País Relato - Autores

marcelo di marco

cuestión de herencia

Siempre pasábamos la Navidad en casa. Los tres solos, sin parientes ni vecinos. Pero, el año en que cumplí nueve, a tía Ingrid se le ocurrió invitarnos. Misteriosa, dijo que había llegado el momento de que supiéramos la verdad. “Llegó el momento de que sepan la verdad —había dicho—. Muy pronto, Nicky tendrá que encargarse de todo”. Papá le siguió la corriente, trabajado por la culpa: hacía meses que no veíamos a los tíos, estaban más solos que el demonio y ya empezaban a desvariar y todo.
Fuimos.
Y así tuve la revelación de mi vida. Por supuesto, no espero que alguien crea en este relato. Necesito contarlo y punto.
Llegamos a Santos Lugares a eso de las diez, como para brindar rapidito y volar a casa. Pedí llevar yo los regalos, y así fue que mamá me colgó del brazo la bolsa con los paquetes no bien bajamos del Gordini. Papá tocó el timbre. Pronto oí un crujido. Me puse en puntas de pie, y estúpidamente rogué que fuera Papá Noel el que se acercaba. Pero no: era tía Ingrid. No había suficiente luz, tenía la cara oculta en la oscuridad. Mejor. Bajaba con mucho esfuerzo los escalones del zaguán. Me solté de mamá y retrocedí. Papá me fulminó con la mirada.
—Vení acá —dijo.
—Obedecé a tu padre —susurró mamá.
Obedecí, y al instante la puerta tembló, y tía Ingrid apareció en el umbral. Me cruzó un escalofrío.
—Nicky querido —me dijo, con su acento ronco y siseante—, feliz Nochebuena.
—Cómo estás, Ingrid —saludó papá, y mamá tosió y dijo algo que no oí.
Sin contestar a ninguno de los dos, tía Ingrid me sonrió y amagó con acariciarme. Yo intenté apartar la cabeza, pero mamá me agarró del cuello y me mantuvo quieto mientras tía Ingrid me restregaba por el pelo la mano huesuda. Tenía olor a comida pasada, a rancio. Sentí un retortijón y disimulé lo mejor que pude. Y después vino el beso y ese aliento agrio, como de hollejos podridos.
—Entren, queridos —dijo la bruja—. Hoy vamos a tener una Navidad maravillosa.
—Sí, sí, linda Navidad —dijo mamá. ¿Cómo iba a sospechar? ¿Cómo íbamos a sospechar?
Entramos.
Habían colgado medias rojas en la estufa a leña, de hierro, orgullo del tío Nicolás. Para mí era horrenda, un cachivache. Y peor con esas ridículas botas de Papá Noel, que parecían no contener ningún regalo. Debo confesar que, como la mayoría de los chicos, yo detestaba a todos los viejos. Odiaba su mundo de olor a naftalina. Pero bueno, a estos había que aguantarlos del mejor modo posible. Lo único copado era el árbol, enorme, igualito al de Cascanueces.
Mamá me ayudó con los paquetes, y aproveché para pegar un vistazo alrededor: quería descubrir de dónde vendría el tío Nicolás.
—¿Y Nicolás? —preguntó papá como si me hubiera leído la mente.
—Debe estar por volver de un momento a otro. Un viaje largo, vos sabés.
Papá sonrió, asintió, y me di cuenta de que no sabía ni medio. En realidad, ninguno de nosotros sabía ni medio.
Los grandes se pusieron a hablar de sus cosas, y yo aproveché para mandarme a mudar al fondo. Aquella casa era más oscura que una cripta. Nunca logré entenderla del todo. Pensaba que abajo estaría recorrida por sótanos, traspasada de túneles y cosas así. Jamás pude acostumbrarme al olor apestoso que la invadía. Sebo, grasa hirviendo. Me hacía sentir un regusto de manteca cortada que me llenaba la boca. Era preferible pasar la Navidad en cualquier parte menos en esa bóveda, pero reconozco que la invitación de tía Ingrid me había intrigado. Sobre todo por sus palabras. “Muy pronto, Nicky tendrá que encargarse de todo”.
Y así fue que lo vi, en medio de la noche. Y comprendí entonces.
Hubo en el cielo un chisporroteo de cristal encendido, hubo una música de trompetas que estalló en aquel rincón de Santos Lugares, hubo una nube resplandeciente de la que emergió el trineo de tío Nicolás. Aterrizó al lado del viejo limonero, igual que los platos voladores de las pelis. Noté que los renos estaban muertos de agotamiento, con la lengua afuera y sudando como caballos.
—Lección primera, Nicky —dijo, apeándose, tío Nicolás—: entre un reparto y otro…, ¡hacete un tiempo para festejar con la familia!