la moza
La semana pasada vimos cómo cinco vacas, una tras otra, se precipitaban contra el expreso con el que tuvimos que volver a Viena, resultando totalmente despedazadas. Después de haber limpiado la vía el personal del tren e incluso el maquinista, que acudió con un zapapico, el tren continuó su viaje tras una detención de unos cuarenta minutos. Al mirar por la ventanilla, pude ver a la moza que corría llorando hacia una granja envuelta en el crepúsculo.