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Libros de eva gil soriano

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eva gil soriano

solo tú

La presión que había sufrido a lo largo de los años estaba acabando con él. Se sentía mareado y la acidez del estómago lo estaba quemando por dentro. Se encontraba en la puerta de la iglesia a escasos minutos de casarse con una chica maravillosa de la cual no estaba enamorado.
A su alrededor, los padres de Ricardo reían emocionados y charlaban con los invitados que esperaban afuera para ver la llegada de la novia. Dori era la chica perfecta para ellos, se la presentaron hacía un año, ambos congeniaron de inmediato y empezaron a salir.
Ric era el heredero del Grupo Serio, a la que pertenecía más de treinta empresas desde marcas de ropa hasta la fabricación de material de oficina. Sus padres esperaban mucho de él, tal vez demasiado, pensó mientras se tocaba el estómago queriendo mitigar el dolor que sentía.
Según ellos tenía que realizar un matrimonio ventajoso y evitar cualquier tipo de escándalo social, así había crecido hasta llegar a sus veintisiete años. Cada paso que daba estaba bien estudiado y cada error cometido era fustigado. La presión familiar, laboral y social lo estaba matando poco a poco y, seguramente, este momento era su límite.
Lucas le había abandonado hacía varios meses. Le conoció en la universidad cuando ambos estudiaban empresariales. Se hicieron buenos amigos de inmediato, no obstante, él colocó un muro entre los dos porque sabía que nunca podrían estar juntos, sus padres no lo aprobarían, su círculo social tampoco… No podía defraudar a nadie, así lo habían educado. Sin embargo, Lucas no se dio por vencido, entendiendo la situación de Ric, se mantuvo a su lado como un amigo, paciente y cada vez más enamorado, un amor que no tardó demasiado en alcanzarlo y sucedió lo inevitable.
Hacía tres años que mantenían su relación en secreto. Lucas era consciente de la presión a la que estaba sometido Ric y aguantó hasta que llegó Dori.
A su mente llegaron las imágenes y la pelea que tuvo con Lucas aquel día y en el que ya no había vuelto a saber nada más de él.
—¿Cuándo pensabas decirme que salías con una chica? —le reprochó Lucas que había visto la foto de ambos en la prensa del corazón, donde de vez en cuando los periodistas rosas se inmiscuían.
—Sabía que te enfadarías y…
—Pues claro que estoy enfadado.
—Me la presentaron mis padres y esperaban que saliera con ella.
—¿Cuándo piensas dejar de hacer lo que tus padres esperan?
—No lo entiendes.
—Es verdad, no lo entiendo. Te he querido desde el mismo día en que te conocí, fui comprensivo porque aún no habías salido del armario. Pensaba que en cualquier momento te armarías de valor y hablarías con tus padres, que les hablarías de mí. ¡Qué iluso fui!
—Tenía intención de hacerlo, pero cuando me presentaron a Dori, estaban tan esperanzados que no pude decepcionarlos.
—Eres un cobarde y está claro que no me quieres lo suficiente.
—Eres lo que más amo en este mundo y no voy a renunciar a ti.
—Entonces deja a esa chica y quédate conmigo.
—Lucas…verás… ellos… —Ric no sabía cómo darle la noticia. Vaciló, se pasó la mano por el pelo pulcramente cortado y peinado. Respiró hondo y cogió valor—. Están preparando la boda.
—¿Qué? —soltó sin dar crédito a lo que acababa de oír—. ¿Vas a casarte con ella?
—Sí.
—¿Y yo? ¿Qué planes tenías para mí? ¿Qué siga siendo tu amante en secreto, que solo pueda robarte un par de horas cada semana para follar y ya está?
—No lo digas así, yo te quiero, lo sabes. —Ric alzó la mano para acariciarle la mejilla, pero Lucas la apartó de un manotazo.
—Lo siento, pero mi paciencia ya llegó a su límite. No seré tu amante si eres el de ella.
