disciplina con el policía
Qué manera de pasar mi sábado a la noche. Arrestado. Aunque no me han leído mis derechos ni nada por el estilo, el oficial me metió en el patrullero y me trajo hasta la estación. Después de todo, tampoco es que cometí un asesinato; solo estaba chupando polla ¿desde cuándo eso es un crimen? De acuerdo, estaba en un lugar público, en el callejón atrás del antro. Pero tampoco es que había niños cerca ¡apenas había luces! Tuve que utilizar toda mi habilidad para encontrarle la polla al tío. Tampoco era muy grande para ser justos, pero yo estaba cachondo y aquel rubio alto fue lo mejor que pude encontrar esta noche. En cuanto oyó la sirena, él salió corriendo y me abandonó. Lo vi escapar con los pantalones a medio subir mientras el oficial me esposaba las manos detrás de mi espalda. Bueno, tampoco puedo culparlo por abandonarme, no era mi novio ni nada parecido, apenas nos habíamos conocido hacia una hora.
Ahora estoy aislado en esta pequeña oficina, sentado con mis manos esposadas detrás del respaldo de la silla. Hay un espejo frente a mí y yo imagino que alguien puede verme del otro lado, como en todas las películas de polis. Por lo menos no me pusieron en un calabozo. En cuanto le dije mi apellido al oficial me trajeron aquí. No puedo hacer más que contemplar mi propio reflejo, aburrido, durante casi media hora. Sé lo que están haciendo, quieren ponerme nervioso, que me sienta vulnerable.
De pronto la puerta se abre y un policía distinto al que me arrestó entra al cuarto.
–¿David?– me pregunta y yo asiento. Me llama por mi primer nombre pues quiere ganarse mi confianza. Tener un padre comisario te obliga a aprenderte todas las técnicas. Este quiere jugar al policía bueno conmigo.
Aunque no me molestaría que quiera jugar al policía malo conmigo; tiene mejor cuerpo que todos los gais que he visto hoy en el antro. Admito que no soy objetivo pues siempre tuve un fetiche por los tíos en uniforme, especialmente si son mayores que yo. Pero tampoco parece tan mayor; claramente llegó a sus cuarenta hace poco, y tiene un cuerpazo. La expresión severa en su entrecejo solo lo hacer ver más candente.
Se sienta frente a mí y arroja de mala gana mi expediente sobre la mesa. Yo aprovecho para admirar sus fríos ojos azules. Mierda que son bonitos, e intimidantes. Combinado con su cabello rubio cortado casi al ras y su mandíbula cuadrada, hacen un coctel explosivo. Y ese uniforme se ve tan condenadamente bien en él. Parece más un stripper que un verdadero oficial de policía, por un segundo yo me pregunto si estoy soñando o si soy víctima de alguna broma pesada. Su camisa azul marina se ajusta al nivel de sus pectorales, luciendo lo firmes que están. En el lado derecho de su pechera hay una reluciente placa que lleva su número y su apellido. Riley. Y las mangas cortas de su uniforme aprietan sus bíceps abultados. Siento un cosquilleo entre mis muslos y me muerdo el labio. Mierda, no debería estar calentándome con el oficial frente a mi ¡estoy en serios problemas!
–Muy bien, David –suspira el oficial mientras hojea mi expediente –No ha sido un buen año para ti ¿verdad? Desempleado, abandonaste la Universidad, varios arrestos por beber en público….
Su voz parece terciopelo puro. Mierda, que bueno que no puede ver lo dura que se me está poniendo la polla debajo de la mesa.
–Y ahora sumamos conducta indecente –termina el oficial Riley, y fija sus severos ojos azules en mi cara. Yo me derrito con su mirada de acero.
–No creo que llamarla indecente sea justo. Estaba haciendo un trabajo bastante decente con esa polla. Ya sabe, babeando y escupiéndola para que quede bien mojada, y luego metérmela lo más profundo que puedo, hasta la garganta.
Debo estar mal de la cabeza para hablarle a si a un policía. O tal vez demasiado caliente para razonar. Pero la forma en la que Riley se sonroja y abre sus ojos sorprendido solo me urge a continuar.
