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max santino

fin de semana salvaje

Llegamos a la cabaña ubicada, literalmente, en mitad de la nada. Durante todo el trayecto, ni mi padrastro ni yo hemos intercambiado ni una palabra. No es que estemos enojados ni nada por el estilo; es que apenas nos conocemos. Andrés ha comenzado a salir con mi madre hace menos de seis meses. No es mal tipo, pero no tenemos mucho en común. Además, que yo ya tengo veinticuatro años; no necesito que él juegue al padre conmigo, soy un adulto y poco me importa si mi madre ha decidido rehacer su vida.
Sin embargo, Andrés se esmera en que nosotros estrechemos nuestra relación y por eso ha insistido con que pasemos este fin de semana en la cabaña de Roberto, uno de sus mejores amigos. Por una extraña casualidad, Roberto es también el padrastro de Matías, mi mejor amigo desde la preparatoria.
Bajo del auto y veo a mi amigo Matías y a su padrastro saludándonos desde la entrada. Mientras Andrés busca nuestro equipaje del baúl, y me adelanto a saludarlos.
–¿Han viajado bien? –pregunta Roberto. Es un hombre alto y fornido, con un corte de cabello militar y enormes bíceps duros como roca que asoman por las mangas de su playera azul. Pero a pesar de su aspecto intimidante, es un tipo amable. No entiendo del todo porque a Matías le cae mal el marido de su madre. Supongo que por la misma razón que a mí me molesta la presencia de mi propio padrastro.
Pero la verdad es que secretamente, envidio a la madre de mi amigo por poder follarse a un tipazo así todas las noches.
–Sí, bien –respondo. –Gracias por invitarnos.
Trato de no sonar falso, no sé si me resulta. Pero Roberto me dedica una sonrisa confiada y yo siento un extraño cosquilleo.
–Ojala disfrutes mucho este fin de semana, Tomás. –dice el hombre, y apoya su mano derecha en mi hombro por un breve momento. No sé por qué, pero esa leve caricia me provoca un escalofrío. Veo esa mano, grande, firme y con vellos oscuros en sus nudillos, e inmediatamente imagino como se sentirán esas manos por todo mi cuerpo.
–¡Hey, Tomás! Vamos, te mostraré la cabaña –interrumpe mi amigo Matías.
Entramos a la rústica cabaña de madera mientras Roberto y Andrés se quedan charlando junto al auto. El lugar parece pequeño por fuera pero es increíblemente espacioso por dentro; con altos techos de madera y paredes de ladrillo expuesto. En el centro de la sala de estar hay un enorme hogar, el cual contrasta con el lujoso sofá y el televisor de alta definición empotrado en la pared. Hay una cocina bastante luminosa y unas escaleras que conducen al segundo piso, donde están los dormitorios.
–¡Realmente este lugar es increíble! –suspiro.
–¿Ahora estas contento de haber venido? – se mofa mi amigo.
-Un poco….-rio mientras subimos la escalera. –Aunque hubiera preferido que estemos solo nosotros dos.
Se me hace un nudo en la garganta; aquellas palabras no han salido como yo esperaba. No era mi intención flirtear con mi mejor amigo, pero es exactamente así como ha sonado. Y para mi sorpresa, Matías arquea una de sus cejas y me dedica una media sonrisita enigmática.
-A mí también me hubiera gustado eso –responde con un tono de voz definitivamente seductor.
Y no me molesta. No me molesta para nada. Mi amigo Matías siempre me ha parecido bonito, si bien no es típico tío que me resulta atractivo. Delgado, con hombros huesudos y un cuello largo. Los labios carnosos y los ojos marrones grandes y redondos. Su cabello rubio ceniza siempre despeinado y su risa contagiosa. Solo desearía que tuviera algo de barba, y un poco más de musculo. Aun así, no me molesta la idea de follarme a Matías en esta cabaña. De tan solo pensarlo siento un cosquilleo en la polla.
Llegamos al piso superior y Matías me guía por un pasillo, me muestra donde está el baño y luego me lleva hacia una puerta de madera. La abre y veo dos camas con cobertores morados.
–Ese es nuestro dormitorio –anuncia con otra sonrisa pícara.
–¿Vamos a compartir? –pregunto algo sorprendido, y necesito toda mi fuerza para que no se me ponga dura de anticipación.
–¿Te molesta? –contraataca Matías.
-No, para nada –respondo, tratando de lucir calmado.
Conocí al que ahora es mi mejor amigo en la preparatoria; los únicos dos gais de toda la escuela. Para aquel entonces, yo aún no había terminado de asumir mi sexualidad; sabía que las chicas no me atraían pero no quería admitir que me gustaban los chicos. Matías, en cambio, ya había salido del closet. Y me ayudó bastante a mí, a asumir mis verdaderos sentimientos. Nos hicimos inseparables, incluso hasta ahora que vamos a la universidad. Sin embargo, nunca ocurrió nada sexual entre nosotros.
¿Por qué? Una buena pregunta; afecto sobra entre nosotros, Matías es un chaval muy atractivo. Incluso liga más que yo en los antros. Pero supongo que siempre he preferido hombres mayores que yo, hombres masculinos y barbudos, con brazos fornidos y macizos, en lugar de la belleza caso andrógina de Matías.
Hombres más parecidos a su padrastro.
Momento ¿de dónde ha salido eso?
Los cosquilleos entre mis piernas se multiplican por mil y me siento algo incómodo por el pensamiento que acaba de cruzar por mi mente. Por suerte, Matías habla y me interrumpe.
-Esta cabaña es lo único bueno que tiene Roberto –suspira mientras se deja caer en su cama en actitud fastidiada, Instintivamente, mis ojos van a su trasero, redondito y firme, aun a través de sus tejanos.
–No seas malo. Tu padrastro parece buen tipo –digo mientras doy un vistazo por el cuarto.
-No he dicho que sea malo. Es que es tan…aburrido –suspira Matías –El tuyo, por el otro lado…
-¿Qué quieres decir? –pregunto sorprendido.
-Pues nada. Es que está muy bueno. Con esa barba negra y esos penetrantes ojos azules…-Matías se muerde el labio y yo dejo escapar una carcajada.
-Nunca lo había notado –respondo y me encojo de hombros –Yo creo que tu padrastro es el que está bueno.
-¡¿Andrés?! –ahora es Matías quien deja escapar una carcajada sonora.
-¡Oye! No te rías de mí; tú empezaste –me defiendo. Por algún motivo, mi pecho arde.