—Nunca me he acostado con ella.
—Pues pobre mujer, la compadezco por casarse con un tío como tú.
—Lucas.
—Se acabó, Ric. He soñado durante demasiado tiempo con que algún día podría pasear contigo por la calle cogidos de la mano, que no tendría que besarte a escondidas en un rincón oscuro. Que podríamos ir a cenar o al cine como una pareja normal.
—Lucas, por favor…
—Que algún día te dirigirías al mundo siendo tú mismo y no una sombra de lo que eres en realidad. Pero solo ha sido un sueño y me acabo de despertar.
—Dame un poco más de tiempo.
—Te he dado años, ya es suficiente. —Lucas se alejó de él y se dirigió hacia la puerta del apartamento que Ric tenía alquilado para sus citas clandestinas. Antes de marcharse, se dio la vuelta y lo miró con una sonrisa triste—. Vales mucho Ric, por lo que eres y no por lo que se espera de ti. Y tienes tanto amor para ofrecer… Pero de nada sirve que yo te lo diga si tú mismo no lo crees así. Adiós.
Y ahí se acabó todo, recordó Ric en la puerta de la iglesia. Hacía seis meses que le había pedido un poco más de tiempo para hablar con sus padres, para contarles todo, pero Lucas no se lo había dado así que siguió adelante con esta farsa de boda. Qué más daba si ya no tenía a Lucas a su lado, si ya lo había perdido para siempre.
En ese momento llegó la novia, sus padres tiraron de él para que entrara en la iglesia, pero Ric no pudo moverse, tenía que verla.
La chica salió del coche ayudada por Juan, su padre y futuro suegro, que le tendió la mano con gentiliza y elegancia. Dori llevaba un vestido blanco sin adornos, el escote en forma de barca estilizaba su hermoso cuello, llevaba una gargantilla fina engarzada con pequeños diamantes. Su rostro era perfecto, con forma ovalada, labios carnosos pero estilizados y su sonrisa… su sonrisa tumbaría a cualquier hombre a metros de distancia, hombres heteros, pensó con pesar. Se había arreglado el pelo, castaño con tonos dorados, en un recogido informal que contrastaba con la elegancia del vestido y dejaban ver los pendientes con diamantes a juego con la gargantilla, regalo de la futura suegra, por cierto.
Sus ojos del color del otoño se habían fijado en él y la sonrisa se hizo más amplia. Dori era una mujer muy guapa además de inteligente, elegante, educada… Era una mujer que se merecía el amor pasional y desmedido de un hombre y no el fraternal de él. Durante todo el tiempo que salieron juntos nunca le reprochó que no la tocara, tan solo algún beso cada vez que se veían. Seguramente estaría soñando con una noche de bodas romántica y amorosa, donde al fin sus cuerpos se fusionarían en uno solo. Sin embargo, cuando él pensaba en eso solo el rostro de Lucas aparecía en su mente. ¡Dios mío! ¿Pero qué estaba haciendo? Dori no se merecía un hombre como él, jamás la haría feliz. Él siempre pensó en su condena, pero ¿y la de ella? ¿También la iba a arrastrar en un falso matrimonio sin amor, al menos por su parte?
Lucas ya no estaba con él y aunque lo que estaba pensado hacer ya no sirviera de nada para recuperarle, no podía sentenciar a Dori, no se lo merecía.
Ric se zafó del agarre de su madre y fue hasta la novia.
—Deberías esperar en la iglesia —le espetó Juan con su hija colgada del brazo.
Él lo ignoró y se dirigió únicamente a Dori.
—Tengo que hablar contigo —dijo ofreciéndole su mano.
—No has tenido tiempo que has esperado hasta ahora. ¿Vas a humillarme dejándome en la puerta de la iglesia? —le preguntó enfadándose a cada segundo a la vez que sus ojos empezaban a volverse acuosos.
—Lejos de mi intención está el humillarte.
