lewis carroll
a tal paloEl tábano que pica a los caballitos-de-madera también está todo hecho de madera y se mueve por ahí, balanceándose de rama en rama. Vive de savia y serrín.
carrera en comité—La mejor manera de secarnos sería una carrera en comité. —¿Qué es eso de una carrera en comité —preguntó Alicia, no porque tuviera muchas ganas de saberlo, sino porque el Dodo había hecho una pau
como al principioAlicia se puso de puntillas y miró por encima del borde de un hongo: sus ojos se toparon con los de una oruga azul, que la observaba imperturbable, sentada en el centro, con los brazos cruzados, f
consejosAlicia solía darse, por lo general, muy buenos consejos (pero rara vez los seguía), y a veces se regañaba tan severamente que se le saltaban las lágrimas; se acordaba incluso de unas buenas bofeta
el bosque donde las cosas pierden el nombreMientras se adentraba bajo los árboles, tras haber pasado el lindero del bosque, Alicia se dijo: “Después de tanto calor, vale la pena entrar aquí en este… en este… ¿en este qué?”, repetía sorpren
el mensajero—Mira por el camino y dime, ¿alcanzas a ver a alguno de los dos mensajeros? —pidió el rey. —No… a nadie —declaró Alicia. —¡Cómo me gustaría a mí tener tanta vista —exclamó quejumbroso el rey—. ¡Se
el sueño del rey iiEl rey roncaba sonoramente. Llevaba puesto un gran gorro de dormir con una borla en la punta y formaba como un bulto desordenado. —Ahora está soñando —señaló Tarará—; y ¿a que no sabes lo que está
el unicornioLa vista del unicornio se topó con Alicia; se volvió en el acto y se quedó ahí pasmado durante algún rato, mirándola con un aire de profunda repugnancia. —¿Qué… es… esto? —dijo al fin. —Esto es un
en la casa del espejoEn la casa del espejo, los libros se parecen a los nuestros, pero tienen las palabras escritas al revés. Lo sé porque una vez levanté uno de los nuestros ante el espejo y entonces los del otro cua
lo que la tortuga le dijo a aquilesAquiles dio alcance a la Tortuga y tomó asiento en su caparazón. —Ha llegado el final de nuestra carrera —dijo la Tortuga—, y ello a pesar de que se componía de una serie infinita de distancias. T
lógica—¿Cómo sabes que estás loco? —preguntó Alicia. —Para empezar —repuso el gato—, los perros no están locos. ¿De acuerdo? —Supongo que no —dijo Alicia. —Bueno, pues, entonces —continuó el gato—, obse
lógica ii—¿Me podrías indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí? —Eso depende de a dónde quieras llegar —contestó el Gato. —A mí no me importa demasiado a dónde… —empezó a explicar Alicia. —E
moverse del lado del espejo—Iré al encuentro de la reina —dijo Alicia, porque aunque hablar con una rosa tenía su interés, le pareció que más le traería conversar con una auténtica reina. —Así no lo lograrás nunca —le señal
restaLa reina roja le dijo a Alicia: —Prueba a hacer esta resta: quítale un hueso a un perro, ¿qué queda? Alicia consideró el problema: —Desde luego, el hueso no va a quedar si se lo quito al perro… pe
tratar con el tiempo—Con toda seguridad, ¡ni siquiera habrás hablado con el Tiempo! —Puede que no —contestó Alicia con cautela—. Pero sí sé —añadió esperanzada— que en las lecciones de música marco el tiempo a palmad
volver sin nombreSería conveniente volver a casa sin nombre: si, por ejemplo, tu niñera te quisiese llamar para que estudiaras la lección, no podría decir más que “¡Ven aquí…!”, y ahí se quedaría cortada, porque n