al servicio del estado
En el golfo Pérsico conocimos a un bibliotecario alemán al que el Gobierno alemán, por motivos políticos, como decía el bibliotecario, trasladó de la biblioteca de la Universidad de Marburg an der Lahn a esa ciudad del golfo Pérsico. Visitamos a ese bibliotecario, de cuya existencia supimos en Shiraz, en donde vivimos varias semanas para estudiar las costumbres de los habitantes de esa ciudad persa por excelencia, en un hospital de Shiraz, y nos espantó su estado. El hombre estaba casi totalmente paralizado y apenas podía hacerse entender. Al parecer, publicó en una revista científica editada en Fráncfort un artículo contra el ordenamiento jurídico alemán y, por tal razón, fue trasladado al golfo Pérsico. Al principio, se había resignado a ello porque el golfo Pérsico le interesaba y porque creyó que podría dedicarse allí a estudios científicos. Sin embargo, el clima del golfo Pérsico, que era realmente un clima mortal, dijo, lo destruyó en un plazo brevísimo y en fin de cuentas, lo aniquiló. Su mayor equivocación, dijo, había sido entrar en el llamado servicio del Estado, eso había significado para él nada más que su destrucción sistemática, primero su destrucción intelectual y, finalmente, también su destrucción física. Quien entraba al servicio del Estado, por la razón que fuera y en el puesto que fuera, era destruido y aniquilado, nos dijo. Había dirigido cientos de solicitudes al Gobierno alemán, para que, como se expresó hablando con nosotros, lo sacara de aquel infierno del golfo Pérsico, pero todas sus solicitudes quedaron sin respuesta. De forma totalmente deliberada, nos dijo, había sido empujado a la muerte por el Estado al que había querido servir pero al que, una sola vez, se había permitido criticar. No pudimos ayudar al bibliotecario. Cuatro días después de nuestra visita nos enteramos de su muerte. Tres semanas después, el Gobierno alemán, como pudimos comprobar personalmente, publicó una esquela en el Frankfurter Allgemeine Zeitung en la que lamentaba el fallecimiento del bibliotecario. El servicio del Estado aniquila al que entra en él. Cualquiera que sea el señor del Estado al que se sirva, se sirve a un mal señor.