—¡Ya basta! ¡Entra en la iglesia! —explotó Juan que se negaba a soltar a su hija.
—Es importante, Dori. Por favor, hablemos y si después de contarte lo que tengo que decirte todavía quieres casarte, lo hacemos.
Dori miró a su novio, estaba mucho más serio de lo habitual. No podía seguir adelante con la boda sin saber qué era lo que tenía que decirle. Desvió su mirada al padre que tanto la quería y le dijo:
—Está bien, papá. Ahora vengo. —Tomó la mano de Ric y se abrieron paso entre los invitados hasta una esquina de la iglesia donde no pudieran ser escuchados.
—Dori —comenzó diciendo mientras tomaba las dos manos de ella entre las suyas—, no puedo casarme contigo. Te he mentido, a ti y a todos. Me he mentido a mí mismo.
—¿Hay otra mujer? ¿Por eso nunca me has tocado?
—No, no hay otra mujer. Verás… esto es muy difícil para mí. He vivido presionado por mis padres toda la vida.
—Yo también y no espero a última hora para decir las cosas. Esto no se hace, Ric.
—Es cierto, tienes razón, soy un cobarde, Dori. Yo… yo…
—Dilo de una vez.
—Soy gay.
—Oh, Dios mío.
Ric cerró los ojos y agachó la cabeza incapaz de ver el dolor, que le estaba causando a Dori, reflejado en el rostro.
—Eres una mujer increíble, te mereces a un hombre que te ame con todo su corazón, que anhele tocarte y acariciarte. Que se entregue a ti con pasión. Te mereces todo eso y más y yo, no he sido sincero contigo, lo siento muchísimo. Siento haber llegado hasta aquí sin contarte nada.
Las lágrimas rodaron por las mejillas blancas de Ric. Fue tal la congoja y el dolor que vio en la cara de su novio, que Dori se apiadó de él.
—Al menos has tenido el valor de no casarte conmigo. —Le limpió los ríos salados que surcaban su rostro con la dulzura de sus manos—. No llores, Ric. Entiendo que contar esto es muy difícil y más en nuestro entorno donde la prensa y la sociedad cuestiona todo lo que hacemos—. Sonrió levemente—. Y yo pensando que era poco atractiva para ti y que tal vez no te despertaba nada.
Ric levantó la vista y la miró. Entre lágrimas pudo sonreír también.
—Eres un bombonazo, Dori, que nadie te diga lo contrario. ¿Crees que no veía las miradas que los tíos te lanzaban cuando íbamos a una fiesta?
—Gracias. En fin… hasta aquí hemos llegado.
—He liado una buena ¿eh?
—La prensa rosa se dará un festín contigo.
—Y mis padres me matarán.
—Y también los míos.
Dieron media vuelta dispuestos a volver y explicar la situación a sus respectivos padres.
—Una mujer no, pero… ¿hay un hombre?
—Había un chico, pero me dejó cuando tú y yo empezamos en serio. Hace mucho de eso, ya no hay esperanza, pero sí para ti por eso no podía hacerte esto. —Le dio un beso en la frente—. ¿Te he dicho ya que eres maravillosa?
Ella no tuvo tiempo de contestar pues los cuatro progenitores ya estaban sobre ellos.
—Explícame que está pasando, Ricardo —exigió Raquel, su madre.
—Hablaremos en casa —le contestó él.
—¿Habéis cancelado la boda?
—Sí.
—Te ordeno que entres ahí dentro y te cases —espetó su padre.
—Disculpe, Roberto —intervino Dori—. Yo no pienso casarme con su hijo.
—¿Te has vuelto loca, niña ? —intervino Juan—. Todos nuestros amigos y familiares, la prensa… todos están aquí.
—Como ha dicho Ric, hablaremos en casa.
—¡Eres un desagradecido! —exclamó Roberto a su hijo cuando Dori ya se alejaba con sus padres.