-De acuerdo, de acuerdo. Te dejare en paz así te acomodas –Matías se levanta de su cama y me deja solo en nuestro futuro dormitorio. Segundos más tarde, Andrés me grita para que le ayude a subir el equipaje y yo obedezco. Me lleva aproximadamente una hora acomodar mis pertenencias en el cuarto que compartiré con mi mejor amigo. Mientras pongo en orden mi ropa, me muerdo el labio inferior, imaginando cómo me follaré a Matías esta misma noche. La curiosidad se apodera de mí y no puedo aguantar a que transcurran las horas. Hace tanto que no follo…casi me he olvidado como se hace.
De todas formas, primero tengo que sobrevivir la cena del viernes a la noche. Roberto, el padrastro de mi amigo, ha preparado la cena. Y mis ojos han vagado por su espalda musculosa mientras lo veía trabajar en la rustica cocina de madera, y por sus manos grandes y masculina mientras manipulaba los alimentos.
¡Ojala yo tuviera un padrastro así! Pienso en tono obsceno mientras Roberto toma asiento frente a mí en la mesa. Mi propio padrastro Andrés está a su lado y Matías está sentado a mi derecha.
–Esto está delicioso –exclamo después del primer bocado. Roberto me dedica una sonrisa de agradecimiento que me hace temblar las rodillas bajo la mesa. Pero hay algo más detrás de esa mirada enigmática, un fuego que se enciende entre mis piernas ¿Acaso lo ha hecho a propósito? ¿O estoy imaginando cosas? No lo sé, pero los ojos de Roberto se deslizan por mi cuello y mi pecho, y lo veo morderse ligeramente el labio inferior. El pulso se me acelera y siento un insoportable escozor en mi polla. Dios, ¡que no se me ponga dura justo ahora, en la cena familiar del viernes!
-Pues gracias. He aprendido a cocinar en el ejército –dice el hombre, y sus ojos claros me sostienen la mirada. Apenas puedo tolerarla; ese hombre me provoca un efecto inaudito. Mis ojos se deleitan con sus bíceps fuertes, contraídos mientras apoya su codo en la mesa y se lleva el tenedor a la boca. Intento imaginar que hay debajo de esa camiseta negra ajustada, imagino el vello ceniciento de su pecho y sus pectorales formados, fuertes y planos ¿Y que habrá más abajo, entre sus piernas? ¿El vello entre sus piernas también tendrá hebras plateadas? ¿Y su polla? ¿Sera tan grande e imponente como el resto de su cuerpo? ¿Cómo se contraerá ese rostro al momento de penetrar a alguien? ¿Y qué sonidos hará? No paro de imaginar al padrastro de Matías embistiendo brutalmente dentro de mí. Seguramente, su esposa es una mujer afortunada.
-¿Y qué tal la Uni, Matías? –interrumpe Andrés, creando conversación con mi mejor amigo. Noto que Matías se ruboriza al contestar, y que su voz tiembla un poco.
-Bien, señor. Gracias –responde mi amigo. Puedo notar la calentura en su voz y me rio por lo bajo.
–¿Y tú, Tomás? ¿Qué tal los estudios? –pregunta Roberto, ya hora soy yo el que tiembla. Apenas puedo sostenerle esa mirada de acero, tan fría y tan candente al mismo tiempo.
–Bien, bien. Pero aún no he decidido el tema de mi tesis final –respondo, tratando de cortar el ambiente tan tenso. Pero no funciona.
–No te preocupes. Estoy seguro que eres un chico muy eficiente en todo lo que te propongas –me responde el padrastro de mi amigo, y yo me estremezco de nuevo. Me dedica una media sonrisa que es definitivamente seductor; no estoy imaginando cosas. –Imagino que tienes muchos talentos ocultos.
Respiro hondo; las pulsaciones en mi polla se tornan insoportables cuando ese hombre se muerde el labio inferior. Paree que me quiere follar con la mirada. Debajo de la mesa, estoy duro como una roca. El calor sube hasta mis sienes y me siento algo débil; escucho a Matías charlar con Andrés a mi lado, pero no alcanzo a distinguir sus palabras. Me duele el miembro, desesperado por que Roberto me toque, me la chupe, me folle ¿Qué hago? Deseo irme al baño y hacerme una puñeta pero si me pongo de pie todos sabrán lo duro que estoy. Mierda, y Roberto no deja de devorarme con los ojos.
En medio de la desesperación, siento la mano de Matías por debajo de la mesa. Dejo escapar un suspiro de sorpresa cuando sus dedos acarician mi polla dura por encima de mis tejanos. Disimulo mientras me abre el cierre y libera mi polla sin que nadie nos vea.
¡No puedo creerlo! Siento la mano caliente de Matías envolver mi erección y comenzar a masajearla animadamente. Miro fugazmente hacia abajo y por un segundo observo su mano subiendo y bajando, masturbándome. Miro hacia arriba de nuevo, disimulando, y encuentro una vez más los ojos celestes de Roberto fijos en mi rostro ¿Acaso se habrá dado cuenta de lo que está ocurriendo? No lo sé, pero la forma en que me mira, más las jaladas energéticas de mi amigo Matías, van a enloquecerme. Me aferro a la mesa y respiro hondo, tratando de continuar la conversación cómo si nada ocurriese. Me cuesta una barbaridad no gemir o jadear mientras el placer asciende por mi espina vertebral. Dios, la mano de Matías se siente tan bien, tan caliente tan ajustada. Y su ritmo es perfecto. No se cómo hace, pero el desgraciado charla con mi padrastro como si nada mientras me hace una puñeta debajo de la mesa. Yo necesito de todo mi talento para que no se note que me estoy corriendo.
–¿Te sientes bien, Tomas?-pregunta Roberto con su voz de barítono. Mierda, esa voz tan grave y masculina acelera mi clímax.
-Sí. Si –mascullo entre dientes mientras Matías acelera su ritmo al máximo. No puedo vitar emitir un sonido extraño mientras mi polla se contrae de placer entre sus dedos. Un relámpago golpea todo mi cuerpo y yo aprieto mis dientes para no gritar: mi semen empapa la mano de mi amigo bajo la mesa, y mi orgasmo de destruye por completo.
Como si nada hubiese ocurrido, Matías guarda mi polla entre mis pantalones y me cierra el cierre. Mientras recupero el aliento, lo veo tomar una servilleta de la mesa y limpiarse casualmente mientras habla con mi padrastro de universidades y salidas laborales.
¡Desgraciado! Me vengaré por esto, pienso para mis adentros.
-¿Seguro que te sientes bien, Tomas? –Insiste Roberto –Estas ruborizado…
-¿Qué ocurre, Tomas? –interrumpe Andrés. Matías gira su cuello y me dedica una mirada inocente; podría golpearlo ahora mismo.
