín, rollizo y lustroso,
el lobo y el perro flacoHan visto en otra Fábula que por más que hizo el Pececillo, lo echaron a la sartén. Di a entender entonces que soltar lo que tenemos en la mano, con la espe
el loco vendiendo sabiduríaHuye siempre de los locos, es el mejor consejo que puedo darte. Abundan en la corte, y suelen gustar de ellos los príncipes, porque asestan sus tiros a los
el maestro y el niñoEn esta fábula intento demostrar la presunción vana de un necio: Cuando estaba jugando a las orillas del Sena, un niño cayó al agua, mas por gracia divina s
el niño y el maestro de la escuelaEn esta fabulita quiero hacerles ver cuán intempestivas son a veces las reconvenciones de los necios. Un Muchacho cayó al agua, jugando a la orilla del río
el ratón de ciudad y el de campoCierto día un Ratón de la ciudad convidó a comer muy cortésmente a un Ratón del campo. Servido estaba el banquete sobre un rico tapiz: figúrese el lector si
el ratón metamorfoseado en doncellaCayó un ratón del pico de una lechuza: yo no lo hubiese recogido; lo recogió un brahmán: no lo dificulto, porque cada país tiene usos diferentes. El ratón e
el sol y las ranasLas Ranas decidieron celebrar un consejo. Estaban muy asustadas. El Sol había dicho que iba a cambiar su rumbo. Que solo calentaría la Tierra durante seis m
el zorro de la cola cortadaUn Zorro machucho y de los más ladinos, gran destripador de pollos, gran cazador de conejos, cayó por fin en una trampa; y aun tuvo suerte, porque, al fin y
el zorro y el chivoEl señor Zorro iba acompañado de un Chivo, amigo suyo, gallardo y de torcidos cuernos, pero de muy cortos alcances. Obligoles la sed a bajar a un pozo, dond
el zorro y la cigüeñaEl señor Zorro la echó un día de grande, y convidó a comer a su comadre la Cigüeña. Todos los manjares se reducían a un sopicaldo; era muy sobrio el an
el zorro y los pavosUn árbol servía de ciudadela a unos Pavos contra los ataques de un Zorro. El pérfido rapaz dio vueltas y más vueltas a la muralla, y viendo a todos los cent
el zorro, el lobo y el caballoUn Zorro, joven todavía, pero de los más solapados, vio por primera vez un Caballo, y dijo a cierto Lobo, aún inexperto: —Ven: un animal gallardo y corpulen
febo y bóreasFebo y Bóreas vieron a un viajero, que se había armado bien contra el mal tiempo. Era a la entrada del otoño, cuando son más necesarias las precauciones; ta
gran consejo celebrado por las ratasMicifuf, gato famoso, hacía tal estrago en las Ratas, que apenas se veía alguna que otra: la mayor parte estaba en la sepultura. Las pocas que quedaban viva
júpiter y el pasajero¡Cuánto enriquecerían a los Dioses los peligros si nos acordásemos de las promesas que en ellos hicimos! Pero, pasado el apuro, nadie vuelve a pensar en lo
la alforjaAsí Júpiter dijo una mañana: -Que todo ser viviente delante se presente de mi grandeza augusta y soberana; si hay alguien de sus formas descontento que a de
la cigarra y la hormigaCantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano.
la corte del leónSu Majestad el León quiso conocer un día a todos los pueblos, de los que, por merced del cielo, era amo y señor. Envió, pues, una circular, autorizada con s
la encina y la cañaDijo la Encina a la Caña: -Razón tienes para quejarte de la naturaleza: un pajarillo es para ti grave peso; la brisa más ligera, que roza la superficie del
la gallina de los huevos de oroLa avaricia rompe el saco. Para probarlo me basta el ejemplo de la Gallina que, según cuenta el Apólogo, ponía huevos de oro. Su dueño creyó que tenía un te
la golondrina y los pajaritosUna Golondrina había aprendido mucho en sus viajes. Nada hay que enseñe tanto. Preveía nuestro animalejo hasta las menores borrascas, y antes de que estalla
la lecheraJuanita, con su cantarillo de leche, bien puesto a la cabeza sobre el cojinete, pensaba llegar sin obstáculo a la ciudad. Caminaba a paso largo, ligera y co
la lechera y el cántaro de lecheHabía una vez una muchacha, cuyo padre era lechero, con un cántaro de leche en la cabeza. Caminaba ligera y dando grandes zancadas para llegar lo antes posi
la liebre y la tortugaUna Liebre y una Tortuga hicieron una apuesta. La Tortuga dijo: -A que no llegas tan pronto como yo a este árbol… -¿Que no llegaré? -contestó la Liebre rien
la mochilaCuentan que Júpiter, antiguo dios de los romanos, convocó un día a todos los animales de la tierra. Cuando se presentaron les preguntó, uno por uno, si creí
la muerte y el desdichadoUn Desdichado llamaba todos los días en su ayuda a la Muerte. -¡Oh Muerte! -exclamaba-: ¡cuán agradable me pareces! Ven pronto y pon fin a mis infortunios.