—Papá no armemos un escándalo aquí.
—¿Ahora te preocupa el escándalo? Tú lo has provocado —comentó su Raquel.
Por encima de la cabeza de la mujer que le gritaba vio una figura que trataba de empinarse y ojear lo que estaba pasando. Su metro sesenta y cinco le impedía ver con claridad, pensó Ric sonriendo. Tomó a su madre por los hombros y la apartó con suavidad para abrirse camino hasta él.
Lucas no podía creer lo que estaba ocurriendo. Por lo que murmuraba la gente, la boda se había cancelado. No pensaba asistir, pero le había sido imposible quedarse en casa sin saber si Ric sería capaz de llevar a cabo toda la ceremonia y casarse. Había planeado ocultarse tras una columna y ver qué pasaba, sin embargo, no había sido necesario. Todo había acabado antes de empezar.
De pronto, advirtió entre el gentío que el hombre al que amaba caminaba decidido hacia él, sin vacilaciones, esquivando a quién le paraba para preguntarle. El nudo que había sentido en su estómago todo el tiempo se transformó en un aleteo de mariposas que recorrieron su cuerpo. No había podido olvidarlo en estos seis meses que habían estado separados. No fue la falta de amor el culpable de mantenerlos así sino el amor incondicional de Ric por todas las personas que le importaban. Pero había que decidir, debía elegir un bando y al fin lo había hecho.
Ric no aparto sus ojos claros de los oscuros de él, decorados con una pulcra línea negra que le caracterizaba y que hacía que sus ojos se vieran más grandes y profundos de lo que ya eran. Se plantó a escasos centímetros uno del otro y durante un par de segundos permanecieron así. Entonces, Ric alzó sus manos y enmarcó el rostro de Lucas para apoderarse de su boca sin piedad.
El mundo desapareció a su alrededor, no escucharos los gritos de sorpresa de la gente al verlos besarse, ni se dieron cuenta de los flashes de la prensa rosa que se estaban dando un festín con la noticia. Ni tampoco se percataron de los ojos desmesurados de Roberto y Raquel que no podían apartar la mirada de su hijo.
Bebió de sus labios durante largo rato, después se permitió perderse en la profundidad de su mirada. Le pasó la mano por el pelo ondulado y descuidado de Lucas.
—Te lo estás dejando largo —comentó.
—No, es solo que no tuve ganas de arreglármelo.
—No esperaba volver a verte y menos aquí.
—Quería comprobar si eras capaz de cometer semejante estupidez.
—Lo siento. ¿Podrás perdonarme?
—¿El beso de antes no te lo ha demostrado?
—¡Ricardo! —lo llamó Roberto a su espalada.
—Papá, este es Lucas —le dijo girándose hacia él.
—Ric, hablaremos en casa de todo esto —intervino su madre al lado.
Por primera vez, Ric estuchó la voz de su madre sosegada, triste pero calmada, muy calmada dada las circunstancias. Y supo que una vez hablara con ellos, todo iría mejor. Pero lo primero era lo primero.
—Mamá, lo hablaremos esta noche.
Tomó a Lucas de la mano y tiró de él para llevarlo hasta la limusina que lo había llevado hasta la iglesia.
—Me encanta cuando te pones posesivo —le susurró Lucas al oído una vez en el coche.
Como respuesta, Ric lo besó de nuevo con pasión, devoró su boca al tiempo que sus manos vagaban por su cuerpo hasta llegar a su entrepierna. Lo sintió empalmado y no pudo resistirse a acariciarlo por encima de los pantalones.
El deseo de Lucas, se encendido nada más verle y alcanzó límites insospechados.
—Para o me correrás en el coche.
Ric dejó de tocarle, pero no de besarle. Era algo que no podía hacer, lo deseaba tanto y tenía miedo de que, si paraba, Lucas desapareciera de entre sus brazos como al despertar de un bonito sueño.
Poco después se encontraron frente al edificio de apartamentos al que solían acudir ambos cuando estaban juntos.
