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roberto fontanarrosa

el símbolo auriazul de tu divisa

Azul y amarillo. A franjas finas verticales.
Un azul oscuro, pero sin ser tan oscuro como para confundirse con la de Peñarol. Y las franjas angostas, como para no confundirse con la de Atlanta.
Cuello y puños azules. Cuello redondo, generalmente. Y la franja del medio, la que pasa sobre el esternón, la franja donde se duerme la pelota cuando viene de aire, amarilla.
Estoy hablando de la camiseta clásica, por supuesto. La histórica. La que yo vi y que me mostró de cerca Marito, porque se la había regalado el Kily González.
Chiquita, si se quiere. Y de un amarillo que, con el sudor, se ponía naranja. Y no tenía tanta porquería encima. Ni marcas de empresas, ni escuditos, ni tramas ni jaspeados. El número, apenas. Y más bien chico. Tal vez demasiado ascética, para mi gusto, casi japonesa.
Hay camisetas que, como dirían los cordobeses, parecen «basura de corso». De cerca, uno aprecia miles de detalles, de elementos: vivos, ribetes, fileteados, impresos y degradé. De lejos, queda un gris informe, sucio, ilegible. «Es para evitar las imitaciones», dicen los responsables. Pronto, las camisetas se confeccionarán en la Casa de la Moneda.
Central tuvo algunas sofisticaciones. En la época de Menotti, solía salir con una camiseta en tono amarillo mostaza, con finísimas rayitas verticales azul oscuro. Eran delicadísimas, pero para ir al cine, no para jugar al fútbol. Cada tanto, en algún que otro campeonato, el azul se torna más celeste, más brillante, y la casaca luce más vistosa. O sufre ataques de revisionismo, y aparece con una camiseta de cuello en «V», cerrado no por botones, sino por cordones, como los que usaba Fogel. Pero, en materia de audacias, nada como la del diseñador técnico ítalo-argentino Miguel Ignomiriello, quien lanzó a su equipo al campo, una soleada tarde de hace una punta de años atrás, con la auriazul clásica, pantaloncitos azules de raso, medias grises y sobre la casaca, un saco azul cerrado al medio con dos botones. El Negro Néstor Lucas Cardozo, recio marcador de punta de la época, aún conserva aquella foto, y la muestra orgulloso a quien quiera verla, diciendo que es la de su Primera Comunión.