–¿Le gusta la garganta profunda, Oficial Riley? –sonrió y miro sus manos sobre la mesa, con el irresistible vello oscuro sobre sus nudillos. No tengo idea si es gay o hétero, pero por lo menos no tiene anillo de matrimonio en esos dedos largos ,gruesos y masculinos –¿Cuándo fue la última vez que le chuparon la polla, oficial?
–Mira, David –suspira Riley. Adoro el tono demandante y grave de su voz –El único motivo por el cual no estamos procesando cargos en tu contra es porque tu padre es muy respetado aquí en la Fuerza.
Dejo escapar un suspiro, irritado.
–Mire, Riley, no me venga con cuentitos. Ya sé que mi padre es muy respetado aquí. Por eso todo este circo es innecesario; sáqueme las esposas, déjeme ir y él pagará la multa.
Los labios de Riley se curvan en una sonrisa y todo su rostro adquiere una expresión maquiavélica. Siento otro estremecimiento más violento desde la base de mi polla hasta mi nuca.
–Estás acostumbrado a que todo se haga a tu manera ¿verdad? Pues estas malacostumbrado, chico. Te han malcriado. –se pone de pie y mis ojos van directamente a su entrepierna. Mierda ¿acaso todos los policías usan pantalones tan ajustados? O tal vez es que Riley tiene una polla increíblemente larga y gruesa. Se me hace agua la boca y los cosquilleos aumentan. Veo su bastón negro y reluciente colgar desde su cinturón hasta su media pierna, y me pregunto si su polla es igual de larga.
–Basta de idioteces. Me aburres con tus discursitos, Riley. Solo llama y mi padre y terminemos con esto ¿sí? –respondo de mala gana. Pero debajo de mi tono de voz apático, mi excitación me está enloqueciendo. Mi polla está pulsando debajo de mis tejanos, dura y necesitada. Y por alguna razón, encontrarme con las manos esposadas en ese cuarto diminuto, y con aquel hombre inmenso, me pone todavía más caliente.
–Bien. No más discursitos –anuncia Riley con una sonrisa. Camina hacia mí, rodeando la mesa. Sus pasos son lentos y escucho sus relucientes botas en el piso. Apoya su peso levemente contra la mesa y su entrepierna queda a centímetros de mi vista. No debo verlo, no debo verlo. Peor me es imposible frenarme. Debo estar realmente loco, porque me da la impresión que su miembro se está endureciendo debajo de sus pantalones oscuros.
Riley se cruza de brazos y me sonríe de nuevo.
-No más discursitos, pero no te dejaré ir tampoco. No todavía.
El calor sube por mi cuerpo; mi cara arde y siento que voy a estallar. La furia hace que mi polla lata más fuerte, más duro.
–¡¿Que mierda te pasa, Riley?! –exclamo entre dientes apretados. La rabia golpea en mi pecho y las punzadas en mi polla se tornan más fuertes e insoportables. La furia hace que mi calentura aumente. Definitivamente voy a tener que hacerme una puñeta una vez que tenga las manos libres y salga de aquí.
Pero Riley sonríe de nuevo, y su sonrisa va directo a mi polla. Creo que voy a explotar de frustración. Aprieto mis puños, inmovilizados detrás de mi espalda por las frías esposas de acero.
-Pasa que necesitas disciplina, muchachito – me dice con su voz grave e increíblemente seductora.
–¡Estás loco, Riley! ¡Cuando mi padre se entere de esto…! –pero no puedo terminar la frase; tengo la mano de Riley sujetándome la polla por encima de mis pantalones. Inmediatamente dejo escapar un gemido lastimoso y agudo. Me quedo sin aire y jadeo mientras su mano fuerte y masculina acracia toda la longitud de mi erección. Aun con mis pantalones de por medio, puedo sentir el calor hipnótico de su palma.
–Oh pero tu padre ya sabe de esto…De hecho, él me encomendó que te disciplinara. –dice mientras hace movimientos circulares con su mano en la base de mi polla. Sus dedos juegan con mis testículos y creo que me voy a correr en seco. Me muerdo los labios para no gritar de placer –Verás, en la Academia de Policía, era mi trabajo disciplinar a los reclutas rebeldes. Chicos con mala actitud como tú, buscapleitos. Y tu padre está cansado de los problemas que tú le acarreas. Por supuesto, él ni siquiera sospecha el método que usaré contigo.