—¿Aún tienes este piso?
—Aunque sabía que era imposible que volvieras, nunca perdí la esperanza.
—Todo estaba en tus manos, ya lo ves.
Nada más entrar por la puerta, Ric tomó a Lucas por la cintura y lo estampó contra la pared mientras lo besaba en la boca, después bajo por su cuello mordisqueando la piel suave. La diferencia de estatura, unos veinte centímetros, le permitía tomar el control con más facilidad. Someterlo a su pasión. Sin embargo, Lucas no estaba dispuesto a ser el sumiso en aquel remolino de fuego incontrolado. Desabrochó sus pantalones e introdujo la mano dentro para tomarlo entre sus dedos.
—Joder, Lucas —maldijo junto a su cuello.
—Yo también te deseo.
—Déjame metértela, déjame, Lucas.
La súplica de Ric lo conmovió, dejó de torturarlo y entrelazó sus dedos con su cabello bien peinado hasta alborotarlo. Cómo iba a negarle algo en esas condiciones. Era consciente de su sufrimiento. Él no había sentido esa presión por parte de su entorno, pero podía entender perfectamente el miedo que se sentía a contar tu verdad.
Ric lo levantó por las axilas y Lucas se aferró a su cintura con las piernas. Lo llevó hasta la cama sin dejar de besarlo. Lo tumbó y se quedó mirándolo mientras se despojaba de toda su ropa. Lucas también se desnudó, flexionó sus rodillas y levantó las caderas invitándolo a entrar en él.
Lucas lo volvía loco, pensó Ric. Cómo había podido pensar que era posible vivir sin él. Lucas era todo cuánto deseaba en su vida, Lucas lo completaba todo. Nunca permitiría perderlo de nuevo, no se alejaría de él ni le dejaría alejarse.
Sacó el lubricante que guardaba en el cajón de la mesita y estimuló a su amante al tiempo que dejaba una hilera de besos por su pecho. Hacía demasiado tiempo que no estaban juntos.
—Ric, hace mucho que no tengo sexo. Seis meses exactamente. ¿Y tú? ¿Estuviste con tu novia?
—No, mi cuerpo solo te quiere a ti, solo te reconoce a ti. Nadie más ha tocado mi alma, solo tú, solo tú.
Tras aquella declaración lo penetró profundamente, siguió con sus embestidas suaves al principio y fuertes después. Sin poder dejar de tocarlo con las manos. Lucas se estremecía, se retorcía deseando la liberación. Rodaron por la cama, cambiando de posiciones para después volver a rodar y acabar donde antes. La yema de los dedos, abrasaban cada centímetro de su piel, allá por donde pasaba. Y sin más dilación Ric llegó a la liberación arrastrando a Lucas con él en el éxtasis.
Exhaustos se quedaron abrazos entre las sábanas revueltas. Ric cerró los ojos y aspiró el aroma de su amante, dulce, sensual. Lo amaba tanto, qué estúpido había sido y que suerte había tenido de recuperarlo. Debió de elegirlo desde un principio. Que idiota había sido.
—Te quiero, Lucas.
—Lo sé. Y yo a ti, Ric.
—Gracias por perdonarme y seguir queriéndome.
—Gracias a ti por darte cuenta a tiempo.
Los dos se quedaron mirándose a los ojos, unos ojos que rápidamente volvieron a encenderse de pasión, el miembro de Ric palpitaba de nuevo y Lucas lo miró halagado y satisfecho por lo que lograba de él.
—Como ves, estoy dispuesto a otra ronda.
—¿Me dejarás mandar a mí?
—Manda lo que quieras.
Y así volvieron a rodar por la cama. No pararían hasta saciarse el uno del otro. Tenían que recuperar todo el tiempo perdido, pensó Ric y ya resolvería el problema con sus padres, la prensa y la sociedad. Ahora solo Lucas importaba y solo él.