País Relato - Autores

c. j. bonn

vicio

Dejé de fumar. Y no porque el médico me lo hubiera indicado, de eso ya estaba harto. Tampoco porque mi mujer y mis hijos me lo rogaran en cuanto tuvieran oportunidad aún con llanto y moco. Simplemente lo hice.
Siempre les dije a todos que si quería, podía. Si no lo hacía era tan solo porque no me daba la gana.
Por las noches, cuando la tos era prácticamente convulsa y algunos puntitos carmesí dibujaban mi almohada, pensaba: «¿por qué no dejaré de una buena vez este maldito cigarro?», pero luego, por las mañanas, esa idea me parecía tan ridícula como la de dejar de ver fútbol.
Ya lo decía mi padre: «de algo hay que morir». Además, a fin de cuentas, había cosas peores que el cigarro. Marta le ponía doble ración de sal a las comidas y mi hijo Bruno andaba en su motocicleta a más de ciento ochenta.
Pero, como puede verse, dejé de fumar y la verdad es que se siente bien, uno se siente más libre. Es por eso que agradeceré a todos aquellos que intentaron persuadirme ni bien me quite esta costura de mis labios y consiga abrir esta tapa.