Me estremezco ante sus palabras. Dejo caer mi cuelo hacia atrás y cierro los ojos. La mano de Riley acelera sus movimientos circulares, y sus dedos se deslizan desde mis testículos hacia mi glande. El placer palpita por todo mi cuerpo.
Sus manos suben por mi estómago y pecho. Una de ellas me toma del cuello y me obliga con fuerza a mirarlo a la cara. Riley parece una persona diferente ahora; con una expresión tan brutal como lujuriosa. Dejo escapar un suspiro y separo mis labios.
–¿Vas a aprender a comportarte, chico? –susurra contra mis labios con dientes apretados.
Mi corazón está a punto de estallar fuera de mi pecho, y mi polla duele. Pero aun así le respondo:
–Oblígueme, Oficial Riley –sonrío y trato de capturar sus labios con los míos. Lo logro durante un segundo glorioso, y el sabor a tabaco de su boca me enloquece. Muerdo su labio inferior de manera juguetona y él gruñe contra mi boca. Crep que voy a correrme en seco tan solo con ese beso. Pero Riley se aparta de mi boca con un sacudón. Lo miro, sonriente y desafiante a pesar de tener mis manos esposadas detrás de mi espalda. El rostro de Riley está sonrojado y él me dedica una sonrisa totalmente amenazante.
–Eres un chico muy malcriado –dice Riley con su voz jadeante. Yo me muerdo el labio inferior en respuesta. Sus manos descienden una vez más por mi pecho y comienzan a desabotonarme la camisa. Mi piel arde cuando él desliza sus dedos entre mis pectorales. –Pero yo voy a enseñarte como comportarte.
Lo veo desenfundar el bastón de su cinturón y por un segundo me asusto ¿Acaso va a golpearme? No, en su lugar me besa de nuevo, con fuerza. Muerde mis labios y su lengua se desliza en mi boca. Cierro mis ojos y me pierdo en el beso, en la húmeda de su lengua y en el sabor de su boca. Mientras me está devorando, siento el bastón deslizarse entre mis piernas y acariciar mi polla con su dureza. Me aparto de la boca de Riley para gemir; mi miembro esta durísimo y la sensación de la cachiporra rozándolo me vuelve loco.
Riley sonríe satisfecho y mueve el bastón de una manera que ejerce una presión deliciosa sobre mi miembro.
–Eres un chico muy sucio ¿no, David? –susurra contra la piel de mi pecho antes de morderme. Yo gimo de nuevo. La cabeza me da vueltas y el calor me sobrecoge.
-S-Si…-gimo en forma lastimosa. Mientras la cachiporra masajea mi erección, siento los labios de Riley en mi pecho. Me dejan una serie de mordiscos en la piel hasta que encuentran uno de mis pezones. Cuando comienza a besarlo, succionarlo y morderlo, creo que voy a perder la cordura.
–Vaya que tienes la polla dura, muchachito –suspira Riley antes de cambiar de pezón. Ataca el segundo con la misma hambre que al primero, el cual ya está inflamado y palpitante.
–¡Sí! –gimo, desesperado. Pero Riley se detiene, alza su rostro de mi pecho y me pega un bofetón. No es fuerte, tan solo me provoca un leve escozor en la mejilla. Pero si me sorprende. Lo miro con mis ojos bien abiertos, jadeando por que el bastón ha dejado de acariciar mi polla y lo necesito.
-Aprenderás a dirigirte a la autoridad con respeto –me dice con esa voz tan dominante, tan grave, tan perfecta. Luego acerca su cara a la mía, hasta que nuestros labios están a escasos milímetros de distancia –De ahora en más te referirás a mí como Oficial Riley o Señor ¿has entendido?
-Sí, señor –gimo, prácticamente suplicando por fricción en mi polla. Y esos labios se ven tan tentadores, tan cerca de los míos.
–Así me gusta –Me besa de nuevo, con furia. Yo muerdo sus labios y dejo que su lengua hambrienta juegue con al mía. La punta de su cachiporra vuelve a jugar con mi polla, masajeando mi glande con suavidad por encima del pantalón. Me estremezco y mis muslos comienzan a temblar. Riley sonríe.
