Una noche, mientras que el guardián de la caravana dormía, unos ladrones vinieron a saquear los bienes de los mercaderes. Al despertar, vieron éstos que sus riquezas y sus camellos habían desaparecido y fueron a pedir cuentas al guardián. Éste les dijo:
«¡Han venido unos ladrones, disimulados bajo unas mantas y se han apoderado de todo!
—¿Pero por qué no has intervenido?
—¡Yo estaba solo y ellos eran numerosos y armados hasta los dientes!
—¡Pero si no tenías fuerza suficiente para rechazarlos, tenías que habernos llamado!
—Ellos me amenazaron con su espada diciendo: “¡Cállate o eres hombre muerto!”. Tuve tanto miedo que no pude gritar. ¡Pero, si queréis, puedo gritar ahora!».
De nada sirve recitar oraciones una vez que el maldito Satanás ha arruinado ya tu existencia.