bernard malamud
ángel levineManischevitz, un sastre, sufrió muchos reveses e indignidades en su año cincuenta y uno. Anteriormente hombre de situación acomodada, de la noche a la mañana perdió todo lo que tenía cuando su est
el barril mágicoLeo Finkle, estudiante rabínico en la Universidad Yeshivah, vivía no hace mucho en la parte alta de la ciudad de Nueva York, en un cuartito modesto pero lleno de libros. Tras seis años de estudios
el caballo parlanteP. ¿Soy un hombre dentro de un caballo o un caballo que habla como un hombre? Supongamos que hicieran una radiografía, ¿qué verían, el luminoso esqueleto de un hombre postrado dentro de un caballo
el hombre en el cajónUn débil «shalom» fue lo que me pareció oír, pero teniendo en cuenta los rasgos eslavos del conductor, no parecía probable. El hombre me había estado observando por el retrovisor desde que me subí
el pájaro judíoLa ventana estaba abierta y el delgado pájaro voló al interior. Aleteando con sus agotadas alas negras. Así funcionan las cosas. Está abierto, y uno entra. Cerrado, quedas fuera y asumes tu destin
el retiradoÚltimamente le había dado por estudiar su vieja gramática griega de hacía cincuenta años. Leía el Bulfinch pero quería volver a leer La Odisea en griego. Su vida había dado un cambio. Estos días d
el sombrero de rembrandtRubin, con un descuidado sombrero blanco de paño o una gorra blanda redonda y sin visera, comoquiera que uno lo describa, subió con pensamientos inexpresados o inexpresivos la escalera desde su es
idiotas primeroEl repetido tictac del reloj de lata se paró. Mendel, amodorrado en la oscuridad, se despertó asustado. Le volvió el dolor al escuchar. Se estiró en sus frías y amargadas ropas y tardó varios minu
la cartaTeddy está junto a la verja sosteniendo su carta. Los domingos por la tarde Newman se sentaba con su padre en un asiento blanco de la sala abierta. El hijo había traído una tarta de piña pero el v
la corona de plataGans, el padre, yacía moribundo en una cama de hospital. Distintos doctores habían dicho distintas cosas, sosteniendo distintas teorías. Se habló de una operación exploratoria pero pensaron que es
la cuentaAunque la calle se encontraba en las cercanías de un río, estaba cercada de tierra y era estrecha, una hilera torcida de viejos edificios de ladrillos para vivienda. Un niño que lanzara su pelota
la modeloA primera hora de la mañana, Ephraim Elihu llamó por teléfono a la Liga de Estudiantes de Arte y le preguntó a la mujer que cogió el teléfono si podía facilitarle el contacto de una modelo con exp
lectura de un veranoGeorge Stoyonovich era un muchacho de la vecindad que había dejado la secundaria, por un capricho, cuando tenía dieciséis años; le faltó paciencia y, aunque le daba vergüenza confesarlo, cada
los zapatos de la sirvientaLa sirvienta le había dejado sus señas a la mujer del portero. Dijo que buscaba trabajo fijo y que tomaría cualquier cosa, pero que prefería no trabajar para una vieja. Sin embargo, si no había má
me vas a matarMarcus era sastre, desde mucho antes de la guerra. Un hombre exuberante, de gran melena ya gris, cejas finas y frágiles y manos benevolentes, que, relativamente tarde en la vida, consiguió estable
mi hijo el asesinoSe despierta sintiendo que su padre está en el pasillo, escuchando. Le escucha cuando duerme y sueña. Le escucha cuando se levanta y busca a tientas los pantalones. Cuando no se pone los zapatos.
notas de una dama durante una cenaMax Adler, de paso por la ciudad en noviembre, había telefoneado a su antiguo profesor de arquitectura, Clem Harris, y en seguida había sido invitado cordialmente a cenar aquella noche en su casa