Esta tira tendrá seis viñetas, una por cada color de la bandera del arco iris. Los tonos de cada dibujo, así como la situación representada estarán en consonancia con dichos colores. Comencemos:
Viñeta número I
El color rojo. Pasión.
Dos hombres se besan apasionadamente en una habitación iluminada solamente por una lámpara de pie. Un pañuelo rojo cubre la pantalla y la luz que se arroja sobre ambos cuerpos es rojiza. La habitación, pequeña, no está apenas decorada. Tan solo se ve un cuadro en una pared. Un retrato. Una foto de bodas. Un hombre y una mujer. Jóvenes. Sonrientes. El hombre del retrato, ahora algo más mayor, con barba oscura entreverada de mechones grises, ropa demasiado ajustada y gesto ceñudo, besa con urgencia en el sofá a otro hombre, más joven, más delgado y más ilusionado que el que engaña a su mujer y se engaña a sí mismo.
Viñeta número II
El color naranja. Alegría.
Ainhoa y Esther pasean por el parque cogidas de la mano. Hace sol. Su ropa es de entretiempo. Primavera. Los árboles lucen hojas nuevas, brotes tiernos. Las flores salpican el verde de la hierba. Las chicas, veinteañeras, se miran con complicidad. Esther lleva una carpeta bajo el brazo. Hay una etiqueta en la que se lee «Trabajo de fin de máster». Ainhoa mira embelesada a su compañera por encima de unas gafas con montura de pasta de color naranja. También lleva un fular del mismo color alrededor del cuello. En un pliegue hay un nombre bordado. Solo se distingue una E y una R al final. A la espalda de ambas chicas, en una zona oscura, hay un hombre que las mira mal.
Viñeta número III
El color amarillo. Armonía.
Es verano. Se ve el mar de fondo, con el reflejo del sol dividiendo en dos las aguas, como un rayo blanquecino que separara el océano. En tierra, la playa. La arena es amarilla, muy clara, casi blanca. Los cuerpos se amontonan sobre toallas de colores, aunque predomina una claridad casi cegadora. En la parte de atrás hay un chiringuito y en la barra varios jóvenes beben cerveza. En primer plano, dos parejas y una familia. A un lado, un chico y una chica toman el sol. Ella con la mano sobre la palma de él. Al otro lado, una pareja más mayor, bajo una sombrilla de propaganda de una bebida tónica con un logo amarillo. En medio, la típica familia: papá, los gemelos y otro papá que pone crema al primer papá. Los niños juegan con las palas y los cubos mientras una señora en segunda fila critica a esta familia homoparental.
Viñeta número IV
El color verde. Naturaleza.
Podría ser la selva amazónica. La vegetación es exuberante. Unos exploradores se abren paso a machetazos. Dos fornidos muchachos usan sus machetes para hacer un pasillo a su majestad, la reina de un país septentrional. Han llegado a un claro donde una tribu observa atónita el advenimiento de la soberana y sus musculosos porteadores. Aunque más sorprendidos están los extranjeros, ya que han aparecido cuando la tribu celebraba el ritual del apareamiento. Hombres y mujeres, todos con todos, se unen carnalmente y en comunión con la naturaleza: libres, sin tabúes ni férreos códigos morales que castren su sexualidad. El sacerdote que asoma tras la reina le susurra a la soberana algo sobre evangelización.
Viñeta número V
El color azul. Lágrimas.
Alguien ha fallecido. El camposanto está cubierto por la tenue luz azulada del crepúsculo. Ante una lápida vemos arrodillada a una pareja de hombres. Tendrán cuarenta o cuarenta y cinco años. Lloran sin consuelo cogidos de la mano. Los vemos de espaldas. Uno apoya su cara sobre el hombro de su compañero, de su marido. Este abraza como puede a quien lleva siendo su amor, su compañero de vida, casi veinte años. Entre los dos cuerpos se distingue la lápida. No lloran a una persona, sino a un perro. Se llamaba Beltz, vivió dieciséis años largos y los vio irse a vivir juntos, superar retos y dificultades, lograr objetivos y quererse día a día. Ahora ellos lo añorarán siempre. Era su familia.
Viñeta número VI
Y última. El color morado. Mujer.
Se ve un cuarto de baño con azulejos violetas. Una cenefa con ramilletes de lavanda sobre fondo blanco atraviesa la pared. Frente al espejo hay una mujer maquillándose. Se pinta la sombra del ojo derecho de color morado. El otro, que mantiene abierto, observa su reflejo. Sus formas son robustas, sus facciones angulosas. Tardó muchos años en decidirse, en superar las barreras, los prejuicios y la burocracia. Sin embargo, ya puede ver en el espejo lo que siempre había sabido y sentido: que es una mujer.