c. j. bonn
aniversarioNo le gustaba para nada el arreglo floral con calas blancas. Todos decían que las calas eran para los muertos, y era verdad. También era verdad que, a fin d
final del túnel—¡No me puedes negar otro Martini! —le gritó Iñaki a la dependienta. Estaba ofuscado. Ella no se inmutó. Los ladrillos a la vista de aquel restaurante le re
vicioDejé de fumar. Y no porque el médico me lo hubiera indicado, de eso ya estaba harto. Tampoco porque mi mujer y mis hijos me lo rogaran en cuanto tuvieran op