–Parece que vas a correrte en cualquier momento –suspira el oficial -¿es verdad?
–Sí, señor –suspiro. La tortura es casi insoportable.
–Seguro que deseas masturbarte ¿no es cierto?
–Sí, señor –chillo a regañadientes. Mi polla pulsa cada vez más rápido y la presión se siente tan bien, tan bien.
–Pues que lástima que tus manos están atadas, de lo contrario podrías hacerte una puñeta –se mofa Riley –¿Es eso lo que quieres? ¿Correrte? ¿Descargarte?
–¡Sí! –suplico mientras las lágrimas amenazan con brotar de mis ojos. Siento el calor ardiendo en mi pecho desnudo y en mi rostro. Me muerdo los labios de nuevo.
Cuando abro mis ojos, veo el reflejo en el espejo frente a nosotros. El espectáculo es tremendo; mi cuerpo atado a la silla de interrogatorio, con mi camisa abierta y mis pezones enrojecidos e inflamados, mientras el oficial Riley me masturba con su reluciente cachiporra negra. Cierro mis ojos y aprieto mis párpados pues, si continúo observando la escena, observándonos, mi eyaculación será imposible de detener.
–Sigue contándome tu aventura de esta noche, David. Antes habías comenzado y yo te interrumpí –susurra Riley con su voz de terciopelo. Continúa acariciando mi polla con su cachiporra, utilizando una parsimonia deliciosa y excruciante.
–¿Qué es lo que quiere oír, Señor? –pregunto con el aliento entrecortado. Cuando creo que estoy a punto de correrme en seco, Riley aleja su bastón de mi polla. Se queda latiendo por su cuenta, necesitada y fuera de control, y la frustración me golpea bien duro.
–¿Te gusta chupar polla. David? –me pregunta con una media sonrisa.
–Sí, señor. Me encanta –respondo mientras mi corazón está a punto de saltar fuera de mi pecho. Riley se muerde el labio y desliza su cachiporra hacia arriba. Siento esa superficie maciza en mi estómago y mi pecho, hasta llegar a mi rostro. La punta busca mi boca en forma urgente, y yo separo mis labios.
–Demuéstrame que tan bueno eres chupando –ordena el oficial Riley, y empuja la punta de su bastón entre mis labios.
Por supuesto, es muy grueso para metérmelo en la boca como si fuera una verdadera polla, pero aun así me esfuerzo por complacerlo. Deslizo mi lengua por la cachiporra y envuelvo la punta con mis labios. Riley comienza a amover el bastón despacio dentro de mi boca.
Si bien estoy chupando un pedazo de madera, toda esta situación me pone súper caliente. Mi polla duele muchísimo.
-Eres bastante bueno haciendo esto –festeja Riley. –seguro preferirías que fuera mi polla en tu boca ¿no?
Dios ¡sí! De tan solo pensar en ello el pre semen escapa de mi polla.
–Sí, Oficial Riley –respondo cuando me tomo una pausa.
El oficial de cabello rubio sonríe de nuevo. Saca su bastón de mi boca y me jala del antebrazo con suavidad. Me ayuda a ponerme de pie y yo me ilusiono con la idea de que finalmente me follara. Lo necesito como al aire; necesito la polla del oficial Riley en mi boca, en mi culo, en todas partes. Siento como todo mi cuerpo arde clamando por su dureza. Y cuando mis ojos se posan brevemente en su entrepierna, noto la tremenda erección que se abulta bajo la tela azul marino de sus pantalones. Se ve tan apetitosa que dejo escapar un pequeño suspiro.
-De rodillas –me orden Riley, y yo obedezco al instante. Con mi camisa abierta pero mis pantalones puestos, con las manos todavía esposadas detrás de mi espalda, me arrodillo frente a su entrepierna. Puedo sentir el aroma y el calor de su piel y me estremezco. Pero una vez más, Riley penetra mi boca con su cachiporra.
La empuja dentro de mi boca mientras sostiene mi barbilla con la otra mano. Insiste hasta que siento arcadas, pero me esfuerzo en cumplir mi deber. Chupo el objeto de madera lustrosa mientras mi propio miembro duele entre mis piernas.
