País Relato - Autores

lluís viñas marcus

bruja

La bruja penetró en el piso estrecho y extendió un manto de oscuridad sobre la oscuridad. Los dedos oscilaban en la negrura como largas pértigas y en los ojos dos manchas iridiscentes reflejaban algo arcano, un destello antiguo. En el silencio de la casa aquietada los largos harapos de la bruja cubrían el vacío dejando un rastro de telarañas viscosas. Tras vagar por entre las penumbras del comedor flotó hasta la habitación del hombre y la mujer. Un colchón sobre el suelo agrietado, una frazada deshilada abrigaba al matrimonio que soñaba tardes tibias. La bruja hizo danzar los dedos y de la hendidura negra de su boca surgieron vocablos aprendidos en el primer desierto de los hombres. El conjuro se condensó y el corazón del hombre estalló descompuesto en mil pétalos rojos. La mujer boqueó como un pez robado a la mar, abriendo los ojos que encontraron un espejo de noche cerrada. Hecho esto, la bruja se deslizó a la siguiente minúscula pieza de paredes desnudas. Una cajita que contenía una pequeña figura. La bruja se encorvó cubriendo con sombra de cuervo a la niña, helándola. Al fin las yemas de piedra tocaron el cuerpo caliente, lo más preciado, el tesoro, la vida. Alzó el cuerpo y, tras olisquearla un instante, sorbiendo el rocío de la pureza, la envolvió en tinieblas. La bruja escapó, dejando un rastro invisible de cristales fríos.