Alicia solía darse, por lo general, muy buenos consejos (pero rara vez los seguía), y a veces se regañaba tan severamente que se le saltaban las lágrimas; se acordaba incluso de unas buenas bofetadas que se dio ella misma por haber hecho trampas jugando al croquet consigo misma.
FIN
Alicia en el país de las maravillas, 1865