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rumi

la amada

Había una vez un enamorado notable por su constancia. Había pasado años con la esperanza de reunirse con su amada. Ahora bien, un día, su amada le dijo:
«¡Ven a reunirte conmigo esta noche, que he preparado una gran fiesta para ti!».
Lo citó en un lugar convenido y añadió:
«Espérame hasta medianoche y vendré sin que tengas que llamarme».
El enamorado se alegró tanto que distribuyó limosnas, carne y pan entre los pordioseros. Después corrió al lugar que su amada le había indicado y se puso a esperar…
Cuando cayó la noche, llegó su amada, fiel a su palabra. ¡Descubrió a su amado dormido! Recortó un trozo de tela de su vestido y lo puso en el bolsillo de su enamorado con unas cuantas nueces.
Cuando, al amanecer, el enamorado descubrió las nueces y la tela en su bolsillo, exclamó:
«¡Mi amada es fiel y constante! ¡Si estoy afligido, sólo yo tengo la culpa!».