la muerte y odiseo
En la corte del Olimpo, el Amor reía ante la Muerte, porque era desagradable, porque no podía ayudarle ya que ella nunca había hecho nada que valga la pena y el Amor sí.
Y la Muerte odiaba ser motivo de risas, y solía apartarse para pensar en sus defectos y en como podía hacer para poner fin a este intolerable tratamiento.
Pero un día la Muerte apareció en la corte con cierto aire. Y todos los demás lo notaron.
—¿Qué es lo que te traes ahora? —preguntó el Amor.
Y la Muerte con cierta solemnidad, le dijo:
—Voy a asustar a Odiseo —y enarbolándose con su capa gris de viajero, salió a través de la puerta con rumbo a la Tierra.
Y ni bien llegó a Itaca y al vestíbulo que Atena conocía, y abrió la puerta, vio al famoso Odiseo, con sus blancos mechones colgando cerca del fuego, tratando de calentar sus manos.
Y el viento que penetró por la puerta abierta resopló sobre Odiseo.
Y la Muerte se puso frente a él y de repente gritó.
Y Odiseo volvió a calentarse sus pálidas manos.
Entonces, la Muerte se acercó más y comenzó a vociferar. Y luego de un rato, Odiseo se volvió y dijo:
—Bueno, viejo lacayo, ¿han sido buenos contigo tus amos desde que te hice trabajar en Ilión?
Y la Muerte, por un momento se quedó enmudecida, y recordó la risa del Amor.
—Ven —dijo Odiseo—, dame tu hombro —luego de lo que se reclinó pesadamente en tal huesuda coyuntura, y ambos pasaron juntos a través de la puerta abierta.