la muerte y el desventuradoLlamaba un Desgraciado cada día en su ayuda la Muerte; “¡Cuán bella eres, señora, le decía, ven pronto a terminar mi triste suerte!” Pensó ella que acudiend
la muerte y el leñadorUn pobre Leñador, agobiado bajo el peso del trabajo y de los años, cubierto de ramaje, encorvado y quejumbroso, camina a paso lento, en demanda de su ahumad
la ostra y los litigantesUn día dos peregrinos en la arena de la playa encontraron una ostra que acababan de traer las olas; devorábanla con los ojos, señaláronla con el dedo; pero
la perra y su compañeraHallábase una Perra de presa en estado interesante, y no sabiendo dónde cobijarse para salir de él, consiguió de una compañera que le dejase entrar en su cu
la rana y el ratónMuchas veces, quien trata de engañar a otro, se engaña a sí mismo. Un Ratón, lucido y panzudo, que no conocía Adviento ni Cuaresma, solazábase a orillas de
la rata de la villa y la del campoDe la villa una Rata cierto día a una amiga del campo convidaba, con mucha cortesía, y restos de volátiles le daba. Sobre una alfombra turca preparado se en
la ternera perdidaPerdió un hombre del campo una ternera, y fue a buscarla al bosque más cercano, do subió a la copa de una higuera para ver a lo lejos, en el llano. Llegó en
la tortuga y los dos patosEra una Tortuga, ligera de cascos, que cansada de su escondrijo quiso ver mundo. Correr tierras extrañas halaga mucho, y los más cojos suelen ser los que me
la venus callipygaHubo en la Grecia dos siracusanas, que tenían un trasero portentoso; y, por saber la cual de las hermanas lo tenía más gentil, duro y carnoso, desnudas se m
la zorra y la cigüeñaSintiéndose un día muy generosa, invitó doña zorra a cenar a doña cigüeña. La comida fue breve y sin mayores preparativos. La astuta raposa, por su mej
las alforjasDijo un día Júpiter: -Comparezcan a los pies de mi trono los seres todos que pueblan el mundo. Si en su naturaleza encuentran alguna falta, díganlo sin empa
las exequias de la leonaMurió la esposa del León: todos acudieron para cumplir con el príncipe, abrumándolo con esas frases huecas de consuelo, que son un recargo al dolor. Diose a
las ranas pidiendo reyCansáronse las ranas de vivir en República, y tanto clamaron, que Júpiter les dio la monarquía que solicitaban. Hizo caer del cielo un rey tan pacífico, que
los dos amigosAlcibiades y Axioco, compañeros de cuerpo juvenil, bello y fornido, concertaron sus ansias, y pusieron semillas de su amor en igual nido. Sucedió que uno de
los dos amigos verdaderosAllá, muy lejos en Monomotapa, había dos amigos verdaderos. Todo lo que poseían era común entre ellos. Esos son amigos; no los de nuestro país. Una noche qu
los dos mulosAndaban dos Mulos, anda que andarás. Iba el uno cargado de avena; llevaba el otro la caja de recaudo. Envanecido este de tan preciosa carga, por nada del mu
los dos pichonesQueríanse tiernamente dos pichones, pero el uno de ellos se aburría de casa, y tuvo la insensata ocurrencia de hacer un largo viaje. Díjole el compañero: -¿
los ladrones y el asnoPor un borrico robado dos ladrones se batían; uno deseaba guardarle, otro venderle quería. Mientras sendos puñetazos se cruzan y multiplican, y que los dos
los ladrones y el jumentoPor un Jumento robado se peleaban dos Ladrones. Mientras llovían puñetazos, llega un tercer Ladrón y se lleva el Borriquillo. El Jumento suele ser alguna mí
los ratones y el búhoNo digas nunca: «Oye este chiste; escucha este caso portentoso.» ¿Quién sabe si a los que atiendan les caerá en gracia? Pero esto no reza con lo que voy a c
los zánganos y las abejasPor la obra se conoce al obrero. Sucedió que algunos panales de miel no tenían dueño. Los Zánganos los reclamaban, las Abejas se oponían. El pleito llegó al
nada con excesoNadie procede con la debida moderación: en todas las cosas hay que guardar ciertamente temperamento. ¿Lo hacemos así? No: siempre pecamos por carta de más o
simónides preservado por los diosesNunca alabaremos bastante a los Dioses, a nuestra amante y a nuestro rey. Malherbe lo decía, y suscribo su opinión: me parece una excelente máxima. Las alab
sor juanaParió sor Juana, en sazón, y muy contrita, ayunaba, y siempre rezando estaba, con sin igual devoción. -Ved -dijo en cierta ocasión la abadesa, muy ufana- ve