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thomas bernhard

la pantera

Los domadores polacos son conocidos por no cometer errores. Sin embargo, se ha sabido ahora un caso en el que un domador polaco cometió un error. El domador Lutoslawsky, al que se había podido ver ya en el circo Krone y en el circo Sarassani, invitó en Cracovia, su ciudad natal, después de haber hecho su famoso número de las panteras, al alcalde de Cracovia, que se sentaba en la primera fila, a que hiciera para él el número de las panteras, en cuyo punto culminante la pantera más hábil saltaba a través de un aro en llamas. Lutoslawsky estaba acostumbrado a que, hasta entonces, todos los que invitaba a ese tour de force suicida rehusaran, como es natural, con lo que siempre acababa el número de las panteras y empezaba el siguiente, el del burro parlante. Sin embargo, el alcalde de Cracovia, para sorpresa de todos y espanto del domador, aceptó la invitación, entró en la jaula de las panteras e hizo que Lutoslawsky le diera el látigo y, mientras Lutoslawsky, de espaldas a la reja, observaba la escena, hizo con las panteras exactamente el mismo número que Lutoslawsky. Al público le pareció que, con el alcalde de Cracovia, el número era mucho más excitante aún y mucho más artístico aún que con Lutoslawsky y, como se dice siempre en esos casos, dedicó a su alcalde una interminable ovación, mientras silbaba a Lutoslawsky. De pronto, en medio de esa ovación, las panteras, que hasta entonces se sentaban tranquilamente en sus taburetes, se precipitaron sobre Lutoslawsky y, ante los ojos del espantado público, lo destrozaron por completo. Por qué no se precipitaron sobre el alcalde que, totalmente respetado por las panteras, pudo ponerse a salvo, es lo que se preguntan los periódicos polacos.