–Verás, David –explica Riley mientras folla mi boca con el instrumento de castigo –Si quieres mi polla, deberás ganártela. Esa es tu segundo lección de esta noche. Si eres un chico obediente, tendrás tu recompensa ¿serás un chico obediente?
–Por supuesto, Oficial Riley –respondo. Deslizo mi lengua por la punta de su cachiporra mientras fijo mi mirada en la suya. Eso le gusta y me dedica otra sonrisa.
–Bien, entonces deja ese palo bien mojado –me ordena. Yo obedezco, hasta que el policía me lo saca de mi boca y me jala del brazo suavemente. Me da un apasionado beso que culmina en una mordida y me ayuda a subirme a la mesa de interrogación.
Veo mi reflejo en el espejo mientras me pongo de rodillas sobre la mesa. Con una rapidez envidiable, el oficial me ha quitado mis pantalones y mi polla dura y con la punta rosada está finalmente libre. Apoyo mi torso sobre la mesa y mis manos quedan apuntando hacia el techo, todavía esposadas detrás de mi espalda. Apoyo mi mejilla en la mesa así puedo ver como Riley separa mis nalgas con sus manos.
–Tienes un culo hermoso, muchachito. Voy a disfrutar mucho follándotelo –exclama el oficial Riley, y siento su aliento cálido contra la piel de mi culo. También siento como suelta un espeso escupitajo en mi agujero, y gimo de placer. Su lengua me humedece rápidamente y sus dedos me penetran con urgencia. Si tuviera mis manos libres, me masturbaría para amplificar el placer.
Yo cierro mis ojos y me entrego al gozo; a esa lengua y esos dedos dilatando mi entrada. Cuando menos lo espero, siento algo duro haciendo presión, intentando entrar. Imagino que es la polla de Riley, pero su firmeza se siente muy diferente, artificial, como cuando uso dildos conmigo mismo. El policía Me penetra sin miramientos, ensanchando mi agujero más allá de su límite. Es un placer tan extremo que grito. Abro mis ojos y veo que Riley está detrás de mí, follándome con su cachiporra.
–Te he dicho que la dejaras bien mojada –se mofa el Oficial mientras empuja más profundo. Lo hace despacio, y cada centímetro que gana es una horda nueva de placer que se desata en mí.
Desearía tener las manos libres para masturbarme, aunque también me excita muchísimo ver mi propio reflejo en el espejo; tumbado de rodillas sobre la mesa, con mi culo elevado y las manos esposadas, mientras ese apuesto policía me folla con su bastón. Veo como el reluciente instrumento de castigo se hunde cada vez más profundo entre mis nalgas, provocándome un placer enloquecedor.
–¿Te gusta esto, David? ¿Quieres que te lo meta todo? –dice mientras empuja sin piedad. Comienza a rotar su muñeca lentamente, hacendó que la cachiporra toque lugares dentro de mí que ni sabía que existían. Creo que voy a volverme loco. Mi erección ha perdido algo de su dureza, y todas mis sensaciones provienen de esa penetración tan lenta, tan profunda. tan dura.
–Contéstame ¿te gusta esto? –insiste el oficial Riley.
–Sí, señor –jadeo con mi mejilla contra la mesa.
–¿No quieres mi polla, entonces?–me pregunta en forma capciosa. Aquella pregunta me hace aterra, siento una ola de desesperación que brota desde mi pecho hacia todo mi cuerpo.
–¡No! Digo, si…–suspiro entre gemidos mientras él me folla con el palo de madera –Quiero su polla, Oficial Riley, por favor…
El policía deja escapar una risita grave y no detiene su trabajo en mi culo.
–Pues debes ganártelo, muchacho. Debes aprender disciplina ¿Crees que un malcriado como tu merece una follada?
–¿No? –pregunto en forma lastimosa mientras todo mi cuerpo se retuerce de placer.
–¡Claro que no! Antes debes probarme que tan obediente puedes llegar a ser.
–¡Seré muy obediente, Oficial Riley! Por favor, fólleme.
