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Libros de josefina palacios

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josefina palacios

amapola en el camino

Mi infancia ha crecido como la mies, acariciada y mecida por el viento.
He jugado a equilibrista, atravesando un pozo de un extremo a otro sobre un tablón de 20 centímetros. Mi padre, en la otra punta de la finca, gritaba desesperadamente, intentando en vano que yo dejara de caminar. Por la noche aún le dolía el costado izquierdo y me acariciaba conmovido de tenerme en su regazo. Se había tragado mi caída.
He sido como una amapola que crecía en las orillas de los caminos y no la pisaban los caminantes. Como aquel día que el caballo del Chato pasó por encima de mí; su galope desbocado y el pelo gris de su vientre quedó grabado en mi memoria.
Dolor y perplejidad, la de aquella tarde que la yegua Campanera casi le come la mano a mi hermana cuando, en realidad, lo que quería comerse era su bocadillo.
También he sido amontonadora de mies. Toda la familia salíamos de madrugada a recomponer las gavillas que la segadora había dejado esparcidas por el campo y era preciso amontonar, para que la lluvia no mojara las espigas, ni los pájaros se comieran los granos.
Cocinera de comida de patos, mi hermana y yo salíamos al amanecer a coger caracolas para alimentar a los patos que mi madre tenía en el patio junto a gallinas, conejos y lechones, con los que llenar la despensa. A las caracolas las sorprendíamos en los meses Julio y Agosto, antes de que saliera el sol, después con una piedra las triturábamos y las convertíamos en comida que los patos devoraban al instante.
Escuchadora de historias contadas por mi hermana. A cambio, yo tenía que acompañarla a la cuadra a hacer sus necesidades. Esto no me gustaba nada, pero escucharla me encandilaba.