-Nada…solo estoy agotado. El viaje y todo eso…incluso creo que podría tener algo de fiebre por el cambio de clima. Mejor me voy a la cama temprano –digo, y me pongo de pie despacio mientas mis piernas todavía están algo débiles por mi orgasmo.
Matías se apura a ponerse de pie también.
-Sí, yo también estoy cansado, me iré a la cama temprano también –dice mi amigo, fingiendo un bostezo.
Podría romperle la cara de un golpe, si no fuera tan bonito y yo no estuviera tan caliente. Aun después de mi orgasmo, tengo ganas de que folle.
–¿Tan temprano se van a dormir? ¿Dónde está la juventud?– ríe Andrés –Buenas noches, chicos.
Veo que Roberto y Andrés van a la cocina a prepararse café, y yo me apuro a las escaleras. Matías ya ha llegado al piso superior y está dirigiéndose a nuestro dormitorio. Los latidos de mi corazón se aceleran y para cuando llego al cuarto las cosquillas en mi polla anuncian una nueva erección ¡No puedo creer que voy a follar a mi mejor amigo!
Apenas cruzo el umbral. Matías me jala de la camiseta y choca sus labios contra los míos. Es un beso fugaz, hambriento, salvaje. Nunca imagine que Matías fuera tan agresivo, me gusta. Me aferro a su cabello rubio oscuro y muerdo sus labios. Lo escucho gemir contra mi boca y cierro la puerta de una patada. Abrazo su cuerpo delgado, el cual emite un calor agobiante. Saboreo sus labios generosos y dejo que su lengua penetre en mi boca. Nos saboreamos, nos mordemos entre besos.
-¡Eres un idiota! –le digo mientras hago una pausa para respirar -¿Cómo se te ha ocurrido hacer eso? ¡Podrían habernos visto!
-No pude evitarlo –responde Matías con sus labios inflamados por mis dientes –Hace mucho que deseaba hacerte eso…
Me besa de nuevo, y yo me rindo ante su insistencia. En menos de un segundo le he arrancado la camiseta y él me ha despojado de la mía. Se siente bien, su piel caliente contra la mía. Sigo pensando que un poco más de músculo no le vendría mal a Matías, pero esto se siente genial.
Aterrizo en su cama, sobre su cuerpo delgado. Me hundo en sus labios y acaricio su pecho plano. Siento su erección abultándose debajo de sus pantalones y no puedo aguantar a tenerla dentro de mí. Deslizo mi mano hacia abajo y la acaricio por encima de la tela, palpando su dureza.
-En tantos años que nos conocemos, nunca imaginé que la tenías tan grande –susurro contra sus labios. Matías finge estar ofendido por mi comentario y me gira sobre la cama. Ahora es el quien está encima de mí, me aprisiona con sus muslos y yo me rio. Nos besamos de nuevo, y mi polla ya está dura de nuevo. Matías muerde mi cuello y mis pezones. El calor invade todo mi cuerpo. Siento sus labios debajo de mi ombligo y sus dedos abriéndome el cierre de nuevo. Libera mi erección y la admira con ojos hambrientos. Sujeta la base con su firme mano derecha y yo arqueo mi cuerpo de placer.
-Vaya, ya estás listo de nuevo –ronronea mi amigo con una sonrisa cómplice. Yo acaricio su cabello ceniciento y él besa la punta de mi polla. Siento un estremecimiento en todo mi cuerpo y dejo escapar un gemido.
-Shh –advierte Matías -No querrás que tu padrastro te oiga ¿verdad? ¿O el mío? ¿Imaginas en que problema estaríamos?
Por algún motivo, imaginar a Roberto observando como Matías me la chupa me la pone todavía más dura. Las pulsaciones en toda la longitud de mi polla se aceleran mientras Matías desliza su lengua por ella. Suspiro de placer, y los labios de mi amigo besan mi polla desde los testículos hasta mi glande. Siento sus labios húmedos, suaves y carnosos juguetear con mi glande y me estremezco de nuevo. Cuando no puedo tolerarlo más, él se la mete en la boca. Y mierda que se siente bien. Dejo escapar un gritito mientras él la engulle casi por completo. Veo como su cabeza sube y baja con una cadencia increíble, desbordándome de placer. Sus labios envuelven mi polla y Matías la toma cada vez más profundo, como si quisiera ahogarse con ella. Siento que los latidos aumentan dentro de su boca caliente, y jalo de su cabello rubio con algo de aspereza para no correrme tan rápido.
Su boca me traga casi completo y yo me contraigo con un gemido agónico. Matías se aparta violentamente para respirar, dejando una gruesa y brillante capa de saliva sobre mi polla. Sonríe satisfecho y me masturba, rápido mientras recupera el aliento.
-Sí que tienes una buena polla –declara mi amigo con el aliento entrecortado. Veo que se prepara para metérsela en la boca de nuevo, pero yo lo jalo de los brazos y lo tumbo de espaldas en la cama.
Si me la sigue chupando, me correré en su cara. Lo cual no suena para nada desagradable, pero quiero hacer más cosas con él. Además, estoy muerto por probar su polla. Así que muerdo sus labios y torturo sus pezones con mis labios en forma apresurara. Desciendo mi rostro hacia su entrepierna y le bajo el cierre. Libero su erección y dejo escapar un silbido de admiración mientras la sostengo en mi mano.
-Es grande –digo mientras me muerdo el labio inferior. De tan solo imaginarla dentro de mí me estremezco. No le doy a mi amigo tiempo de responder; escupo en su polla y me la meto en la boca. Lo escucho gemir de placer y siento sus dedos enredándose en mi cabello. Envuelvo su grosor con mis labios y desciendo lo más que puedo, hasta casi llegar a sus testículos. Lucho contra las arcadas y vuelvo a subir. Subo y bajo a un ritmo constante, deleitándome con el calor, el sabor y la firmeza de su polla.
Matías gime mi nombre en forma agónica y yo acelero el ritmo. Hago pausas para jugar con su glande, para lamer sus testículos, y por supuesto, para respirar. Escupo el exceso de saliva y vuelvo a metérmela en la boca. Hago esto repetidas veces hasta que ninguno de los dos puede soportarlo más. Mi polla duele, Matías está jadeando como una bestia y yo no aguanto más para que me folle.
Me quito su miembro de la boca y trepo sobre su cuerpo. El me recibe con brazos abiertos y muerde mis labios. Nos besamos en forma hambrienta, mientras nuestras erecciones se rozan la una con la otra.
-Matías… -suplico contra sus labios –Hazlo de una vez…ya no aguanto más.
Pero mi amigo me responde con un gesto curioso.