Oigo su risita una vez más, y la cachiporra se mueve lentamente hacia afuera de mi cuerpo. Una vez que está totalmente afuera, me siento vacío y decepcionado, con mis paredes internas contrayéndose rítmicamente. Mi polla late entre mis piernas, frustrada y urgente por algo de fricción. Yo respiro hondo, ilusionado con que pronto tendré el miembro de Riley dentro de mi culo.
Pero el policía se toma su tiempo, aumentando mi expectativa hasta el punto de la locura. Oigo sus pasos lentos mientras rodea la mesa, hasta quedar frente a mí. Puedo sentir el calor de su cuerpo. Riley se inclina sobre mi cuerpo y siento el sonido metálico de unas llaves.
–Si no te comportas, te vuelvo a esposar –dice mientras me quita las esposas. Una vez que mis manos están libres, acaricio mis muñecas algo doloridas y alzo mi vista. Riley está de pie frente a mí, con su erección abultando la entrepierna de su ajustado uniforme oscuro. Se cuelga su cachiporra nuevamente en el cinturón y se abre el cierre con dedos ágiles. Pronto, su polla está libre frente a mi cara. Es mil veces mejor a lo que yo he imaginado; sin cortar, con la punta rosada y las venas azuladas atravesando toda su longitud. Es gruesa. Y tan solo imaginarla dentro de mí me hace agua la boca.
–Chupa mi polla igual que has chupado la cachiporra. Si me gusta, tal vez te folle el culo –dice el policía mientras sujeta mi nuca con suavidad y dominio a la vez.
Yo me acuesto sobre mi estómago en la mesa de interrogación, apoyando mi peso sobre mis codos. Tomo la polla de Riley en mi mano y me maravillo con su tamaño. Un calor increíble impregna mi mano, y mi polla recupera su dureza, presionada contra la mesa.
Pero tengo que hacer un buen trabajo; tengo que satisfacer al Oficial Riley así pues él me satisface a mí. Aquel deseo de complacerlo, de obedecerle es algo inaudito en mí, peor también extremadamente placentero. Estar en una situación tan vulnerable y sumisa ante aquel hombre poderoso me excita como nada antes me ha excitado en toda mi vida.
Acaricio esa polla hacia delante y atrás, despacio, maravillándome con su calor y dureza. Beso su glande y dibujo algunos círculos alrededor de él con mi lengua. Lamo toda su larga extensión, y también sus testículos. Deslizo mis labios por la base y por el tronco, y lanzo una escupida en su glande que hace gruñir al oficial.
La mano de Riley empuja mi cuello con urgencia, y yo me apuro a metérmela en la boca. Se siente maravillosa, debo separar mis labios casi al máximo para poder metérmela. Siento su calor sobre mi lengua y dejo escapar un gemido de placer. Mis propias punzadas aumentan mientras se la chupo. Sujeto la base de esa polla inmensa con mi mano derecha y chupo su glande, insistiendo hasta que puedo engullirla hasta la mitad. Riley me ayuda empujando mi nuca con su mano fuerte y dando pequeñas embestidas con su cadera. Chupo más y más, hasta que venzo el reflejo de nauseas. Ahora Riley me sujeta el cabello con ambas manos y embiste en mi garganta con vitalidad. Lo escucho jadear y suspirar mientras aumenta su velocidad. Escucho los sonidos de mi propia garganta mientras me atraganto y eso me calienta todavía más.
–Vamos, chúpala como la chupabas en aquel callejón sucio…–exclama Riley entre suspiros y jadeos, mientras penetra mi garganta con más urgencia. La saliva chorrea por las comisuras de mi boca y una vez más, desearía poder hacerme la puñeta. Elevo un poco mi cadera y deslizo una de mis manos hacia abajo, buscando otorgarme algo de placer mientras se la chupo. Pero cuando el policía nota lo que intento hacer, sostiene mi muñeca con fuerza.
–¡Claro que no, muchachito! No puedes tocarte –me dice mientras folla mi cara más rápido.
Su polla entra y sale de mi boca a toda velocidad, ahogándome.
–No puedes correrte hasta que yo te lo ordene –dice Riley entre dientes apretados, y embiste todavía más duro dentro de mi boca.
Su miembro me folla la garganta con brutalidad, hasta que ninguno de los dos puede soportarlo más.
