cerca de sulden
Cerca de Sulden, en un hostal apartado al que, hace años, me retiré varias semanas, para ver a tan pocas personas como pudiera y tener contacto únicamente con lo más imprescindible, para lo que la comarca de Sulden se presta más que ninguna, sobre todo en atención a mis pulmones enfermos había ido al aislamiento de Sulden, que conocía de antes, el único huésped además de mí, cierto señor Natter de Innsbruck, que pretendía haber sido en otro tiempo rector de la Universidad de Innsbruck pero, por un asunto calumnioso, haber sido expulsado de su cargo y, realmente, metido incluso en la cárcel, aunque pronto se puso en claro su inocencia, me contaba cada día lo que había soñado la noche anterior. Entre otras cosas, que iba a cientos de oficinas del Tirol para obtener autorización a fin de abrir la tumba de su padre, lo que, sin embargo, le negaban, y que entonces él mismo intentaba abrir la tumba de su padre, lo que, finalmente, tras horas de esforzarse de la forma más penosa con una pala, conseguía. Quería ver a su padre una vez más. Sin embargo, me dijo, cuando abría el ataúd y quitaba realmente la tapa, en el ataúd no estaba su padre, sino un cerdo muerto. Como siempre, Natter quiso saber también en ese caso qué significaba su sueño.