-¿Qué dices? –me pregunta con una extraña sonrisa.
-No puedo aguantar a sentir tu polla en mi culo –suplico de nuevo, antes de morderle los labios con pasión. Pero Matías interrumpe el beso.
-Es que… yo no hago eso –me dice con una tímida sonrisa.
Mi deseo se transforma en rabia en una fracción de segundo.
-¿De qué estás hablando? –le espeto -¿Cómo que no haces eso?
-Es que…- Matías se muerde el labio de nuevo y confiesa con una sonrisita culpable –Estaba esperando que tú me follaras a mí.
–Yo estaba esperando que tú me folles a mí –respondo con el aliento entrecortado.
-Yo soy pasivo – insiste Matías con sus mejillas sonrojadas por la frustración. Su pecho está igual de sonrojado.
-¡Yo también! –respondo, frustrado.
Ambos dejamos escapar un suspiro de derrota y nos dejamos caer de espaldas sobre la cama. Miro el techo durante unos minutos, mientras mis pulsaciones bajan y pierdo la dureza de mi erección.
-Pues entonces sigamos siendo amigos –dice finalmente Matías. Yo asiento con la cabeza.
-De acuerdo –rio por lo bajo.
-Bien –suspira Matías –Ahora vuelve a tu cama, que de veras quiero dormir.
Ya he perdido mi erección, pero las piernas todavía me tiemblan mientras me bajo de la cama de Matías. Para cuando me he arropado bajo mis sabanas, mi amigo ya está roncando. Pero la frustración no me abandona. Es una sensación extraña; camino a esta cabaña ni siquiera tenía pensado follar con Matías, y mantener nuestra relación de amigos no me molesta en lo absoluto. De hecho, me alivia que las cosas entre nosotros no vayan a cambiar. Físicamente, mi necesidad ha sido satisfecha cuando me corrí bajo la mesa, durante la cena. Pero aun así, necesito algo. Algo que no puedo definir bien, pero que me tortura y me hace temblar y transpirar bajo las sábanas.
Las horas pasan y no logro conciliar el sueño; miro a la cama de al lado y Matías está roncando plácidamente, con el cabello rubio y desordenado sobre la blanca almohada. Pero yo no puedo dormir tan pacíficamente; no dejo de pensar en el padrastro de mi mejor amigo. En como sus ojos me miraban durante la cena ¿acaso estaba seduciéndome? ¿o era todo producto de mi imaginación? ¿Por qué, a pesar de que casi follo con Matías, sigo pensando en el fornido hombre cercano a los cincuenta? Toda la casa está en silencio, apenas se oyen los sonidos del campo rodeando la cabaña. Sin encender la luz, salgo de la cama y me dirijo al baño con pasos sigilosos. El pasillo está a oscuras y camino hacia el baño. Tal vez una buena ducha fría sea lo que necesite en este momento.
Entro al baño, creyendo que está vacío, y en su lugar encuentro a Roberto saliendo de la ducha. Dejo escapar un suspiro quedo al ver si cuerpo escultural y mojado, mientras él se seca con una toalla. Se nota sorprendido de verme, sin embargo no hace el menor esfuerzo por cubrir su desnudez.
-¡Tomás! ¿Qué haces despierto a esta hora? –me pregunta mientras seca sus macizos hombros. Las gotitas caen por su cabello corto hacia sus pectorales, y su piel esta deliciosamente sonrojada por el agua caliente.
-Podría preguntar lo mismo –murmuro, tratando de no mirar su polla.
Pero es inevitable, y mis ojos van directo a ese miembro largo y sin cortar que cuelga entre sus piernas. Tal como yo había fantaseado, es grande. Muy grande. Mis rodillas tiemblan de nuevo y los cosquilleos reaparecen entre mis piernas.
-Nada como una ducha caliente antes de ir a dormir –me dice. Creo que ha notado que yo estaba chequeando su polla. Peor no hace nada al respecto, solo me sonríe desnudo.
-Sí. Venía a hacer lo mismo –respondo nervioso. Solo que mi ducha será fría, y más después de esta escena.
El hombre del doble de mi edad me mira, otra vez con esa mirada cómplice y misteriosa que me hace temblar las rodillas. No cubre su miembro húmedo y enrojecido, es más, parece que hasta se esfuerza en exhibirlo delante de mis ojos hambrientos. Me muero los labios para no tener una erección delante de él. Roberto da un paso hacia mí y el aroma de su piel enjabonada aumenta las pulsaciones en todo mi cuerpo.
–¿Acaso Matías no te deja dormir en paz? –pregunta, y es innegable el doble sentido de su voz.
-No, no. Está durmiendo pacíficamente –respondo, nervioso por su cercanía. El aroma de su piel es tan masculino como tentador, y tener esos brazos tan cerca me hace pensar en cómo se sentirá estar entre ellos. Me esfuerzo por no mirar su miembro mientras el mío palpita bajo mis pantalones.
-¿Entonces? ¿Qué te tiene tan inquieto? –pregunta, cada vez más cerca. Su voz es como el terciopelo, la siento acariciar mis oídos y todo mi cuerpo se enerva. Una ola de calor me envuelve, y mi polla se pone dura bajo mis pantalones oscuros. Solo puedo rezar que Roberto no la note.
Sus ojos están fijos en los míos, al igual que durante l cena. Parece que quiere devorarme vivo. Trago saliva y trato de mantenerle la mirada; definitivamente esa no es la mirada de un hombre heterosexual ¿Acaso este tipo era bi? ¿Follaria muchachos al mismo tiempo que estaba casado con una mujer? No sería el primero en hacerlo…Mis pensamientos corren a mil por hora, al igual que los latidos de mi corazón. Bajo la mirada haca sus manos, fuertes y masculinas a ambos lados de su cuerpo. La toalla ha caído al piso del baño y solo puedo observar ese magnifico cuerpo delante de mí.
Admiro cada centímetro de esa piel enrojecida, tentadora, que exuda calor y un aroma tan masculino.
–¿Qué ocurre, Tomás? –pregunta, y da otro paso hacia adelante. Apenas puedo respirar.
–Nada. Nada, señor –respondo con un temblor en la garganta. Intento no mirar su polla, pero cuando veo su cara en lo único que puedo pensar es en besarlo, en morder sus labios, en colgarme de esos hombros anchos y dejar que esos brazos fuertes me sujeten. Imagino su polla bien dura entre mis manos y en mi boca, imagino como se sentirá tenerla dentro de mi cuerpo, empujando bien fuerte y haciéndome gritar.
