dos hermanos
Dos hermanos siguieron en su vida una evolución que, como es natural, correspondía a sus disposiciones, y tomaron caminos opuestos y, por lo tanto, con el tiempo, totalmente separados. Nosotros quisimos a los dos y, durante decenios, observamos realmente con atención sus cualidades, las del filósofo y las del comerciante, y siempre, en épocas determinadas, nos sentimos atraídos por esas cualidades y luego otra vez repelidos, unas veces más por lo filosófico de uno, y otras veces más por lo comerciante del otro. Cuando todos tuvimos más de treinta años, de pronto no pudimos pensar ya en restablecer la intimidad de nuestra relación, y los perdimos de vista a los dos. Finalmente, supimos de la importancia y la fama de nuestros antiguos amigos y del hecho de que precisamente esa importancia y esa fama los habían separado, aislándolos con el paso del tiempo. Realmente, el uno no vivía más que exclusivamente para su filosofía, y el otro para sus negocios. Cuando el primero murió, sus parientes dijeron que se había matado trabajando. Un año más tarde, cuando murió también el segundo, se dijo que se había matado leyendo. En el punto decisivo de su vida se separaron y, cada uno en su dirección, que sólo podía ser la opuesta a la del otro, fueron de forma consecuente hacia la muerte.