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gara nix

sepulcro

Desperté en la habitación con el aire denso y escaso. Mi corazón se aceleró al intentar moverme y ver que no había espacio. ¡Qué cerca estaban las paredes! Tenía una sensación extraña, como de ingravidez. El olor a flores y tierra mojada me inundaba los sentidos. La madera rugosa rozaba mis dedos, y entonces lo comprendí. El pánico me inundó al golpear la tapa sobre mí, sintiendo cómo la tierra fría se filtraba por las grietas y se acumulaba en mis manos, mi pecho y mi rostro.
Grité hasta quedarme sin voz, pero el silencio era absoluto. Cada respiración era un esfuerzo titánico, el aire cada vez más enrarecido, más escaso. El polvo y la arena me cubrían mientras mi mente luchaba por aceptar lo inevitable.
Mi corazón retumbaba en mis oídos, el sonido de la muerte se acercaba. No había escape; los pulmones me ardían, las lágrimas se mezclaban con la suciedad en mi cara.
Y entonces, el silencio.
El último suspiro se desvaneció en la oscuridad. La tierra me abrazó y supe que ya no estaba solo.