Pero no puedo hacer esto ¡es el padrastro de Matías! Bastante extraño ha sido intentar follarme a mi mejor amigo ¿ahora a su padrastro? Aunque mirando la expresión salvaje de sus ojos y su media sonrisa, es obvio que este hombre no es pasivo. No, está follándome con la mirada, sin decir una sola palabra. Con Roberto no tendré el mismo inconveniente que con su hijastro; este es capaz de follarme el culo bien duro, como a mí me gusta.
-Bueno, mejor te dejo el baño para ti solo –me dice con un suspiro inocente. En cuestión de segundos, Roberto se cubre su desnudez con una toalla, coge sus ropas y me deja solo en el baño. Solo con mi frustración y con un millón de preguntas en mi cabeza.
Ni todas las duchas frías del mundo podrían haberme quitado la calentura anoche. Incluso me he hecho una puñeta cual adolescente cachondo y desesperado; pero no logre quitarme a Roberto de la cabeza. No dejo de pensar en sus avances y en sus sonrisas con doble sentido, ni en su fornido torso o su enorme polla.
Esta mañana, durante el desayuno, Matías se comporta como si nada hubiera ocurrido entre nosotros. De hecho, se lo ve más ocupado revoloteando alrededor de Andrés. Por un lado me alegra que nuestra amistad no se vea dañada. Por el otro, no me deja más remedio que charlar con Roberto mientras bebemos café en la mesa.
-¿Has dormido bien, Tomás? –me pregunta el hombre con su tono de barítono. Esta vestido con una camiseta gris que ajusta sus pectorales y remarca su torso de triangulo invertido, pero aún así yo no dejo de recordarlo desnudo.
–Bien, gracias –respondo y le doy un sorbo a mi café.
–¿En serio? Todavía te ves algo tensionado –insiste, y sin darme tiempo a responder, se levanta de su silla y camina hacia mí.
Yo me mantengo sentado, y él se coloca detrás de mi asiento. Siento sus enormes manos en mis hombros, presionando suavemente, pero con una fuerza que me hace gemir desvergonzadamente. Inmediatamente, miro hacia la cocina, donde Matías y mi padrastro Andrés continúan charlando como si nada. Por suerte no me han oído, pero Roberto si, y deja escapar una risita cómplice y orgullosa.
–Estás realmente tenso aquí. Relájate –me dice mientras masajea un nudo en mi espalda que yo ni sabía que existía. Mierda, sus dedos son tan fuertes, y se sienten tan bien. No puedo evitar imaginar esos dedos en mi culo, dilatando mi agujero antes de follarme con su miembro enorme.
¡Pero no debo pensar en eso! No puedo ponerme duro mientras Roberto me hace un masaje. Pero ya es muy tarde; mi polla ha empezado a cosquillear bajo la mesa. Por suerte no puede verme.
Sus manos acarician mis hombros , aflojándome. Realmente se siente placentero y cierro mis ojos.
-Así es, relájate –repite Roberto con su voz gruesa y profunda. Sus manos acarician mi cuello y yo siento un estremecimiento en toda mi columna vertebral. Otra vez escapa un pequeño gemido de mi garganta, y Roberto la acaricia con sus manos cálidas. Se me pone la carne de gallina y mi polla empieza a pulsar con fuerza bajo mis pantalones. Una de sus manos sube por mi barbilla y la otra desciende hacia mi pecho. La siento atravesar mis pectorales brevemente, y otro escalofrío se apodera de mí.
–¿Qué estás haciendo? –pregunto con un susurro.
–¿Acaso no te gusta? –me responde el hombre mientras su caricias aumentan.
Me encanta, pero Matías y Andrés podrían vernos, pienso.
Antes de que yo pueda hablar, Roberto se detiene. Sus masajes termina y me da una palmadita en el hombro.
-Ya ¿te sientes mejor? –me dice en forma inocente mientras camina lejos de mí.
¡Quiero asesinarlo! ¡Me la ha puesto dura como una roca ya hora se detiene! Pero no puedo decir nada, ni hacer nada. Ni siquiera puedo moverme; si me pongo de pie todos descubrirán la erección que palpita violentamente bajo mis tejanos.
-Tengo una idea ¿qué les parece si después de almorzar hacemos una excursión por el bosque? –sugiere mi padrastro Andrés mientras Matías sirve el almuerzo.
-¡Es una gran idea! –festeja mi amigo. Yo lo miro absorto, ¿desde cuanto tiene ese espíritu aventurero?
-Me parece genial. Algo de ejercicio les vendrá bien a estos chicos –agrega Roberto sentado frente a mí con sus fornidos brazos cruzados.
Mierda, no tengo más remedio que aceptar también. Aunque el ejercicio que tengo en mente con Roberto es muy diferente…
–Incluso podríamos llevar las tiendas y acampar por la noche – ofrece Andrés.
-¡Me encanta la idea! –festeja Matías ¿Qué demonios le ocurre?
De todas maneras, no tengo más remedio que aceptar. Para el atardecer nos hemos internado en el frondoso bosque que rodea la cabaña. Andrés y Roberto han instalado las tiendas en un pequeño claro no muy lejos de la cabaña, e insisten con que pasemos la noche bajo las estrellas. Matías actúa extraño, demasiado feliz y excitado. Pero no tengo tiempo de preguntarle nada. Mis propios pensamientos me consumen mientras caminamos entre los arboles; ¿acaso Roberto está intentando seducirme? ¡o yo estoy alucinando? Doy vueltas por el bosque, inmerso en mis propios interrogantes, cuando me doy cuenta que estoy solo.
Miro a mi alrededor; de pronto escucho las risa de Matías y sé que la tienda está en dirección sur. Probablemente debería volver; ya está anocheciendo y la luz escasea. Pero no siento deseos de volver. Escucho a mi amigo charlando apasionadamente con mi padrastro y siento menos deseos de volver. Este fin de semana ha sido una mala idea, definitivamente.
-Oye ¿Qué haces aquí solo? –me pregunta Roberto mientras hace su aparición desde el norte.
Lo veo caminar hacia mí, con las manos en los bolsillos de sus pantalones caqui y las mangas cortas de su camiseta blanca ajustando sus bíceps. Me estremezco e instintivamente doy medio paso hacia atrás. Pero Roberto no se detiene hasta que estamos peligrosamente cerca. Puedo oler su loción de afeitar y es deliciosa. Despierta más deseos de fundirme en sus brazos.
–Nada. No ocurre nada –respondo con un temblor en la voz.
–¿Te ha perdido? – sonríe Roberto, y se acerca todavía más.
–No, no. Simplemente…bueno, no quería interrumpir. Parece que Andrés y Matías se están llevando mejor de lo que esperaba –me encojo de hombros.