–Por favor, fólleme., oficial Riley –suplico mientras hago una pausa para respirar, sosteniendo la base de su pene con mi mano.
Miro hacia arriba y el policía se desabrocha la camisa con lentitud, mientras su pecho sube y baja agitado. Contemplo su torso perfecto, con seis abdominales fuertes claramente definidos en su estómago y unos pectorales firmes y planos. Su pecho y su rostro están algo ruborizados y sus dientes apretados. En sus ojos claros brilla un hambre amenazante, que me hace expulsar algunas furiosas gotas de pre semen sobre la mesa de interrogatorio.
Me encantaría contemplar ese magnifico cuerpo durante unos minutos más, pero Riley camina hacia el otro extremo de la mesa. Puedo ver por el espejo como se coloca detrás de mí, y eleva mis caderas. Me acomodo en cuatro patas sobre la mesa, y observo por el reflejo como Riley acaricia mis nalgas con sus manos fuertes y masculinas. Si tan solo acariciara mi polla también…siento que va a explotar.
Veo como entierra su rostro entre mis nalgas y una vez más siento su lengua en mi agujero. Me muerdo los labios mientras mi excitación crece. Me lame y me humedece durante unos breves segundos, ambos estamos demasiado apresurados y yo estoy más que dilatado gracias a su bastón. Además, nunca he necesitado tanto una polla como en este momento; siento al Oficial Riley presionar su glande contra mi entrada y emito un largo gemido de alivio y placer. Lo necesito dentro de mí. El desgraciado me ha torturado tanto que ahora siento una necesidad salvaje y primitiva por ser follado.
–Sí que estas ajustado, chico malcriado –suspira con agonía mientras me penetra. Y es la polla más deliciosa que jamás he probado.
Me penetra con relativa facilidad jarcias a sus juegos anteriores y mi desesperación. Su miembro grueso ensancha mis paredes internas y me otorga un placer exquisito y desbocado. Lo siento abrirse paso con brutalidad pero sin prisa. Sus manos se aferran a mi cadera y lo ayudan a crear palanca con mi cuerpo.
Cuando toda su longitud está enterrada en mi interior, deja escapar un gruñido de placer. Es el mejor sonido que he oído en mi vida. Yo respiro agitado; las pulsaciones en mi propia polla van a enloquecerme. Riley se queda quieto durante un glorioso instante. Luego, con una de sus manos sujeta mis dos muñecas por detrás de mi espalda y con la otra presiona mi cuello. Comienza a embestir como una animal salvaje, y el placer me enceguece.
Sus embestidas pronto se tornan brutales, y su mano en mi cuello aumenta esa sensación de dominio que tanto me calienta. Tan solo desearía poder masturbarme; los latidos en mi miembro aumentan dramáticamente con cada empujón. Mis músculos internos se ciernen en torno a esa polla tan gruesa y tan perfecta. Él aumenta su ritmo mientras sus dedos suben por mi barbilla hasta mis labios. Los beso y los muerdo mientras sus estocadas cobran brutalidad. Lo siento en lo más profundo de mi ser, desbordándome de gozo.
Riley suelta mis muñecas y yo dejo hacer mi torso sobre la mesa. En este ángulo su penetración llega a punto más recóndito de mi cuerpo. Apenas puedo tolerar tanto placer. Con ojos entreabiertos miro el espejo y la escena que me devuelve es tan candente como maravillosa. La forma en que el policía empuja dentro de mi cuerpo, furioso y desmedido, hace que mi polla duela todavía más. Pero no puedo tocarme. No sin su permiso.
Lo veo inclinarse sobre mi cuerpo, siento el calor de su pecho contra mi espalda y me estremezco.
–¿Te gusta esto, David? ¿Qué te folle como el puto malcriado que eres? –susurra en mi oído antes de morder mi lóbulo. Aun con mi cuerpo ardiendo, sus dientes y labios me provocan une escalofrío. Mi eyaculación esta peligrosamente cerca.
–Déjeme correrme, señor…por favor…-suplico entre lágrimas.
-Aun no…-gruñe Riley, y arremete sin piedad dentro de mí. Aumenta su velocidad al máximo y yo chillo de dolor y placer.
