PAIS RELATO

Libros de thomas bernhard

Autores

thomas bernhard

olvido

En el Hotel Saski de Varsovia, en el que he vivido varias veces, se alojan siempre los extranjeros más interesantes y, por esa razón, siempre he ido al Hotel Saski y no al Bristol o al Europejski, que me han decepcionado siempre. Una noche, hacia las doce ya, cuando estaba totalmente solo en el salón de abajo, se sentó un señor a mi mesa y me contó lo siguiente: hacía unas dos horas había salido del hotel, para tomar un autobús hasta Wilanow, en donde estaba citado con un hombre de negocios en las proximidades del palacio real; odiaba los taxis, y por esa razón y no porque fuera más barato, viajaba siempre en autobús. Los autobuses polacos, me dijo enseguida con tal motivo, eran los más agradables del mundo entero, y cualquiera que fuera el número de personas que se apretujaran en ellos, la atmósfera era siempre en ellos de lo más puro. En general, amaba a Polonia más que a cualquier otro país, lo que comprendo, porque tampoco para mí hay otro país más querido en Europa. Él era natural de Silesia, pero tenía pasaporte canadiense y, probablemente, tenía siempre la costumbre de expresarse alternativamente en alemán y en inglés, forma de hablar que siempre he encontrado atractiva y estimulante. Sin embargo, cuando el extranjero salió del Hotel Saski esa noche, como era ya su costumbre, y fue a la parada del autobús, no supo de pronto qué era lo que hacía en la calle, y entonces volvió al Hotel Saski. Sin embargo, como tampoco recordaba en absoluto por qué había salido del hotel y había ido a la parada, no pudo tranquilizarse en el hotel, y salió otra vez del Hotel Saski y anduvo luego dos horas en torno al Hotel Saski. Hacía unos diez minutos había recordado otra vez de pronto que quería ir a Wilanow, para reunirse con el hombre de negocios ya mencionado. Ahora, sin embargo, era demasiado tarde para ir a Wilanow y había decidido volver al hotel, sentarse en el vestíbulo y tomarse un whisky. Todavía estaba muy excitado por el incidente, me dijo, y encargó dos whiskys, uno para él y otro para mí.