–Así es. –suspira Roberto– Matías puede ser muy irresistible cuando quiere.
–¡Lo sé! –respondo casi sin pensar. Luego me arrepiento de mis palabras, pero es muy tarde. Roberto sonríe y se acerca todavía más a mí, su rostro está a milímetros del mío y mis rodillas tiemblan.
–Oh ¿Acaso tú y Matías tienen algo? –me pregunta, y casi puedo sentir sus dedos en mi barbilla una vez más.
–No. No. Solo somos amigos –me apuro a negar con la cabeza –No voy a mentir lo hemos intentado pero…
–¿Pero..? ¿No hay química?
–Oh no, química hay…y mucha. El tema es que…–me muerdo el labio antes de terminar la oración –Bueno, ambos somos pasivos.
Puedo sentir como mi excitación crece al pronunciar esas palabras; los cosquilleos en mi entrepierna vuelven y mi corazón se acelera. Los ojos claros de Roberto se abren un poco más de lo normal y sus labios se curvan en una media sonrisa.
–Ya veo –Ahora es él quien se muerde el labio. Su mano va directo hacia mi mejilla y la acaricia, siento su calor y me muerdo el labio inferior. –¿Así que no te gusta follar, prefieres que te follen?
–Sí, señor –respondo siguiéndole el juego. Roberto deja escapar una risita.
-Ya veo. –En una fracción de segundo sus ojos han explorado todo mi cuerpo. De seguro ha notado que me estoy poniendo duro –Eres un chico muy hermoso ¿sabes? Desde que has llegado a esta cabaña no dejo de pensar en follarte.
Esas palabras tan directas me hacen estremecer. Mi miembro se despierta en forma violenta, llenándome de unas punzadas tan placenteras como dolorosas. Apenas puedo respirar, lo único que deseo es a Roberto; sus labios, sus manos, su polla.
–Y yo no dejo de pensar en que me folles –declaro sin pensar las consecuencias de mis acciones. Las palabras tan solo brotan de mi boca, salvajes y deseosas.
Roberto me jala del cuello con suavidad, pero con la firmeza suficiente para empujarme hacia delante y que mis labios choquen contra los suyos. El beso me provoca electricidad, tan hambriento y perfecto. Dejo que me bese, que me saboree, y yo muerdo su labio inferior en respuesta. Me aferro a sus bíceps fuertes y palpo su firmeza bajo mis dedos. Acerco mi cadera a la suya y dejo que sienta mi erección contra su cuerpo. El deja escapar un gruñido de excitación mientras me besa, y yo separo mis labios para que su lengua entre en mi boca. El beso se torna profundo y apasionado, y todo mi cuerpo palpita en sus brazos.
–Esto está mal…-suspiro mientras me tomo un instante para recuperar el aliento. Pero mi cuerpo no desea detenerse; de hecho deseo más y más.
–Eres un chico tan sexy…no puedo detenerme…-gruñe Roberto contra mi boca. Yo dejo que me bese de nuevo, esta vez con más ímpetu. Presiono mi cuerpo contra el suyo, absorbiendo su calor. Roberto besa mis labios y mi cuello hasta que yo estoy jadeando, con mi polla dura como una roca bajo mis pantalones.
–¿Quieres que me detenga? –me pregunta con su aliento agitado y su rostro enrojecido por la pasión. Su mano derecha sostiene mi mejilla, y siento su erección palpitando contra la mía. Mi respuesta es otro beso más rabioso y desesperado que el anterior. Presiono desvergonzadamente mi cuerpo contra el de Roberto, demostrándole lo caliente que me tiene. Entrelazo mi lengua con la suya para demostrarle cuanto deseo que me folle. Sus manos descienden por mi pecho y yo busco su entrepierna. Cuando mis dedos rozan su erección me estremezco; aun por encima de sus pantalones se siente tan dura y tan caliente. Se acelera mi pulso y se me hace agua la boca mientras Roberto besa y muerde mi cuello. Nunca antes había necesitado con tanto fervor tener una polla dentro de mi culo. Acaricio su erección por encima de la tela, y Roberto deja escapar unos gruñidos tentadores.
Sin más preámbulo, me pongo de rodillas y bajo su cierre. Libero su polla con dedos hábiles y nerviosos, y me asombra cando tengo su grosor frente a mis ojos. Ya la había admirado en el baño anoche, pero dura es mil veces más impresionante. A pesar de las escasas luces del anochecer, puedo contemplar su glande enrojecido y las venas azuladas que atraviesan su longitud. La sostengo por la base con mi mano derecha y me muerdo el labio. Siento sus manos en mi cabeza y deslizo mi lengua por todo su grosor. Se siente delicioso. Me tomo mi tiempo para jugar con ella con mis labios y mi lengua. Beso su glande, dibujo círculos alrededor de él, lamo el tronco y besos sus testículos hasta que Roberto está jadeando. Mi propia polla duele pero la ignoro; me dedico de lleno a adorar el miembro de Roberto.
Cuando ninguno de los dos puede aguantar mucho más, me al meto en la boca. Se siente mucho mejor que lo que imaginaba, tan dura, tan gruesa y tan caliente. Apenas puedo metérmela hasta la mitad de su tamaño, es tan grande que me provoca arcadas. Pero aun así insisto, moviendo mi cabeza hacia atrás y adelante con insistencia, envolviéndola con mis labios húmedos mientras la saliva chorrea por las comisuras de mi boca. No puedo esperar a que se corra en mi boca, a saborear su semen caliente en mi garganta. Pero Roberto no desea que eso ocurra, no todavía, pues me jala de los hombros y me obliga a ponerme de pie. Me besa con furia y saborea algo de su pre semen de mi lengua. Yo gimo contra sus labios mientras me aferro a su grueso cuello.
–Regresemos –me dice con el aliento entrecortado.
Lo sigo sin oponerme y con las piernas débiles; no puedo aguantar a que me ponga en cuatro y me folle bien duro. y definitivamente en la tienda estaremos más cómodos y seguros. Además, hace varios minutos que nos oye ni a Matías ni a mi padrastro, así que suponemos que han regresado a la cabaña por algún motivo.
Llegamos al campamento excitados y no encontramos a ninguno de los dos. Mejor, tendremos la tienda para nosotros solos, pienso, para follar sin parar toda la noche. Nos estamos besando desenfrenadamente mientras Roberto me empuja dentro de la carpa. Pero para mi sorpresa, en su interior encuentro a mi padrastro con el torso desnudo y con mi amigo Matías chupándole la polla.
