la costurera
Gruber, el adivino de Wels, fue muerto por el empresario de transportes al que predijo que su mujer moriría antes del nuevo año. El empresario de transportes, con el pretexto de mostrarle su futura vivienda, lo atrajo a su nueva casa de Lichtenau, lo mató y, con sus propias manos, lo emparedó en un, así llamado, pasillo ciego del sótano. Ante el tribunal, el empresario de transportes confesó que ya en marzo había decidido matar a Gruber, el adivino, si su mujer vivía aún después de Navidades. Entre el día de San Sebastián y la víspera de Año Nuevo se las arregló para que Gruber fuera una hora a su casa, a fin de brindar con él por el Año Nuevo y de que viera las ideas que había realizado en su nueva construcción. Se califica a Gruber de ingenuo y al empresario de transportes de taimado. Breitenegger, el célebre forense de Viena, después de, al fin y al cabo, ocho semanas, pudo determinar al minuto el momento en que se produjo la muerte de Gruber. El empresario de transportes mantenía desde hacía años una relación con una costurera de Leonding.