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thomas bernhard

legado

Para el mismo pintor del que acabo de hablar hizo construir mi bisabuelo, cerca de Henndorf, un estudio grande y, para las ideas de entonces, sensacionalmente equipado, en el lugar que pudo elegir por sí mismo el pintor, a una altura sobre el Wallersee donde reinan las condiciones de luz más favorables para un pintor. Sólo con el dinero que costó ese estudio, así decían mis parientes una y otra vez, se hubiera podido comprar y modernizar muchas granjas. Poco después de terminado el estudio, aquel para el que, como ya he contado, había sido construido se fue a Sudamérica y desapareció, y fue declarado fallecido, y el estudio perdió su destino propio. Sin duda fue siempre admirado, como me dijeron con frecuencia, porque en esa comarca campesina sin cultura era una atracción absoluta, pero finalmente fue abandonado a su ruina total. Durante mucho tiempo, al parecer, los campesinos de la comarca, emparentados todos de algún modo con nosotros, encontraron aplicación para las pinturas pintadas por el pintor emigrado a Sudamérica por la razón que fuera, unos lienzos gigantescos en los que pintó siempre únicamente su imagen muy personal de Jesucristo, en calidad de, así llamados, toldos de carro, para lo que, como puede imaginarse, se prestaban admirablemente. Por supuesto, esos lienzos, en calidad de toldos de carro, sólo eran fijados por los campesinos a sus carros con Cristo hacia dentro.