Mi mejor amigo esta en cuatro patas sobre el piso de la tienda, y lo primero que veo es su culo redondo y desnudo apuntándome. Su cabeza está enterrada entre las piernas de mi padrastro, quien sostiene su cuello con su enorme mano derecha. Veo su cabello rubio subir y bajar a un ritmo lento y cadencioso. Dejo escapar un suspiro de sorpresa y Andrés abre sus ojos. Para mi sorpresa, mi padrastro tan solo me sonríe. Matías se detiene y gira su cuello para mirarme. Ver sus pupilas dilatadas y sus labios húmedos e inflamados me la ponen todavía más dura.
–Discúlpame, Tomás. Simplemente no me pude resistir a la polla de tu padrastro –suspira en tono pícaro mi mejor amigo.
-Está bien –respondo con mi corazón a punto de explotar –Yo tampoco he podido resistirme a la del tuyo.
Roberto me abraza por detrás y me quita la camiseta. Siento sus cálidas manos en mi estómago y pecho y me estremezco. Con el rabillo del ojo ve como Matías reanuda su tarea, engullendo el miembro de mi padrastro casi por completo. Escucho como Andrés gime, y nunca antes creí que su voz pudiera calentarme tanto. Me acuesto boca arriba a su lado y dejo que Roberto me quite los pantalones, los zapatos y la ropa interior. Mientras tanto, me delito con el espectáculo de Matías chupando polla. Veo como su cabeza sube y baja cada vez más rápido, como babea sobre ella y como la masturba a la vez que la chupa. También veo con que firmeza mi padrastro sujeta la nuca de mi mejor amigo, acompañando sus movimientos frenéticos.
Con mis ojos en aquel espectáculo candente, siento los labios de Roberto envolver mi erección, Arqueo mi espalda de placer mientras el hombre toma mi polla en su boca. Parece que quiere tragarme entero, su cabeza sube y baja y su saliva caliente me envuelve. Hace una pausa para quitarse su camiseta y una vez más me deleito con su torso trabajado. Pero un instante después mi polla esta nuevamente en su boca, y yo estremeciéndome de placer mientras observo a Matías complacer a mi padrastro.
Preso de un frenesí jamás antes experimentado, extiendo mi mano para acariciar la polla de Andrés. Él se sorprende y me sonríe. Comienzo a masturbarlo despacio, deleitándome con la dureza de su miembro, mientras Matías chupa su glande.
Me incorporo despacio, con un cosquilleo en mi pecho. Mientras estoy sentado en el piso. Roberto continua chupándome la polla, y yo tímidamente deslizo mi lengua por la de Andrés. Matías ríe y me ayuda. Pronto los dos estamos compartiendo el miembro de Andrés. Deslizamos nuestras lenguas y labios al unísono por toda la longitud de su polla, y el hombre sujeta nuestros cuellos con ambas manos. Subimos y bajamos con nuestros labios, besando su polla húmeda mientras reímos. Por momentos la cabeza me da vueltas; Roberto no para de chupármela cada vez más rápido. Siento algo de mi pre semen verter en su garganta y él nos e detiene. Yo tampoco. Nos tomamos turnos con Matías para chuparle la polla a mi padrastro. Cuando llega mi turno de metérmela en la boca, Matías hunde sus dientes en mi cuello.
No podre aguantaré esto mucho tiempo más. Me saco la polla de la boca para respirar y Matías se apura a metérsela él. La chupa como si su vida dependiera de ello, y es hermoso verlo. Trago saliva y nuevamente Matías me la ofrece con una sonrisa. Ambos le chupamos la punta, y nuestros labios y lenguas se encuentran en el camino.
Matías me jala del cabello y me besa. Pronto, el miembro de Andrés está fuera del camino y yo estoy montándomelo con mi amigo mientras Roberto Y Andrés nos observan. Roberto se quita mi polla de su boca y yo la siento fría y palpitante. Mejor, si continuaba yo iba correrme y no quería hacerlo todavía.
Mi mejor amigo y yo nos encontramos desnudos en el centro de la tienda, con arrodillados en el piso con nuestros brazos entrelazados. Beso sus labios y saboreo su lengua, Matías besa mi cuello y araña mi espalda. Con el rabillo del ojo veo que Roberto se ha quitado los pantalones y su polla dura y enrojecida se ve increíble. Andrés también está desnudo, con el vello de su pecho del mismo tono oscuro y tentador que el de su barba.
Roberto se acerca a nosotros, se pone de pie y su erección queda a la altura de nuestros rostros. Nuestros labios rozan su glande mientras nos besamos y Matías me dedica una risita pícara. Comenzamos a chupársela a Roberto, despacio, intercambiando besos húmedos y lamidas. Lo oigo gemir mientras ambos lo complacemos y mi polla late con más fuerza. Me veo obligado masturbarme mientras Matías y yo se la chupamos. El padrastro de mi mejor amigo gime nuestros nombres entre respiraciones agitadas, y nosotros nos tomamos turnos para meternos su miembro duro en la boca. El pre semen chorrea de su miembro y Matías y yo lo compartimos entre jueguitos. Beso a mi amigo y saboreo el fluido en sus labios. No tengo idea que está haciendo Andrés mientras nosotros estamos ocupados, hasta que veo a Matías quitarse el miembro de Roberto de la boca y emitir un largo y agónico gemido. Descubro que mi padrastro tiene su rostro enterrado entre las nalgas de mi amigo, y le está comiendo el culo sin piedad. Veo el rostro de Matías, sonrojado y retorciéndose de placer a centímetros del mío, y me cuesta muchísimo no correrme. Lo silencio con un beso, mientras Roberto da unos pasos hacia atrás de mí. Lo siento besar mi cuello y mi espalda, y sus manos se deslizan hacia mi cintura. Me ayuda a ponerme en cuatro patas, sin que yo despegue los labios de los de mi amigo. Estoy besando a Matías cuando Roberto empieza a comerme el culo a mi también.
Siento sus manos separarme las nalgas y su lengua deslizarse por la ranura entre ellas. Siento un escalofrío y muerdo los labios de Matías. Robert juega con su lengua contra mi agujero, tentándolo, volviéndome loco. Escupe en mi entrada y su lengua se abre paso en ella. Me lame, me besa, me folla con su lengua Dibuja círculos alrededor de mi agujero y curva su lengua dentro de él. Me tiemblan las manos y las rodillas y apenas puedo mantenerme sobre ellas. Los labios ge Matías presionan contra los míos, su lengua penetra mi boca mientras Andrés está devorando su culo. Roberto también está devorándome a mi parece que quiere comerme en serio. Nunca me habían chupado el culo tan bien, Y cuando menos lo espero, siento su dedo índice penetrar en mi interior. Dejo escapar un gemido de placer contra la boca de mi amigo, y este sonríe antes de morderme el labio superior.