Cuando siento que no podre tolerarlo más, el miembro del policía comienza a pulsar violentamente dentro de mi cuerpo. Saber que pronto se correrá despierta una ola de adrenalina por mi columna vertebral. Lo siento gruñir y jadear mientras sus estocadas se tornan despiadadas. Antes del momento culmine, retira su polla de mi culo y me jala del brazo. Me ayuda a bajar de la mesa y me ordena que me arrodille. Jadeante, le obedezco.
-¿Quieres que me corra en tu cara, chico malcriado? –pregunta el Oficial mientras se masturba frenéticamente delante de mi cara.
-Sí, oficial Riley –respondo en forma sumisa, y extiendo mi lengua para que quede a escasos milímetros de su glande enrojecido.
Instantes después, está jadeando y gruñendo fuera de control. La felicidad me invade cuando los gruesos chorros de semen manchan mi cara y mi lengua. Consigo sonreír con la lengua afuera y los ojos cerrados, satisfecho a pesar de que mi orgasmo no ha llegado aun. Todo mi cuerpo está palpitando cuando abro mis ojos. Encuentro a Riley agotado y con el rotor deformado por el placer mientras las ultimas gotas de semen escapan de su polla.
-Ahora trágatelo todo como un recluta obediente –me dice con el aliento entrecortado.
Una vez más, le obedezco. Trago los rastros de semen en mi lengua y luego procedo a limpiar mi cara con mis dedos y a lamerlos también. Mientras la polla del oficial Riley todavía esta roja y palpitante, deslizo mis labios por su glande y bebo hasta las últimas gotas. El gruñe de placer mientras yo dejo su polla bien limpia con mis dedos y labios.
-Te lo has ganado –me dice con una sonrisa satisfecha. -¿Quieres correrte?
Estoy tan acelerado por mi propia frustración que ni siquiera puedo articular una respuesta. Solo miro hacia arriba y asiento. El policía sonríe y me ofrece su mano. Al mismo tiempo que me pongo de pie me estoy masturbando como un loco. Para mi sorpresa, el fornido policía rubio se pone de rodillas frente a mí.
Sujeta mis muslos con fuerza y fija sus enormes ojos celestes en mi cara.
-Córrete en mi cara, muchacho. Te lo has ganado –me dice sin perder su tono de voz autoritario y demandante.
Cierro mis ojos cuando el placer me golpea y obedezco su orden una vez más. Me tiemblan las rodillas cuando eyaculo; mi semen brota de mi polla dolorida con una violencia inusitada. Dejo escapar un alarido mi polla se contrae a un ritmo furioso. Me apuro a mirar hacia abajo, fascinado con ver los espesos chorros blancos de mi semen llenar el rostro y el pecho de Riley. El los recibe con sus ojos celestes bien abiertos y su lengua hacia afuera. Saborea las últimas gotas de mi eyaculación directo de mi glande, haciéndome gemir de placer. Cuando mi polla ya ha perdido su dureza y mis piernas todavía están temblando, Riley me ordena desde el piso.
-Mira el destare que has hecho. Ven a limpiarlo como el recluta obediente que eres me dice señalando los rastros de mi semen en su pecho.
-Sí, Oficial Riley –respondo con una sonrisa.
Me arrodillo en el suelo frente a él y procedo a besar y lamer sus pectorales mientras me sujeto de sus hombros anchos con mis manos. Limpio mi semen con besos y amidas que ascienden desde su pecho hasta su cuello. Una vez que lo he dejado bien limpio, el policía arremete contra mis labios. Nos besamos durante largos instantes, agotados, satisfechos y saboreando nuestro propio semen.
-Espero hayas aprendido tu lección –me dice largos minutos más tarde, cuando ambos estamos vestidos una vez más. Yo rio para mis adentros mientras él me da la espalda y busca las llaves de la puerta en su bolsillo. Mi padre pagará la multa, una vez más y yo seré libre.
Aunque esta experiencia me servido para darme cuenta que realmente necesito disciplina en mi vida. Sé que en menos tiempo del que imagino estaré una vez en esta sala de interrogación, recibiendo las duras lecciones del candente Oficial Riley.
Me encargaré personalmente que así sea.