PAIS RELATO

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roberto fontanarrosa

la mala

Pero es al pedo, viejo, cuando viene la mala viene la mala. Cuando la mano viene cambiada no hay vuelta que darle. Y yo estuve hablando con el Papita un par de días antes del partido y me decía «ando para la mierda, Negro, para la mierda».
Me contaba que hacía como siete partidos que no embocaba una pepa ni por joda, que la hinchada lo reputeaba desde que aparecía por el túnel, que ya pedían que pusieran a un pendejo de las inferiores que parece que la hace de trapo y todas esas cosas.
Vos viste cómo son las hinchadas, son unos hijos de mil putas, mirá si les habrá ganado partidos el Papita a esos guachos. El campeonato del 69 me acuerdo que se los ganó él solo. Y después una mala racha la tiene cualquiera, porque no me vas a decir que no la tiene cualquiera.
El jugador es un ser humano viejo, un ser humano como cualquier otro. Y ahora salen conque el Papita es un viejo choto, que no le sabe pegar, que panzonea en la cancha, que anda de re joda. ¡Que no le sabe pegar, fijate vos el coraje para hablar al divino pedo! ¡Que el Papita no le sabe pegar!
Mirá, yo jugué con el Papita en San Martín de Ramallo, dos años jugué con el Papita en San Martín de Ramallo. ¿Viste esas pelotas que vienen silbando, así, dando vueltitas? ¡Unos balazos sacaba el hijo de puta! Y no al bulto, te la colocaba, te juro que te la colocaba. A veces, cuando ya terminábamos la práctica, nos quedábamos los dos, a veces se quedaba también el Mono Tissera, el que jugó con vos en la Liga Corralense, al que quebraron en la final con Timbúes. Bueno, nos quedabámos los tres y el Papita me lo cantaba «arriba a tu derecha, Negro» y pum, la ponía ahí. «Abajo, a la ratonera» y pim, sacaba un guachazo seco el desgraciado, porque le pegaba cortito y andá a agarrarla.
Me hacía acordar a Peloso, el que jugó en Ñuls, ¿te acordás?, y no sé quién patearía mejor, no sé, eh, no sé.
Y ahora estos culorrotos salen con que no le sabe pegar. Hay que joderse. Que anda mal, sí, anda mal, y bueno, ¿qué mierda quieren? Es verdad, anda mal. Pero antes de empezar el partido me dijo, se acercó a saludarme y me dijo «hoy te desvirgo, Grone», y me jodía el hijo de puta. Y eso que se estaba jugando las bolas en ese partido, una final con nosotros para colmo y él sabía positivamente que si ahí no le renovaban el contrato, no sé dónde mierda iba a ir a jugar. Porque esa es la verdad, el Papita no será un viejo choto, pero tampoco es un pendejo de esos que los cuelgan en un lado y se pueden ir tranquilamente a otro. El Papita ya no está para esas cosas. Y me decía eso porque era la oportunidad para reivindicarse, como quien dice, frente a los hinchas, vos viste como es la hinchada de Maciel. Además, no te perdonan una.
O sea, yo venía con el arco invicto, trece partidos sin goles en contra y ahí nos esperaban para hacernos refucilar el orto como pudieran. A los cinco minutos, yo ya dije «cagamos», se vinieron arriba como desesperados y nos entraron a cagar a pelotazos. La defensa nuestra era un quilombo, no agarrábamos a nadie. El Pata García, que es un mariscal, vos lo viste, no cazaba un tipo ni con un gancho. Los marcadores de punta eran un desastre. ¡Dios querido, lo que era eso! Yo no sé en esos primeros diez minutos cómo no nos enchufaron dos o tres pepas. Y eso que la defensa nuestra es una señora defensa, pero yo no sé qué mierda pasaba que no parábamos ni el colectivo. Hasta que, a eso de los quince minutos, el más chico de los Grafigna, ¿viste que son tres hermanos?, el más chico de los Grafigna, al diez de ellos lo levantó como sorete en pala. ¡Una estrolada le metió el hijo de puta, mirá, que lo levantó como veinte metros y lo reventó contra el alambrado! ¡Qué quilombo se armó! La hinchada se quería meter a la cancha, por ahí medio se cagaron a trompadas el Pelado Suardi con el cinco de ellos, un quilombo.
Después se calmaron las cosas y ahí cambió el partido. El diez de ellos, que la pisa que da calambre, se fue al mazo, ellos entraron a dar, nosotros empezamos a repartir como en la guerra. Y en ese juego, a la defensa nuestra, viejo, cuando le llega el momento de poner gamba, los muchachos están felices y contentos. Termina el primer tiempo y cero a cero.
A todo esto, el Papita si había tocado dos bolas era mucho y cuando salió lo putearon, lo gayearon, de todo. Yo creí que en el segundo tiempo no lo ponían, pero salió de nuevo.
Bueno, a eso de los diez minutos, un contragolpe nuestro, gol. Si vos vieras cómo se quedaron. De nuevo se nos vinieron al humo, nos cagaron a pelotazos y por ahí le dan un fulbo al Papita. El wing izquierdo se la pone corta, el Papita hace que la va a buscar, la deja correr y lo hace pasar a uno nuestro, entonces agarra y mira a la punta derecha como para meter el cambio al wing derecho o al cuatro que subía, y así, sin mirar, saca un chanfle impresionante, pero al arco. Te juro, yo la vi venir y dije «gol», para colmo estaba adelantado y seguro que este hijo de puta me había relojeado antes de recibir la pelota. Pero mirá lo que es la mala leche de un tipo cuando anda con los botines cambiados, la guacha pegó justo en donde se juntan el palo con el travesaño. Pegó ahí, mansita, porque ni pateó el Papita, la puso, y te juro que hubiera sido un gol como para que el Papita le mostrara las bolas a toda la tribuna, como un duque, porque después de eso, basta. Pero dio en el palo. Sobre el pucho, se pianta el once de ellos, se cierra y me fusiló desde medio metro. Creo que me dio en el pecho y rebota para la derecha. El Papita llegaba solo, solo, eh, le pega mordida y la manda afuera. Me cago. Me dio una pena, viejo. Después lo miraba y veía que sacudía solo la cabeza, sin estar en juego, solo puteaba en voz baja, y se pegaba con la palma de la mano en el muslo, así, se puteaba. Faltaban dos minutos y nosotros ya estábamos clasificados. En realidad, con empatar nos clasificábamos, así que íbamos fácil. Pero no sé qué cagada se mandó el Pata, quiso cancherear una pelota fácil, se la robaron y penal. Bueno, te imaginás, se lo dieron a patear al Papita. La hinchada no quería, puteaba de lo lindo, pero el otro negrito que podía patearlo, el once, era al que le habían hecho el penal, y poco menos que lo habían sacado en cuatro pedazos. Para colmo, los muchachos lo jodían al Papita para ponerlo nervioso, ¿viste?, como siempre. Y yo me dije, ganar, empatar, acá es lo mismo. Me le acerco al Papita y medio con la excusa de sacar a los muchachos para que no lo jodieran, un poco como si yo fuera a cargarlo también, así, sonriendo, le bato «me tiro a mi derecha, Papita». Y me voy para el arco. Cuando toma carrera, me corro a la derecha, él la pone despacito al otro lado, la pelota toca el palo y se va afuera.