El dedo de Roberto se abre paso en mi culo, entrando y saliendo despacio. Me provoca una presión deliciosa, y los latidos en mi miembro se aceleran. Pronto son dos dedos dentro de mí, dilatándome, preparándome para su polla enorme. Abro mis ojos y veo a Andrés arrodillándose detrás de Matías y asiéndolo por la cintura. Escucho a mi amigo proferir un largo gemido de dolor y placer contra mi boca, y sé que Andrés lo ha penetrado.
Sin dejar de besarlo, veo como mi padrastro está embistiendo detrás de el. Matías gime contra mi boca con cada embestida, sus chillidos son deliciosos. Los dedos de Roberto entran y salen cada vez mas duro y más profundo de mi culo, y yo deseo tener lago más grande dentro de mi.
Siento el pecho de Roberto acariciar mi espalda y un escalofrío me recorre.
–¿Quieres que te folle igual que a tu amiguito? –susurra en mi oído, sin dejar de follarme con sus dedos.
–Si…-respondo con un gemido desvergonzado. Roberto deja escapar una risita contra mi oído y muerde mi lóbulo. Siento como retira sus dedos de mi culo bien despacio, y me siento vacío cuando finalmente están afuera. Vuelve a colocarse detrás de mí y yo vuelvo a concentrarme en los labios de mi amigo. Matías me muerde los labios mientras Andrés embiste cada vez más brutalmente dentro de su culo.
Siento a Roberto lanzar un espeso escupitajo en mi culo y cogerme de la cintura. La punta dura de su polla hace presión en mi entrada y yo gimo en la boca de Matías.
Su polla se abre camino en mi interior despacio, mientras el gruñe y yo chillo. Nunca había tenido algo tan grande dentro de mí, siento como mis músculos internos se abren con dolor y placer. Matías besa mi cuello y Andrés lo folla cada vez más duro. Muerdo el hombro de mi amigo mientras su padrastro mete toda la longitud de su polla en mi culo.
Una vez que está entera adentro, se queda quieto unos instantes, y yo creo que voy a enloquecer. Comienza a moverse y cada embestida es la gloria misma. Me reparto entre gemir, suplicar por más y besar los labios de Matías mientras Roberto me folla. Aumenta el ritmo, cada vez más rápido y más duro. Al cabo de unos minutos Matías y yo estamos gimiendo como dos desgraciados. No podemos besarnos, apenas podemos respirar. Yo he dejado caer mi pecho sobre el piso y él ha hecho lo mismo. Enredamos nuestros dedos y nos sujetamos de las manos mientras nuestros respectivos padrastros embisten brutalmente en nuestros culos. Escucho a Roberto gemir, escucho a Andrés gemir. Mi polla palpita cada vez más duro y las estocadas de Roberto se tornan violentas, rápidas y bestiales. Abro mis ojos y veo a mi padrastro con una expresión salvaje en sus ojos. Está a punto de correrse. Y por como palpita la polla de Roberto dentro de mi culo, su eyaculación está cerca también. Veo a Andrés retirarse fuera de Matías y caminar hacia adelante. Mi amigo queda tumbado en el piso, recuperando su aliento. Roberto también se retira de mi interior y yo dejo escapar un gemido frustrado.
-A ver…pónganse juntitos – rodena Roberto mientras se pone de pie junto a Andrés.
Matías y yo obedecemos, y nos arrodillamos frente a esas dos pollas enormes. Abrimos la boca y extendemos nuestras lenguas mientras los dos estupendos hombres se masturban y se besan delante de nosotros. Ver como mi padrastro enreda su lengua con la de Roberto me hace estremecer. Yo también comienzo a masturbarme mientras espero que se corran en mi boca.
Andrés se corre primero, con un gemido agónico y los gruesos chorros de su semen brotando con violencia hacia la lengua de Matías, mi amigo cierra los ojos y espera pacientemente que todo el contenido se vierta en su cara. Luego, comienza a lamerlo y saborearlo. Pero no puedo contemplar le espectáculo, pues ahora es Roberto quien se está corriendo en mi cara. Cierro mis ojos y recojo su semen caliente con mi lengua. Trago algunas gotas y me relamo los labios Vuelvo a metérmelo en la boca y bebo directo de la fuente. Roberto gime y acaricia mi cabello mientras yo trago su semen como si fuera lo más delicioso del mundo. Una vez que su miembro ha perdido su dureza, y ha derramado hasta la última gota en mi cara y lengua. Abro los ojos y giro mi rotor hacia Matías. Nos besamos y compartimos el semen de nuestros padrastros entre risitas cómplices.
Hasta que recuerdo que yo no me he corrido. Mi polla me lo recuerda con unas punzadas tan desesperadas como dolorosas. Abro mis ojos y miro hacia abajo; Matías tampoco se ha corrido, está masturbándose mientras me besa.
–Ya saben lo que tienen que hacer, chicos –dice Roberto mientras esta descansando junto a Andrés.
Me inclino y tomo la polla de mi amigo en mi boca. Matías se estremece y su miembro palpita sobre mi lengua. La envuelvo en mis labios y subo y bajo mi cabeza a a un ritmo rápido. En cuestión de segundos Matías está corriéndose en mi boca. Trago hasta la última gota mientras mi amigo enreda sus dedos en mi cabello y sacude su cuerpo de placer.
Ahora es mi turno. Me estoy limpiando su semen de mis labios con los dedos cuando es el quien entierra su rostro en mi entrepierna. Me envuelve la polla con sus labios húmedos y me la empieza a chupar. Casi he olvidado lo bueno que es Matías para chupar una polla. Su cabeza sube y baja con la cadencia justa, como si quisiera asfixiarse con mi erección. Pronto mi polla está palpitando en su boca y vierto mi semen en su garganta con una furia desmedida. Sostengo su cabeza en el lugar mientras el traga en forma voraz hasta la última gota.
Es casi medianoche cuando los cuatro nos encontramos agotados y saciados en el interior de la tienda. Nuestros cuerpos desnudos y cubiertos de sudor forman un caótico nudo de brazos y piernas. Yo me encuentro besando los labios de Matías a mi derecha, mientras Roberto abraza mi espalda y muerde mi cuello a la derecha. Andrés hace lo mismo con mi amigo, quien ríe por las cosquillas.
–Parece que ha sido una buena idea venir aquí después de todo –susurra Matías cintra mis labios antes de morderlos.
-Ya lo creo –respondo mientras siento la erección de Roberto reanimarse contra la curva de mi culo –Creo que debemos acampar más seguido.