País Relato - Autores

marcelo di marco

la oscura magia del amor

Las tres de la madrugada de otro viernes. Sentados los dos en la cama que a pesar de todo siguen compartiendo, y apenas iluminados por las velas ordenadas en el piso, él le advierte a ella:
—Mirá que enseguida te fleto y me voy, eh. Necesito sexo de verdad.
—Para qué volvés a traerme entonces —le contesta la estúpida, lagrimeando—, si siempre me decís lo mismo. Sos un perverso.
Y sí, en eso tiene razón: él es un perverso. Y, como perverso que es, está por contestarle que esta rutina de volver a traerla siempre y de decirle siempre lo mismo se le ha vuelto una delicia. Si le encanta verla llorar. Pero para qué contestarle, si la boluda nunca entendió un carajo. Mejor levantarse y prender la luz.
Y así, a medida que va apagando el pentáculo de velas, ve cómo la finada se borronea consecuentemente en transparencias, hasta que su lugar en la cama queda vacío.