transfiguración
La Ciudad de México amaneció envuelta en niebla. La multitud se reunió ante el quemadero de San Diego, en un extremo de la Alameda. La leña verde esperaba a Miguel Pérez Maza, cacique de Cuecoxtla, nigromante, mantenedor de los cultos gentiles que el Santo Oficio persigue en defensa de la única y verdadera fe.
En su celda del palacio de la Inquisición el hechicero aguardaba tranquilamente la hora del martirio. No renegaría de sus dioses aunque en el último momento le ofrecieran la muerte por garrote vil a cambio del dolor intolerable de ser quemado vivo.
Cuatro veces rechazó al confesor, y los padres dominicos vieron en su contumacia la señal inequívoca de que el indio estaba poseído por el demonio, a quien aún no lograban desterrar del Nuevo Mundo.
El gran inquisidor Luis de Pineda contemplaba por la ventana la plaza de Santo Domingo y se disponía a desayunarse a la usanza de estas tierras. Como todas las mañanas su joven sierva indígena entró con el chocolate espumoso y humeante y el pan dulce recién salido del horno. Luis de Pineda acabó con las primeras raciones y pidió más. Estaba de buen humor. Espectáculos como el que se disponía a presidir ya era tan raros que celebrarlos constituía un motivo de exaltación.
Cuentan las crónicas que un hecho extraño sucedió durante el auto de fe: una vez que se hubo negado a reconciliarse para ser muerto por garrote y que sólo su cadáver fuera consumido por las llamas, el nigromante, a quien el humo asfixiaba y que ya sentía el tormento de las primeras quemaduras, juró ser no Miguel Pérez Maza sino el gran inquisidor Luis de Pineda, a quien injustamente atormentaban pues había sido víctima de una maniobra infernal. Sin embargo el hechicero clamaba con su misma voz y acento de aborigen, y el gran inquisidor estaba allí mismo en San Diego, observando la tortura y muerte del cacique con la sonrisa de un hombre que cumple su deber.
Murió el brujo en la hoguera gritando de dolor. Y lo más sorprendente del caso fue que Pineda desapareció esa misma tarde con su sierva indígena y nunca más volvió a saberse de ellos.